El 2 de junio de 1962 se disputó Chile-Italia en el Estadio Nacional de Santiago. Hubo expulsiones, agresiones, 66 mil personas ofendidas y un cúmulo de infracciones. Un repaso por las crónicas periodísticas sobre la “La Batalla de Santiago”, el partido mundialista más salvaje de todos los tiempos

Kenneth George Aston fue el árbitro inglés designado. Años después, ya como P
Kenneth George Aston fue el árbitro inglés designado. Años después, ya como Presidente del Comité de Árbitros de la FIFA, inventó el sistema de sanciones con las tarjetas amarillas y rojas inspirándose en este partido

El Mundial de Chile ’62 se escribió. Los medios atravesaron el espíritu de una cita experimental. La FIFA concedió ante presiones y amenazas de boicot la devolución de la organización de la Copa del Mundo al fútbol sudamericano luego de dos ediciones consecutivas en Europa: Suiza 1954 y Suecia 1958. Eligió Chile y ensayar la contienda mundialista en una país subdesarrollado. El análisis sociocultural de los periodistas extranjeros inspiró el germen de “la Batalla de Santiago“, el partido más sucio en la historia de los Mundiales.

La primera infracción fue a los doce segundos. A los ocho minutos del primer tiempo, el primer expulsado. Pero el partido entre Chile e Italia se había jugado y escrito días antes. Los dirigentes del fútbol italiano habían rechazado y desprestigiado la designación de la FIFA. Pero una vez que se oficializó la sede, arribaron el cronista de guerra Corrado Pizzinelli para el diario La Nazione, de Florencia, y Antonio Ghirelli, corresponsal del diario milanés El Corriere Della Sera. Su tarea era relatar el estilo de vida de la sociedad chilena en una óptica satelital al certamen deportivo e integral a la idiosincrasia sudamericana.

La infinita tristeza de la capital chilena: Santiago, el confín del mundo“, tituló su crónica Antonio Ghirelli. “En ningún lugar uno se siente tan lejano, perdido y solo como en la ciudad huésped del campeonato internacional de fútbol”, narraba un artículo en el que denunciaba que para los extranjeros era imposible escapar de la angustia de un clima depresivo que repercutirá en los jugadores. Redactó, en una nota tan hostil como poética, una frase que desencadenó en el oprobio popular: “Es el símbolo triste de uno de los países subdesarrollados del mundo y afligido por todos los males posibles: desnutrición, prostitución, analfabetismo, alcoholismo, miseria. Bajo éstos aspectos Chile es terrible y Santiago su más doliente expresión, tan doliente que pierde en ello sus características de ciudad anónima”.

Los periodistas italianos hablaban de una población miserable. El Gráfico argentino contó, en una publicación de época, que las críticas no eran precisamente elogiosas. El enviado especial Corrado Pizzinelli ilustró un escenario denigrante: dijo que “Chile es un símbolo triste de las diferencias humanas y de una vida afectada por todos los males”.

Las publicaciones volvieron a Santiago desde la embajada chilena en Roma. Fueron transcriptos en los medios locales con una moción declarada: engendrar una reacción nacionalista que “ajustara” la interpretación de los italianos. Se difundieron campañas patrióticas y llamamientos a responder al insulto y el agravio extranjero. El diario El Mercurio recordó, con motivos de una gira del seleccionado sudamericano por Europa, que sus reporteros prefirieron destacar las maravillas de Florencia y Venecia, y “no de la pobreza del sur de Italia”. La cancillería chilena exigió una rectificación que nunca llegó. Los periodistas italianos fueron deportados. Se había construido una atmósfera bélica instrumentada por los medios alrededor del Estadio Nacional, donde Chile e Italia jugaban por la segunda fecha del grupo 2.

Italia quedó fuera del Mundial en primera ronda y Chile accedió a las semifin
Italia quedó fuera del Mundial en primera ronda y Chile accedió a las semifinales, en su mejor actuación en la historia de las Copas del Mundo (Dpa/Corbis)

Algunas versiones sugieren que el argentino nacionalizado italiano Omar Sívori renunció a jugar por temor a represalias. Fue reemplazado por otro ítaloargentino Humberto Maschio, protagonista de una de las acciones más dramáticas del partido. Hubo intentos de la delegación italiana por menguar la intensidad del revanchismo chileno. Las declaraciones políticas de los jugadores y ofrendas de flores en tumbas de héroes chilenos fueron esbozos tardíos y estériles.

