Imagen cedida por Diego López
Imagen cedida por Diego López

Diego López, nacido en Las Palmas de Gran Canaria hace 37 años, ha recorrido más de medio mundo. Por su profesión, banquero de inversión, ha vivido en Londres, Hong-Kong, Río de Janeiro o Abu Dabi y actualmente lo hace en Nueva York. Por su pasión, la natación en aguas abiertas, tocará todos los continentes culminando próximamente en el kilómetro helado en la Antártida.

Su propósito supone una variante de los Siete Océanos, desafío ideado hace una década por el estadounidense Steven Munatones. Diez nadadores lo han completado hasta la fecha. El propio Munatones fue quien animó a Diego López a intentar hacerlo, pero en un solo año, algo inédito y que ha merecido de forma inmediadta la atención del Libro Guinness de los Récords.

A López, un exnadador de nivel nacional del CN Las Palmas, le atrajeron las aguas abiertas mientras trabajaba en Hong-Kong. Allí se unió a un grupo de australianos que practicaban esta modalidad. “Luego competía donde me pillaba por mi trabajo. No viajaba por ello”, explicaba hace unos días desde Nueva York. En la Gran Manzana completó en 2017 el Maratón acuático de la isla de Manhattan (47 kilómetros). “Me di cuenta de que esto se me daba bien y ya pensé en retos mayores”, argumenta. Cuando Munatones le lanzó el de nadar los Siete Continentes, Diego buscó los escenarios para realizar travesías de reconocida dificultad por sus condiciones naturales o las distancias a recorrer, y formalizó con Guinness los requisitos para su ratificación.

Comenzó el 17 de marzo nadando la prueba Porth to Pub, en Perth, en la costa oeste de Australia, que con sus 25 kilómetros es la más larga que se disputa en esa isla-continente. Prosiguió el 21 de abril con la travesía Freedom Swim, de ocho kilómetros entre Robben Island, donde estuvo preso durante 18 años Nelson Mandela, y Ciudad el Cabo (Sudáfrica), cuya dificultad reside en los 13 grados del agua y la presencia de tiburones.

En mayo dio el salto a América del Sur, no a una de sus costas, sino al lago Titicaca, en Bolivia, a 3.800 metros de altura. Allí, otros ocho kilómetros fueron para él una de las experiencias más duras por la dificultad para respirar debido a la escasez de oxígeno.

Durante el verano cubrió con éxito dos de las clásicas, el Canal de la Mancha (7 de julio), de Inglaterra a Francia, 34 kilómetros que se convierten en 44 por el efecto de las corrientes; y el Canal de Catalina (17 de agosto), 33 entre la isla del mismo nombre y Long Beach, en California. Con ellas dos completaba la Triple Corona de las aguas abiertas, que incluye también el maratón de Manhattan.

Ayer afrontó la sexta prueba de su reto, 15 km. en Hong-Kong, conocida como Clean Half por realizarse en la parte más limpia de la bahía. Y en torno al 12 de noviembre espera completar su desafío en la isla Decepcion, en la Antártida. Allí disputará el kilómetro helado en unas aguas caldeadas hasta los dos grados debido a la actividad del volcán sobre el que se yergue la isla. Sólo ocho nadadores han competido hasta ahora en la Antártida.

El kilómetro, o la milla, son las mayores distancias que se disputan en la modalidad de aguas heladas, que se nadan entre 5 grados y 2 bajo cero. “El desgaste para el organismo equivale a 10 kilómetros en temperatura normal”, explica Diego López. “Un kilómetro pueden ser 15 minutos de exposición al frío. El cuerpo lleva todo el calor hacia su interior para proteger órganos vitales y se pierde la sensibilidad en las extremidades. Al salir del agua, el calor se redistribuye de nuevo, pero si fuera hace frío puede sobrevenir la hipotermia”, explica el español, que ha visto a rivales perder las uñas al termino de pruebas de estas características, en las que se nada a pelo, con un bañador convencional, un gorro -no puede ser de neopreno-, y grasa para aislarse del frío. Diego no la emplea.

Él se ha acostumbrado tomando en su casa baños helados y entrenándose en lagos de Nueva York durante el invierno. Pero un canario de nacimiento, por aclimatado que se encuentre, tiene un hándicap respecto a deportistas más acostumbrados a esas condiciones. En las aguas heladas predominan nadadores rusos, bielorrusos, polacos, bálticos, nórdicos… y argentinos. “Parten con una pequeña ventaja”, reconoce. “Ellos se crían con el hielo. Van en camiseta hasta en invierno”. Para él, nadar en la Antártida será la última barrera.

Una modalidad que aspira a estar en los Juegos de Invierno

La natación en aguas heladas es una modalidad muy poco practicada en España, por ausencia de escenarios adecuados. Diego López intervino en una prueba organizada en los Pirineos en 2016, a cuatro grados. A nivel internacional cuenta con su propia federación, la International Winter Swimming AssocIation (IWSA), que organiza Campeonatos del Mundo anualmente y un circuito de la Copa del Mundo. También aspira a que su deporte sea incluido en el programa de los Juegos Olímpicos de invierno.

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Javier Romano

Fuente: MARCA

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Temas: Categorías: Deportes

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