Los biólogos Carlos Diez y Robert van Dam celebran los logros del programa que establecieron para proteger y aumentar la población de esta especie de tortuga marina tanto en Mona como en el resto de Puerto Rico

Mona – Hace 27 años, los biólogos Carlos Diez y Robert van Dam prometieron que trabajarían juntos para proteger y aumentar la población del carey en las playas y arrecifes de esta reserva natural.

Diez, puertorriqueño, y Van Dam, holandés, aunaron esfuerzos tras coincidir en México en un proyecto sobre tortugas marinas. Ambos eran estudiantes graduados y habían visitado Mona, pero por separado.

“Decidimos unirnos y hacer algo diferente. Ya había grupos haciendo conteo de nidos en las playas, así que optamos por trabajar en el agua, en los arrecifes, que es donde las tortugas pasan el 99% del tiempo”, contó Diez sobre el origen del Proyecto Carey de Isla de Mona.

“Vimos la oportunidad de hacer un proyecto poblacional y sobre la ecología del carey: cuántos hay, de qué se alimentan y cómo es su ciclo de vida. Todos esos detalles eran muy desconocidos”, agregó Van Dam, tras recordar que la primera embarcación que usaron, tras instalarle un motor, fue una yola que inmigrantes dominicanos dejaron aquí.

“Laboratorio viviente”

Tras cinco semanas de frustración “porque no hallábamos nada”, Diez y Van Dam empezaron a observar careyes en las aguas de Mona. Encontraron lo que aún describen como “un laboratorio viviente en su estado natural”.

Vieron, además, una oportunidad para conseguir fondos y ampliar su proyecto.

Los primeros $5,000 se los dio, en 1992, la Asociación de Concha de Carey de Japón, y con ellos compraron la lancha que aún utilizan y que bautizaron “Taimai” (carey, en japonés). Japón tenía interés en los estudios sobre el carey, pues era el país de mayor demanda comercial, tanto de la carne para consumo como del caparazón para joyería.

“Nuestra recomendación fue y sigue siendo que no es viable comercializar con el carey, porque es una especie que tarda mucho en crecer y llegar a edad reproductiva”, dijo Diez.

Hoy por hoy, el Proyecto Carey es auspiciado por el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales –para el que Diez trabaja–, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. Van Dam está afiliado a la Sociedad Chelonia, una entidad sin fines de lucro que también colabora.

Más nidos

Al repasar sus logros, Diez y Van Dam destacaron, en primer lugar, que la cantidad de nidos se ha multiplicado: de 250 en 1992 a 1,500 el año pasado. El alza también responde a la veda internacional de captura del carey.

Otro logro que resaltaron es el “banco de información” levantado sobre la especie.

A las hembras, por ejemplo, les gusta anidar debajo de la vegetación costera, ponen hasta 150 huevos y pueden hacer hasta tres nidos por temporada. El carey anida durante todo el año, pero en agosto y septiembre es cuando más nidos se reportan.

Las playas de Mona –23 en siete kilómetros– son las más importantes para el anidamiento del carey en todas las jurisdicciones estadounidenses. No hay vehículos todoterreno que destruyan los nidos ni contaminación lumínica que desoriente a los neonatos en su ruta al mar.

La única amenaza para la especie son los cerdos salvajes –introducidos en Mona en la época minera–, pero se han colocado “verjas exclusoras” y trampas para impedir su acceso a las playas y que se coman los huevos, que son “proteína fácil” para ellos.

De los huevos, según los estudios de Diez y Van Dam, eclosionan entre el 78% y 80%, lo que se considera una tasa alta. Cuando El Nuevo Día visitó esta isla la semana pasada, hubo una eclosión en el área de Punta Toro, en la playa Carites.

Diez inspeccionó el nido y asistió a varias tortuguitas a llegar hasta la superficie, ya que las raíces de la vegetación entorpecían la ruta. Luego, se dirigieron al mar.

“Fieles a las playas”

Allí, indicó, el panorama no es muy alentador, pues las estadísticas demuestran que apenas uno de cada mil neonatos sobrevive. Pasan dos años flotando y moviéndose con las corrientes marinas adheridos al sargazo, del que se alimentan. Son presa fácil para múltiples especies.

Al cabo del tiempo, aprenden a sumergir su cabeza y a comer esponjas marinas, pasando así más tiempo en los arrecifes, es decir, cerca de la costa. Ya adultos, entre 17 y 20 años después, se alejan nuevamente para reproducirse, pero las hembras regresan para depositar sus huevos en las mismas playas en que nacieron.

“El sentido de orientación del carey sigue siendo un misterio, pero sabemos que anidan en el mismo sitio en que nacieron. Son bastante fieles a las playas de anidación”, dijo Diez.

Van Dam agregó que han confirmado las “largas distancias” de los careyes. Por ejemplo, una tortuga de 4 años, que marcaron en los arrecifes de Mona, anidó en Panamá 14 años después; posiblemente nació allá, pero vivió aquí muchos años alimentándose. Del mismo modo, careyes hembras nacidas en Mona han sido vistas alimentándose en Nicaragua, Honduras y Bahamas. Los machos, en cambio, suelen quedarse en aguas locales.

Pese a estos logros, el carey sigue clasificado como una especie en peligro de extinción, por lo que está protegido tanto por leyes federales como estatales.

Aspecto humano

“El aspecto humano también ha sido importante en estos años. Hemos adiestrado muchísimos estudiantes, que ahora son profesionales en diversos campos. Otros han hechos sus maestrías a través de nuestro programa y aprendido sobre técnicas de investigación”, afirmó Diez.

De paso, la semana pasada, voluntarios puertorriqueños y uruguayos asistían en el inicio del censo de nidos en las playas de Mona. Permanecerán en la isla por un mes.

Van Dam, por su parte, comentó que países como México, República Dominicana, Bonaire y Panamá han creado iniciativas tomando como modelo la metodología del Proyecto Carey.

Mientras tanto, aunque no hablaron directamente de retirarse, ambos biólogos manifestaron que “pronto” llegará el momento de encontrar a sus sucesores.

“Hay que darle continuidad al proyecto y desarrollar muchas otras áreas. El ciclo de vida del carey es largo y complicado, por lo que el monitoreo debe continuar”, subrayó Diez.

Por Gerardo E. Alvarado León

Fuente: EL NUEVO DIA

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Temas: Categorías: America Puerto Rico

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