Los ramos de flores con los que salieron al campo de juego fueron devueltos con improperios y distintos proyectiles. El 2 de junio de 1962 las más de 66 mil almas chilenas recibieron a los italianos con una lluvia variopinta de insultos, monedas y frutas. Pero el partido fue sólo la expresión de un todo. En los dos primeros días de competencia, se contabilizaron 24 bajas. Argentina jugó con Bulgaria el 30 de mayo: se sancionaron 69 infracciones y hubo cinco lesionados en el equipo nacional y dos búlgaros debieron abandonar el torneo por lesiones graves. El partido fue arbitrado por el español Juan Galdeazábal, también designado al enfrentamiento entre los locales y los italianos. La FIFA lo desafectó por intuir que no iba a saber resolver la presión y le asignó el duelo a Kenneth George Aston, un experimentado juez y antiguo teniente coronel inglés.

Un día después del comienzo del Mundial y un día antes de “la Batalla de Santiago”, la FIFA convocó a una reunión de urgencia para tratar el problema de la brutalidad y los malos arbitrajes en el torneo

El contexto macro del Mundial se predispuso a una batalla. Italia salió al campo 14:52 con ramos de flores. Se acercó a la tribuna para repartir claveles: solo recibieron desaprobación y desprecio. El partido empezó y lo dicho: la primera infracción fue a los doce minutos, a los cuatro minutos la primera gresca y a los ocho, el primer expulsado. Al italiano Giorgio Ferrini lo echaron luego de dura entrada al chileno Honorio Landa. Como no quería dejar el campo, tuvo que intervenir la policía para llevárselo y escoltarlo hasta el vestuario.

En varias jugadas del partido, la pelota estuvo de más. A los veinte minutos, cuando según las estadísticas históricas se habían cumplido solo cuatro de juego neto, el italiano Mario David disputó una pelota con Leonel Sánchez, quien le devolvió la gentileza con un manotazo en la cara. El chileno era hijo de un boxeador. En una jugada siguiente, tras un tumulto producido por otra infracción grosera, el argentino Humberto Maschio aprovechó para pegarle a Leonel Sánchez. Los fotógrafos vieron la agresión y le gritaron “fue el ocho, fue el ocho”. Inmediatamente Maschio sufrió la fractura de tabique nasal por una infracción del jugador trasandino que no fue advertida por el juez inglés.

Los medios italianos señalaron a los chilenos de “caníbales” y al árbitro del
Los medios italianos señalaron a los chilenos de “caníbales” y al árbitro del partido acusaron de “hostil, provocador e incompetente”

Al minuto cuarenta, la segunda expulsión en un partido totalmente desvirtuado y con una clara complacencia por castigar el juego brusco italiano con mayor severidad que la brutalidad chilena. David volvió a cruzarse con Sánchez: lo pateó en el piso, con la excusa de disputar la pelota, escondida entre las piernas de su rival. La reacción fue otro golpe en el rostro. Aston echó al italiano (en tiempos cuando las rojas eran verbales) y perdonó al chileno.

En el segundo tiempo llegaron los goles que decoraron un partido manchado. Jaime Ramírez y Jorge Toro pusieron el 2 a 0 definitivo para Chile, ante un rival que terminó con ocho futbolistas. “La Batalla de Santiago” tuvo expulsiones, sangre, un arbitraje localista, tumultos pronunciados y consecutivos, intervenciones continuas de los carabineros. Felipe Bianchi, periodista y escritor chileno, recordó que para la prensa italiana “fue el robo más descarado de la historia de los mundiales” y que para la opinión pública local se trató de “una hazaña sin parangón y el justo pago para los italianos ‘fascistas, mafiosos, maníacos sexuales y drogadictos'”, como había denunciado el medio chileno Las Últimas Noticias.

A los ocho minutos del primer tiempo, el árbitro expulsó al italiano Giorgio
A los ocho minutos del primer tiempo, el árbitro expulsó al italiano Giorgio Ferrini, quien se retiró escoltado por los carabineros chilenos

Aston terminó el partido al minuto 90, sin agregados. Italia quedó eliminada en primera fase y Chile llegaría a semifinales, su mejor actuación de la historia. El juez se convirtió años después en el Presidente del Comité de Árbitros de la FIFA y, basándose en el partido entre Chile e Italia, el promotor de un nuevo sistema de sanción y disciplina. Las amarillas y rojas empezaron a utilizarse en el Mundial de México 1970, una idea concebida tras aquel conflicto futbolístico. Y el primer expulsado en la historia de un Mundial fue, justamente, un chileno: Carlos Caszely, el 14 de junio de 1974 ante la Alemania Federal.

Al Mundial ’62 también lo escribió Frank McGhee, un cronista de boxeo enviado por el Mirror británico. “El Chile-Italia fue el partido más feo, viciado y vergonzoso en la historia del fútbol. Y si creen que estoy exagerando, veanlo en televisión. Pero antes manden a los niños a la cama. ¡Debería ser calificado sólo para adultos!”.

Fuente: INFOBAE

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