Una periodista de Clarín cuenta cómo cambió sus hábitos tras una mala experiencia por llegar tarde.   

Guía de autoayuda para impuntuales

Trabajo como periodista desde los 19 años y, durante mucho tiempo, mi excusa para justificar mi impuntualidad era esta profesión que no sabe de horarios rígidos. Si me tocaba guardia de madrugada e ir a la facultad sin dormir, ¿quién podía reprocharme si llegaba tarde a una cena? Esa agenda desordenada -y mi tendencia a la hiperactividad- se me hizo costumbre hasta que un día puse en peligro mi propio trabajo.

Estaba por viajar a Estados Unidos para hacer una entrevista exclusiva y, después del check-in en el aeropuerto, me “sobraron” 20 minutos. Me pareció tiempo suficiente para ir a comprar unas revistas y volver, pero terminé perdiendo el vuelo.

Aunque logré reprogramarlo y concretar mi nota, tomé conciencia de que había estado a punto de arruinar una gran oportunidad profesional. Con los años, aprendí a priorizar objetivos, a reducir mi ansiedad y a no sobreestimar la cantidad de tareas que puedo asumir a la vez, las verdaderas causas de mis retrasos. Pero, como los adictos en recuperación, creo que nunca podré decir que estoy “curada”. Si no, pregúntenle al editor de esta nota si lo hice esperar para entregar este texto.

Carmen Ercegovich

Fuente: CLARIN

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