Clarín siguió el partido con hinchas de los dos equipos y turistas que quisieron ser testigos de la pasión argentina.

Emociones, decepción y festejos: así se vivió la final entre River y Boca e...

Un distribuidor de cine noruego, una corresponsal de la televisión francesa, tres amigas porteñas, el casero de un chalet palermitano que se tomó un descanso y un adulto inglés con un bebé argentino y xeneize a upa entran a un bar. No es el comienzo de un chiste ni de un cuento. Es el principio de esta tarde de domingo en la que los cuerpos estuvieron en Buenos Aires pero los estados de ánimo acamparon en Madrid porque hasta allí se llevaron -la Conmebol, la FIFA, los clubes y los derechos de televisación- la Súperfinal de la Copa Libertadores que River le acaba de ganar 3 a 1 a Boca.

Hinchas y turistas siguieron al final entre River y Boca en un bar de Palermo
Hinchas y turistas siguieron al final entre River y Boca en un bar de Palermo. (Juan Manuel Foglia)

Ninguno de los que están ahora mismo en el bar pagó -no quiso o no pudo pagar- las decenas de miles de pesos que cotizó el pasaje a la capital española una vez que se fijó que el estadio Santiago Bernabéu albergaría el partido que algunos definieron como el más importante de la historia del fútbol argentino. Nadie aquí quiso o pudo pagar los más de 3.000 pesos que costaba entrar a la cancha del Real Madrid. Ni las noches de hotel, la comida y la bufanda -una forma europea de vivir el fútbol- que es mitad roja y blanca y mitad azul y oro y que servirá de souvenir para quien haya viajado y de dato antropológico para quienes lean sobre este partido dentro de algunas décadas.

Hinchas y turistas siguieron al final entre River y Boca en un bar de Palermo
Hinchas y turistas siguieron al final entre River y Boca en un bar de Palermo. (Juan Manuel Foglia)

Nadie aquí pide una clara, que mezcla cerveza, gaseosa y un poco de limón y que se sirve en cualquier bar madrileño dispuesto a sacarles el calor y una sonrisa a sus parroquianos. Nadie pide una clara en este bar de Palermo porque, aunque hay 23 variedades de cerveza artesanal a entre 70 y 150 pesos el medio litro -según la sujeción al happy hour-, esto no es Madrid. El partido de vuelta de la Final de la Copa Libertadores está a un poco más de 10.000 kilómetros de distancia del Estadio Monumental, en el que estuvo a punto de jugarse dos veces y en el que se suspendió dos veces.

Pero durante los noventa minutos reglamentarios y el tiempo suplementario que definieron este partido, los hinchas de Boca y de River, los neutrales que -contaron a Clarín– se arrimaron hasta el bar “para disfrutar del espectáculo deportivo” y los turistas que se entusiasmaron con la idea de hacer una excursión al clima futbolístico argentino intentaron acortar distancias a los gritos frente a las pantallas de los televisores del bar.

Ver un partido de fútbol en un bar tiene reglas, aunque no estén escritas. Se circula rápido y con la vista concentrada en no tirar ninguno de los vasos transportados. Se circula con la cabeza gacha para no interrumpir la visión de ninguno de los presentes. Toda la concentración puesta en circular rápido y sin molestar a nadie se suspende cuando los ojos se encuentran con la pantalla del televisor. Se bebe casi todo el tiempo. La comida que, por cuestiones de concentración, requiere ser mirada para ser ingerida -una hamburguesa, digamos- se come cuando cobran tiro libre o córner. Las papas fritas, todo el tiempo. El trabajo de acercarse a la barra a comprar la próxima cerveza es rotativo. Es de buena persona avisarle al amigo o la amiga que está en el baño que el segundo tiempo o el tiempo suplementario está a punto de reanudarse. Hay que aceptar el momento en el que las expectativas chocan con la realidad: lo que se suponía que era una banqueta para una persona puede terminar siendo la mesa en la que se apoya el maní, las papas y la cerveza de cuatro. El bar se llena porque a mucha gente al mismo tiempo le parece que lo importante, lo único importante, es mirar Madrid por televisión.

