Miles de personas damnificadas por la protesta esperaron durante horas en Aer
Miles de personas damnificadas por la protesta esperaron durante horas en Aeroparque a la espera de una solución Crédito: Marcelo Gómez

Alexis Macagna, Mariana Maturana y su hija esperaban en el Aeroparque Metropolitano. Debían tomar su avión de Aerolíneas Argentinas con destino a Catamarca a las 11.35 de la mañana. Por la medida de fuerza tomada por diferentes gremios aeronáuticos , que llevó a la cancelación de 258 vuelos, no pudieron viajar. Por la tarde esperaban saber cuándo, finalmente, volarían. “Estamos desde las 8 de la mañana con nuestra nena de dos años trasplantada del hígado, que necesita una dieta especial. Yo quiero saber quién se va a hacer responsable si a ella le pasa algo”, señala con enojo Macagna.

El caso de la familia Macagna se repitió, quizás con menos dramatismo, pero no con menor incertidumbre, entre los miles de pasajeros afectados por la cancelación de los vuelos de Aerolíneas Argentinas y Austral. La empresa informó que la medida de fuerza, con asambleas en Aeroparque y Ezeiza, afectó a unas 30.000 personas. Recién después de las 20 comenzó a normalizarse la situación, tras 10 horas sin vuelos.

“Tenía el vuelo para Neuquén a las 12.50. Me lo reprogramaron para las 15.15. Después para las 16.30 y al final para las 18.05. Me llegan mensajes por mail, pero tenemos mucha incertidumbre”, señaló Susana Lojo, jubilada, que viajó por una semana a la Capital Federal con su nuera y su nieto de dos años. Como cientos de pasajeros, Lojo esperó sentada en el piso, contra una de las paredes del Aeroparque, rodeada de su equipaje.

En la cafetería del Aeroparque, cientos de pasajeros aguardaron las novedades sobre sus vuelos . “Lo que más vergüenza me da es la imagen que les damos a los extranjeros que tienen que viajar. Yo vengo de Río y allá nos trataron perfecto”, señala Malena D’Amato. Ella, junto a sus amigos Rodrigo Pérez, Pati Camargo y el hijo de 10 meses de ambos, arribaron al Aeroparque a las dos de la mañana desde Brasil y a las 8 deberían haber tomado su vuelo a Bahía Blanca, que nunca salió. D’Amato y sus amigos comían algo en una de las cafeterías del Aeroparque, repleta de pasajeros, al igual que los pasillos y todas las zonas comunes del lugar. “No sabemos nada. Se fueron todos los que nos podían dar alguna respuesta. La página web de la compañía está colapsada y el 0800 que nos dieron no responde nunca”, denuncia Camargo con su bebé en brazos. Sentado a su lado, su esposo agrega: “Quiero solucionar el tema del nene. Yo, si me tengo que volver a dedo, me vuelvo a dedo, pero él no puede”.

En otro sector, cerca de una de las puertas de acceso esperaban Max Raf y su amiga Camile. Son franceses y llegaron de París a Ezeiza en la madrugada. Su vuelo de las 15.30 a El Calafate fue uno de los tantos cancelados. Hablan poco español, pero en inglés aseguran estar enojados y que si no se resuelve la situación se van a volver a Francia, en lugar de realizar su viaje de tres semanas por el sur argentino.

Frente a los europeos, recostada en el piso con una mochila a modo de almohada, estaba Flavia Tamagnini, médica tucumana que llegó en la madrugada junto a un amigo de Venecia; ella es una de las pocas personas que tienen una reprogramación clara: su vuelo despegará recién el sábado.

La situación de Alexia Sofía

De todos los testimonios recogidos en Aeroparque, el caso de la familia Macagna aparecía entre los más dramáticos. Su hija, Alexia Sofía, de dos años, fue trasplantada del hígado a los siete meses. Antes y después de eso, tuvo otras cirugías. La última la tuvo internada en el Hospital Garrahan por cinco meses. Ella, que estaba junto a sus papás, fue dada de alta el martes y ayer debía regresara su hogar, en la capital de Catamarca.

Pero su vuelo hacia el noroeste, programado para las 11.35, no despegó.

“Mi hija tiene una dieta de cero sodio. Le tengo que estar controlando todo lo que consume. No le puedo comprar una hamburgesa o un sándwich. Tampoco me puedo tomar un colectivo a Catamarca, que tarda 16 horas”, relató Mariana Maturana, la madre de la niña, mientras esperaba una solución.

Germán Wille

Fuente: LA NACIÓN

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Categorías: Argentina America

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