Koke controla ante la presión del Cagliari
Koke controla ante la presión del Cagliari Atlético de Madrid

Mucho temor había en el ambiente con la atípica pretemporada que le está tocando vivir al Atlético. Que si más canteranos que jugadores del primer equipo en Singapur, que mientras unos se iban a Brunico otros trabajaban en el Cerro, que si Lucas y Griezmann sólo iban a tener nueve días para preparar la Supercopa…Pues bien, a Simeone hasta le va a sobrar tiempo. Giménez, Godín y Filipe Luis, apenas unas horas después de bajarse del avión en Cerdeña, demostraban, formando la defensa de cabecera junto a Juanfran, que la vida sigue igual, que podrían haber aparecido incluso el mismo 15 de agosto en Tallín. Es lo que tiene pasarse siete años insistiendo en una filosofía, mecanizando movimientos, ajustando desajustes…

Así que bastaron sus primeros 45 minutos de competición para dejar claro que el Atlético de Simeone será el Atlético de Simeone ya juegue un amistoso, una final, vengan de la playa o de la montaña. Al descanso, una ocasión -dos siendo muy generosos con un disparo manso de Correa desde la frontal cuando expiraba la primera parte-, un gol. Sustos atrás, poca cosa más allá de la insistencia de Farias, sofocada en todo caso por Oblak. ¿Les suena de algo? El 0-1 del manual.

El tanto de Borja Garcés, ese proyecto de Niño que asoma desde la cantera, también tuvo mucho de clásico. El pase que se inventó Filipe a la carrera de Gelson en el área recordó que el lateral izquierdo del Atlético tiene alma de mediapunta, que pocos más son tan influyentes en el juego.

Probado está que la pretemporada en este Atlético es para los nuevos. Y en ello están, porque a Gelson, con la excepción de esa incursión en el aréa para servir, con ayuda de un defensa, el gol, se le ve más voluntad que acierto. En su descargo, sigue jugando fuera de su posición, en punta y no de extremo. Una aberración, a priori; quizás otra genialidad de Simeone de aquí a no mucho tiempo. El mayor rival de Lemar por ahora también es su asimilación del libreto, pues no hace falta más que verlo controlar el balón, girarse sobre sí mismo o combinar, para descubir todo lo que lleva dentro.

Fue iniciarse la segunda parte sin las vacas sagradas de atrás y temblar el larguero rojiblanco tras estrellar Deiola zu zapatazo a bocajarro frente a Adán. Montero, tan seguro todo el verano, había perdido un balón comprometido que jamás pasaría con el oficio de Giménez y Godín. Prohibido aún así poner cualquier tipo de pega a la chavalería.

Con el adiós poco después de Koke, Saúl y Correa, la segunda parte sólo dejaba a Savic -brazalete al brazo- como seña reconocible. Era el turno para conocer a Arias, también para asistir al enésimo recital de elegancia de Rodrigo. Como ocurre con todos los nuevos, su pretemporada puede durar hasta meses, así que hasta que muestre las credenciales para discutirle el puesto a Juanfran, buenos son sus primeros detalles. Su gusto por llegar a la línea de fondo se le nota. En cuanto al mediocentro, poco le queda por confirmar su adaptación al estilo. De hecho, salvo por el alboroto de Mollejo por buscar su gol, fue el pilar -jugando de pivote y escoltado por Mikel Carro y Olabe como mediocentros- sobre el que se sostuvo el Atlético para dormir el duelo sin que pasara nada más. Ese arte que llevan haciendo como nadie durante siete años los que antes ocuparon su puesto.

La vida sigue igual en el Atlético 1

Isaac Suárez

Fuente: MARCA

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