Hinchas y turistas siguieron al final entre River y Boca en un bar de Palermo
Hinchas y turistas siguieron al final entre River y Boca en un bar de Palermo. (Juan Manuel Foglia)

“Me dio mucha tristeza que no pudiéramos jugar en el Monumental. Yo no tenía entrada para verlo ahí. Si hubiera tenido y se lo llevaban a España me infartaba. Me tuvo enojado, pero hoy sentí que había que venir a alentar”, contó Ignacio, con la camiseta millonaria puesta. En la mesa de al lado Franco, hincha de Boca, pronosticaba un 3 a 1 a favor del xeneize justo antes de que el árbitro uruguayo diera comienzo al partido en el Bernabéu. “Vine con amigas a verlo acá porque me gusta la multitud, los gritos, verlo con gente”, dijo.

Hinchas y turistas siguieron al final entre River y Boca en un bar de Palermo
Hinchas y turistas siguieron al final entre River y Boca en un bar de Palermo. (Juan Manuel Foglia)

“Estoy cuidando la casa de mi jefe a pocas cuadras porque él no está. Vinimos un rato con amigos para verlo en grupo grande y tomar una cerveza”, sumó Mariano, de 22 años. Se colgó de la espalda de uno de sus amigos cuando Darío Benedetto hizo el único gol de Boca, el primero de todo el partido. Se colgó y gritó: “Dale Boquita, dale, dale carajo”, y abrazó al mismo amigo cuando Pity Martínez se llevó la pelota al arco vacío de arquero y metió el tercero de River y ya no hubo nada que hacer más que escuchar a los hinchas que en el mismo bar cantaron “¡River Pléi! ¡River Pléi! ¡River Pléi!” hasta que el silbato final del árbitro les hizo cantar “¡Dale campeón, dale campeón!”.

“Es divertido. A mí el fútbol no me gusta ,pero el clima que se vive acá, tan apasionado, es muy atractivo”, sostuvo Kristin. Es noruega y viajó desde ese país con Sven. “Yo sabía que iba a jugarse el partido y nos pareció que verlo en un bar era otra forma de conocer Buenos Aires”, contó él. Cuando Juanfer Quintero hizo el segundo gol de River, Sven miró atento el abrazo-con-saltos-y-gritos de cuatro amigos gallinas. Cuando River hizo el tercero, Sven saltó con ellos y Kristin levantó su vaso de cerveza.

Sven y Kristin son noruegos y disfrutaron el partido entre hinchas de River y
Sven y Kristin son noruegos y disfrutaron el partido entre hinchas de River y Boca. (Juan Manuel Foglia)

Vino un 50% más de gente que un domingo normal”, contó Carolina, una de las dueñas de Desarmadero Bar. Papas fritas, hamburguesas y rabas fue de lo más pedido de esta tarde de domingo. En el supermercado a media cuadra, la entrada y salida de clientes quedó prácticamente suspendida durante todo el partido. De la ventana del bar para afuera el movimiento era prácticamente nulo: lo único que, cada tanto, hacía viajar a los parroquianos de Madrid a Buenos Aires eran los relámpagos y truenos que se acrecentaron con el correr del partido. “Llueve con sol. En cualquier momento sale el arcoiris y el cielo se pone todo apocalíptico, porque hoy no podía ser un día normal”, dijo Santiago en el bar. Es hincha de Lanús, pero esta tarde gritó los goles de River.

Hinchas y turistas siguieron al final entre River y Boca en un bar de Palermo
Hinchas y turistas siguieron al final entre River y Boca en un bar de Palermo. (Juan Manuel Foglia)

“Ya le mandé un mensaje a una amiga gallina para felicitarla”, dijo Candela, gorro de Boca mediante, con resignación. El partido iba 2 a 1. Estaba en la terraza, donde sólo desde dos mesas decidieron ignorar el partido y desde donde al menos unas diez se escuchaban canciones de cancha, aplausos y puteadas. “Perdimos, ya está, que termine porque sólo queda sufrir”, sumó, como si fuera un tango. Desde la planta baja empezaba a escucharse lo de dale campeón, dale campeón.

“Me voy al Obelisco”, dijo Florencia a Clarín. Le temblaban las manos mientras buscaba las llaves del auto en la cartera. Ya había llorado delante del televisor y ya había abrazado a sus dos hermanas. Se iban al centro neurálgico de Buenos Aires. Empezaban a independizarse de Madrid.

Julieta Roffo

Fuente: CLARIN

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Temas: Categorías: Argentina America Titulares

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