Oumamua, el objeto interestelar hallado el pasado mes de octubre, se ha convertido en todo un enigma para los astrónomos, aunque cada vez se encuentran más cerca de localizar su origen.

Crédito: ESO/M. Kornmesser
Crédito: ESO/M. Kornmesser

El pasado mes de octubre, tenía lugar un descubrimiento sin igual en el campo de la astronomía, cuando un equipo de astrónomos de Hawái halló el que se calificó como el primer asteroide interestelar de la historia. Esto quiere decir que, a pesar de proceder de otro sistema estelar, había sido localizado dentro de nuestro Sistema Solar.

Aunque inicialmente se le bautizó como C/2017 U1, más tarde fue renombrado como Oumuamua, un nombre mucho más apropiado si se tiene en cuenta que significa “explorador” en hawaiano. Desde entonces, numerosos astrónomos de todo el mundo se han puesto manos a la obra para desentrañar los misterios que rodean a este objeto interestelar, desde su verdadera identidad hasta su procedencia. Muchos de estos enigmas se han ido resolviendo con el tiempo, aunque este último ha seguido siendo un verdadero quebradero de cabeza para los investigadores. Al menos hasta ahora, pues un equipo de astrónomos, liderado por Coryn Bailer-Jones, del Instituto Max Planck, acaba de localizar cuatro estrellas candidatas a convertirse en su punto de origen.

Deshaciendo el camino

En su día Oumuamua se halló cuando ya emprendía su viaje de vuelta, fuera del Sistema Solar, aunque los astrónomos aún podían seguir cómo se movía a través de sus telescopios. Desde entonces, numerosos científicos han teorizado en torno a su origen, aunque hasta ahora ninguno había formulado candidatos susceptibles de serlo.

Ahora, el equipo de Bailer-Jones ha utilizado datos procedentes de estudios anteriores para conseguirlo. En primer lugar, se ha basado en la información extraída del hallazgo realizado el pasado mes de junio por Marco Micheli, de la ESA. Él y su equipo descubrieron que la órbita de Oumuamua no correspondía a la de un movimiento de caída libre; es decir, que no se movía influenciado únicamente por la gravedad. Esto les llevó a indagar más hasta descubrir que su estructura era similar a la de un cometa, cuya superficie de hielo se transforma en vapor bajo los efectos de la radiación solar, dando lugar a una propulsión similar a la de un pequeño cohete. Por lo tanto, no se trataría de un asteroide, como se había considerado hasta entonces.

En base a este hallazgo, los astrónomos del Instituto Max Planck desarrollaron una nueva teoría teniendo en cuenta cómo cambia su órbita a medida que se acerca al Sol. Pero los obstáculos para encontrar el hogar de Oumuamua no terminaban ahí, puesto que también era necesario tener en cuenta las posibles estrellas que pudieron influir sobre su trayectoria al toparse con ellas de camino hacia el Sistema Solar.

Para solucionar este problema, recurrieron a la información presente en la Data Release 2 (DR2), consistente en una serie de datos obtenidos durante la misión GAIA, de la ESA. En DR2 aparece información sobre la posición, el movimiento en el cielo y el paralaje-diferencia en sus posiciones aparentes, según el punto de observación- de más de 1’3 billones de estrellas. Además, para 7 millones de ellas existen datos sobre su velocidad radial. Todo esto sirvió para detectar 4.500 estrellas que podrían haber estado en el camino de Oumuamua.

Posteriormente, se añadirían al rompecabezas, rastreando sus movimientos, junto a los del cometa, para establecer cómo pudieron interferir en su camino.

En busca de las cuatro candidatas

Las estrellas candidatas a ser el origen de Oumuamua deben tener dos características principales: que se encuentren en su camino de vuelta y que la velocidad relativa del cometa respecto a ella sea comparativamente lenta. Esto se debe a que los objetos no suelen ser expulsados desde sus sistemas de procedencia a gran velocidad.

Siguiendo estas dos premisas se hallaron sólo cuatro estrellas candidatas, todas ellas enanas. En un principio la primera candidata era la enana roja HIP 3757, que se encontraba muy cerca de Oumuamua hace un millón de años. Sin embargo, su velocidad relativa es comparativamente bastante elevada, de 25 kilómetros por segundo, por lo que podría no ser la opción correcta.

La siguiente estrella más cercana es HD 292249, que tuvo su mayor acercamiento al cometa hace 3’8 millones de años, a una distancia un poco mayor que la de HIP 3757. Por el contrario, sí que tenía una velocidad relativa menor, de 10 km/s. Las últimas dos candidatas se acercaron a la trayectoria de Oumuamua hace 1’1 y 6’3 millones de años, con velocidades relativas y distancias intermedias.

El principal inconveniente de estas cuatro estrellas por el momento es la ausencia de un gran planeta en torno a ellas. Se cree que Oumuamua pudo ser expulsado a causa de una colisión originada durante la formación de un gran planeta. Por eso, sería un factor esencial para localizar su procedencia. Sin embargo, que no se haya encontrado de momento no significa que no esté. Los datos aportados por el nuevo lanzamiento de la misión GAIA, que tendrá lugar en 2021, podrían ayudar a encontrarlo. Hasta entonces, la historia de Oumuamua seguirá siendo todo un misterio para los astrónomos, aunque cada vez se encuentren más cerca de desvelarlo.

Azucena Martín

Fuente: HIPERTEXTUAL

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Temas: Categorías: Ciencia Titulares

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