Una clienta se prueba unos pendientes en la tienda Chureca Chic, en Managua. En vídeo, la presentación del café social. INTI OCON AFP

Crecieron en los alrededores del basurero municipal La Chureca a las afueras de Managua cuando aún era un gigantesco vertedero a cielo abierto en la periferia de Managua, pero una iniciativa de cooperación internacional para impulsar a las mujeres sin recursos cambió su vida con la creación de un taller de artesanía. En tan sólo nueve años de vida, la marca Chureca Chic ha logrado que los complementos que elaboran a mano con deshechos lleguen a las pasarelas mundiales.

La iniciativa partió de la cooperante suiza Andrea Paltzer, directora del programa Earth Education Project (EEP), que busca cambiar con capacitación laboral y formación psicosocial de mujeres de entre 17 a 45 años. La imagen que vio en aquel basurero le impresionó. Cientos de personas vivían de clasificar deshecho en ese basurero en infrahumanas y mujeres que estaban tan marginadas que ni siquiera sabían subir a un autobús para ir a otra zona de la ciudad. Eso tenía que cambiar. El taller que posteriormente dio paso a la compañía fue la forma de lograrlo.

Decidieron que el nombre de la marca fuera el del basurero. Al comienzo hubo resistencia porque las mujeres decían que era feo. Pero “ese era el propósito”, dice Paltzer, “hacer un choque, porque una comunidad que estaba abandonada y aislada si tiene acceso y oportunidad puede cambiar las cosas”. La firma, que fue lanzada en julio de 2013 y unos meses más tarde hizo su debut en la London Fashion Week, ha seguido exhibiéndose en pasarelas y ferias en Nicaragua y se vende, además, en Nueva York, Barcelona, Costa Rica, Panamá y próximamente en Guatemala.

Marisela Ruiz, de 23 años, cose una mochila para Chureca Chic, en Managua.
Marisela Ruiz, de 23 años, cose una mochila para Chureca Chic, en Managua. INTI OCON AFP

Paltzer, creativa de Chureca Chic, tuvo que aprender sobre moda e investiga las nuevas tendencias del mercado. “La calidad y el diseño son importantes porque creamos prendas que duran, no se van a deshacer en un año porque la idea es crear cosas que no se vuelvan a hacer basura”. El proceso para hacer collares, pulseras, aretes, bufandas, llaveros, accesorios para el cabello o bolsos con detalles únicos es completamente manual y el material empleado son desechos de tela, papel y cuero que donan empresas o pequeños talleres de calzado y vestido.

La confección de un collar de varias vueltas puede emplear de dos a tres meses. “Ese es el valor (agregado) que nosotras le damos y hace que las prendas adquieran un precio en el mercado”, cuenta a AFP, Marisela Ruiz, de 23 años, quien asegura que el trabajo en el taller le cambió la vida “porque antes solo cuidaba a mis hijos”. Su precio de venta puede rondar los US$180. En este periodo de apenas nueve años, la marca se trasladó del centro del vertedero a un sector muy de moda y turístico del suroeste de Managua, cuenta con una tienda café y genera ingresos mensuales de 4.000 dólares, pero sobre todo ha impulsado la vida de decenas de mujeres.

Un grupo de mujeres nicaragüenses que crecieron junto a un basurero fabrica joyas que se venden en Managua, Nueva York, Barcelona, Costa Rica, Panamá y próximamente en Guatemala

AFP

Fuente: EL PAÍS

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