Tras una primera parte horrorosa, los Warriors despertaron de la mano de Curry. Los Rockets fallaron 27 triples seguidos y perdieron su oportunidad.

La magia de Curry despertó a los campeones: ¡4º Warriors-Cavs!

Stephen Curry volvió a demostrar en el momento más importante de la temporada que es un jugador verdaderamente especial. Y con su magia despertó a unos Warriors que miraron a la eliminación a los ojos durante muchos minutos pero volvieron a tiempo… Los de Oakland buscarán su tercer anillo en cuatro años en las cuartas finales consecutivas de la NBA que jugarán contra los Cleveland Cavaliers, contra LeBron James.

Solo cinco franquicias en la historia de la NBA han jugado cuatro finales seguidas. Las dos primeras son las míticas, Celtics y Lakers, en otras dos ha jugado LeBron y la quinta son desde hoy unos Warriors que pasarán a la historia como uno de los mejores equipos de siempre.

Como en el sexto partido, los Rockets fueron ampliamente superiores en la primera mitad. Intensos, agresivos y con muchas más ganas que los Warriors. Harden se salió en el primer cuarto (14 puntos, 2-2 en los triples) y Capela (20+9) fue un problema sin solución durante toda la primera parte. Los campeones mientras, completamente desconectados. Del partido, del baloncesto y casi la vida en general. Las pérdidas (10 en 24 minutos), los errores constantes en los tiros libres, el ridículo del rebote (11 ofensivos de los Rockets en la primera parte)… Lo mejor parecía y fue el resultado (-11).

Entonces, con su equipo (porque es su equipo…) contra las cuerdas, apareció la magia, la chispa de estos Warriors. Stephen Curry volvió a cambiar un partido en el primer cuarto. Una frase que hemos repetido hasta la saciedad durante los últimos cuatro años porque es literalmente imposible de parar. Cuando el base entra en ese mundo paralelo en el que los triples son bandejas y el aro tiene el tamaño de un océano lo único que se puede hacer es rezar… 

Volaron los triples, se sumaron sus compañeros y, por si eso fuera poco, los Rockets no paraban de fallar… Fallaron triples a un nivel histórico: 37 en total (más que nadie nunca) y 27 seguidos, el récord que mató definitivamente el partido. Durante los minutos que duró la sequía en Houston, los Warriors ganaron el parcial por 25 puntos (ganaron por 18 solo el tercer cuarto: +68 en la serie completa), anotando 13 de sus 23 intentos desde la línea de tres puntos con Klay Thompson (19 puntos, aguantó con problemas graves de faltas todo el partido) y Kevin Durant (34) flanqueando perfectamente al mago. Curry, que acabó con 27 puntos 9 rebotes y 10 asistencias, encendió la chispa y le dio la vuelta a la eliminatoria en el momento justo.

El último cuarto fue un trámite después del colapso moral y físico que supuso para Houston el tercero de los Warriors (Gordon acabó con 23 y Harden con 32 puntos, pero sin fe ni fuerzas…). Durant, máximo anotador de la historia en unas Finales del Oeste (213 puntos), mató el partido mientras los Rockets sufrían la peor de las torturas en los últimos minutos de una temporada que ha sido maravillosa: perdieron el partido desde el triple, la faceta que les convirtió en un equipo de récord. Y, precisamente, contra los mejores tiradores de la historia…

Sin Chris Paul (se perdió su segundo partido consecutivo… Iguodala lleva cuatro), a los Rockets les cuesta mucho más controlar tiempos durante las explosiones de los Warriors. Y es ahí donde se escapan los partidos contra este superequipo. En un mal tiro, en una mala lectura, en una decisión precipitada… La tormenta no se puede parar, pero hay maneras y maneras de intentar aguantar. Los texanos no pudieron, y cierran la mejor temporada de su historia con un mal sabor de boca. Pero han estado ahí… Han tenido contra las cuerdas a uno de los mejores equipos de la historia. Y los Warriors, a por el rey. Capítulo cuatro de una batalla que ya es, también, historia de la NBA.

Sergio Andrés

Fuente: AS

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