Tras caer ante Independiente, Boca ve peligrar un título que tenía guardado en el bolsillo chiquito del pantalón desde antes del receso del verano.

Las claves del bajón de Boca

El 5 de octubre de 2017, jugando con la selección argentina un partido de eliminatorias para el Mundial de Rusia, Fernando Gago se rompió los ligamentos cruzado y lateral interno de su rodilla derecha. Hasta entonces se llevaban jugadas cinco fechas de la Superliga y Boca solo sabía conjugar el verbo ganar. Sostenida por los goles de Darío Benedetto, la racha se estiró tres jornadas más. Pero el 5 de noviembre el centrodelantero sufrió exactamente la misma lesión. Ese día, Racing acabó con el invicto y el rumbo futbolístico del todavía puntero del torneo se torció definitivamente.

Cuando solo quedan cuatro domingos para cerrar la temporada, Boca ve peligrar un título que tenía guardado en el bolsillo chiquito del pantalón desde antes del receso del verano. Y si todavía conserva cierto margen de ventaja (4 unidades sobre Godoy Cruz Antonio Tomba y algunas más sobre Talleres y San Lorenzo) se debe tanto al oportunismo propio de lograr varios puntos sobre la bocina -victorias ante Tigre y Talleres, empate en Tucumán- como a la liviandad de sus perseguidores, que en general claudicaron antes de tiempo.

Pero más allá de los números, Boca hace tiempo que se olvidó de jugar. Sin Gago perdió el faro que lo conducía, sin Benedetto abandonó la contundencia. El equipo no encontró un sustituto válido para ninguno de los dos y, desde que comenzó 2018, el fútbol del conjunto que acumula más de 500 días al frente de la tabla de posiciones tiene más empuje y empeño que fundamentos técnicos y tácticos que lo avalen. El mejor indicio es que las banderas que levantaban jugadores de buen pie y estilo depurado ahora las tomaron Wilmar Barrios y Nahitan Nández, los más esforzados de los mediocampistas.

La derrota de este domingo frente a Independiente fue un eslabón más en el desbarrancamiento xeneize. Plagado de ausencias -no estuvieron ni Cardona ni Tevez, lesionados, aunque en el caso del Apache su aporte desde que regresó de China ha sido casi testimonial-, Boca volvió a ofrecer la imagen pálida y desteñida de semanas anteriores. Los dirigidos por los mellizos Barros Schelotto fueron superados en el dominio del partido, la intensidad y los duelos individuales durante la mayor parte del encuentro, y carecieron de creatividad en el lapso final, cuando después del 1-0 el Rojo se retrasó y le dejó la pelota.

Salvo en el agrupamiento defensivo para contener a Independiente, el puntero de la Superliga falló en casi todos los aspectos del juego. No hubo conexión entre líneas ni capacidad para superar la presión rival; tampoco eficacia para lastimar de contra. El arquero Rossi fue un mar de dudas, no pesaron ni Bou, ni el pibe Almendra -debutante- ni después Bebelo Reynoso. Y tras la lesión del colombiano Barrios, el centro del campo pasó a ser zona de libre acceso para los volantes locales.

Ni siquiera los candidatos a estar en el Mundial salvaron esta vez a Boca. Cristian Pavón fue bien tomado por Jonás Gutiérrez, hasta que se lesionó, y por Nicolás Figal, que además le robó la pelota que terminó en el gol de Benítez. Pablo Pérez pasó inadvertido como mediocampista adelantado en el arranque, no encontró las marcas cuando ocupó el sitio de Barrios y terminó expulsado por una de sus especialidades: protestar con vehemencia excesiva.

La recta final de la Superliga sorprende a Boca con una presión impensada. De cómo pueda gestionarla dependerá si el final que se prometía relajado y ahora supo complicarse solo acaba siendo feliz o en una caída que hace apenas tres meses nadie podía imaginar.

Verónica Brunati

Fuente: AS

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