La hija de Isabel Pantoja sigue alimentando la polémica y da detalles de los desencuentros con su familia y de la sobreprotección a la que la sometieron en su juventud

Isa Pantoja, en Sevilla, el pasado abril. GTRESONLINE
Isa Pantoja, en Sevilla, el pasado abril. GTRESONLINE

Isa Pantoja, la hija que Isabel Pantoja adoptó en Perú cuando era un bebé hace 22 años, sigue haciendo caja con sus declaraciones y con su presencia en los medios de comunicación. La entrevista que publica este miércoles la revista Semana era algo así como la crónica de una polémica anunciada que tuvo su primera explosión el pasado viernes cuando Isabel Pantoja llamó en directo a Sálvame, el programa de Telecinco que estaba desgranando al detalle los supuestos motivos del distanciamiento de su hija con ella. Todo a mayor gloria de otro programa de la cadena, Gran Hermano Vip, en el que Isa Pantoja acababa de entrar como concursante. El gran debate ese día era si la niña había llamado a su madre antes de entrar en el concurso y si la madre acudiría a apoyar a la niña durante el concurso, un detalle filial que los colaboradores exigían como obligación de madre sin que a nadie con cierta perspicacia le pasara inadvertido que tanta preocupación por el bienestar familiar de las Pantoja tiene mucho que ver con el nivel de audiencias que se persigue.

Entonces la cantante habló como madre preocupada por las idas y venidas de su hija desde demasiado pronto, en su opinión. De su disgusto porque no siguiera con sus estudios y prefiriera ganarse la vida a base de exclusivas, algo que por otra parte también ha visto en su casa desde pequeña. Ahora es Isa Pantoja quien se muestra como un perrito desvalido, miedosa de coger un autobús, dormir sola o salir a la calle sin compañía por culpa de la sobreprotección de su madre, que según ella empezó a notar como agobiante en su adolescencia cuando llegó el momento de salir con chicos y especialmente cuando se quedó embarazada a los 18 años de su hijo que hoy tiene cuatro: “Ahí empezó el conflicto con mi madre, no quería que fuera a ningún sitio, quiere que esté en Cantora. Viví una infancia normal hasta los 18, cuando salí y vi todo lo que hay. Cuando salgo de allí y hago mi vida con Alberto Isla –el padre de su hijo– no sé lo que es coger un autobús, no sé lo que es ir a un quiosco, ni a un supermercado. Actualmente no voy sola por la calle. Llamo a mis amigos o escucho música, o hago algo. No puedo, tengo pavor”.

En el fondo de toda la entrevista sobrevuela un sentimiento de inseguridad, de sentirse el patito feo de una familia que Isa Pantoja deja entrever no la trata igual que a su hermano Kiko Rivera, hijo de la tonadillera y del torero Francisco Rivera Paquirri. “Eso nunca lo entenderé”, dice Isa Pantoja al respecto, “en el fondo medio lo sé, pero no lo quiero creer ni aceptar. No lo quiero ni preguntar, no quiero que me digan nada”.

“Tenemos una relación muy complicada” afirma Isa Pantoja, “Cuando necesito algo sé que está mi madre ahí, y ella también lo sabe. En momentos malos, cuando nadie tenía nada, yo le di todo lo que tenía”, continúa insinuando que prestó dinero a su madre. Y cuando le preguntan si cree que la entrevista molestará a Isabel Pantoja no duda: “Mi madre es demasiado fría, me mira y me escondo debajo de las piedras”.

Una sucesión de tiras y aflojas en los que vuelve a salir a la luz la mala relación con su tío Agustín, sus momentos de soledad rodeada de distintos cuidadores mientras su madre estaba ausente por su trabajo, y caprichos mal gestionados de niña y adolescente mimada y protegida pero apartada de una vida más abierta y adecuada a su edad. Una vida en la que también se han entrometido empleadas que han querido convertirse en madres cuando ya existía una –leáse Dulce Delapiedra– y amigas de la cantante que le han hecho un flaco favor actuando con la hija a espaldas de ella creyendo que la ayudaban. También hay espacio para los recuerdos de los años que Isabel Pantoja pasó en la cárcel por evasión de capitales: “Fue la vez que peor lo he pasado. Me fui lo más lejos posible (a Londres) porque sabía que aquí no iba a hacer nada. Entré en Supervivientes… Para mí fue una fuga, como Gran Hermano Vip”.

Visitó a su madre, entendió lo que pasó pero no tiene malas palabras para Julián Muñoz, la expareja de Isabel Pantoja a quien la cantante responsabiliza de su encarcelamiento: “La época en la que vivimos en La Pera [la casa de Marbella que su madre compartió con Muñoz] me sentía segura. Julián era el que mandaba. Ahora veo a mi madre como que está más en las manos de otra gente”.

A lo largo de la entrevista Isa Pantoja parece dar bandazos sentimentales. Igual desgrana declaraciones que pueden ser claramente interpretadas como críticas a su madre y su entorno, como dice que se dan un beso y todo se pasa y que si tiene algún problema recurre a ella. Al final va a ser cierta la frase lapidaria que le atribuyen sus compañeros de cadena televisiva: “Isa ha afirmado que no quiere trabajar en su vida, que quiere vivir de la tele, de las entrevistas y de las exclusivas”. Los siguientes capítulos de este culebrón no se harán esperar, la audiencia es soberana. La misma Isa Pantoja vende ya parte de su drama cuando Mila Ximénez, la entrevistadora, le pregunta cómo iba a ser su última noche antes de entrar en el programa: “Más sola que un perro”.

 

 

El País

Fuente: EL PAÍS

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Temas: Categorías: Entretenimiento

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