Lopetegui y Florentino, durante la presentación del técnico.
Lopetegui y Florentino, durante la presentación del técnico. Chema ReyMARCA

El sábado, pasadas las ocho y media de la tarde, negros nubarrones se cernían sobre Vitoria, más concretamente sobre el vestuario del Real Madrid y su futuro. En ese momento las posibles decisiones se amontonaban en la cabeza de los que mandan, incluido banquillo y plantilla. Muchas de ellas, imposibles de ejecutar. Un día después se empezaron a buscar soluciones dentro del grupo en un intento de sacar adelante al equipo de la crisis en la que se encuentra sumido. Y durante ayer lunes, y con tiempo para la reflexión, la decisión no fue otra que transmitir una confianza que se había puesto en duda tras la derrota ante el Alavés.

El estado de alerta sin embargo continúa porque las sensaciones no están siendo nada positivas. La confianza es menor como es lógico, pero en las últimas horas se está intentando transmitir tranquilidad al grupo y al técnico, algo complicado en un mundo como el fútbol que vive de los resultados. Ahora es el momento del análisis más calmado y las decisiones llegarán más adelante y cuando haya margen para tomarlas, no por ahora.

Con esas alarmas encendidas, los focos apuntan a técnico y jugadores como es lógico. Hay vigilancia en uno y otro lado de la plantilla. Lógica también por la negativa trayectoria que arrastra el equipo y que llega por el mal rendimiento de uno y otros. El primero sabe que debe subsanar errores en su gestión si quiere seguir en el banquillo. El entrenador sabía lo que había cuando se comprometió con la entidad madridista y tanto en ese momento como ahora está convencido de que puede alcanzar el éxito.

Los jugadores, por su parte, saben que su rendimiento no está a la altura de lo que se espera y de lo que exige su cualificada nómina. Las declaraciones de después del partido y los mensajes en redes sociales no son cara a la galería. Mantienen que el equipo está capacitado para ganar y creen que la actual situación es consecuencia de errores asumibles y sobre todo, evitables. Y mantienen también su confianza en el trabajo del entrenador porque además de creer en su idea, dudan del cambio de mandos en el banquillo.*

José Félix Díaz

Fuente: MARCA

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Temas: Categorías: Deportes

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