Diseñadora desde 2008, cumple 44, subida a la ola del éxito profesional y personal. Su último proyecto una línea con Reebok

Victoria Beckhamen Nueva York el pasado mes de marzo.  Christopher Peterson G...
Victoria Beckhamen Nueva York el pasado mes de marzo. Christopher Peterson GTRESOLINE

Nadie daba mucho por las Spice Girls cuando en 2001 se separaron y el fenómeno de estas cinco jóvenes, que se convirtieron en el grupo femenino de mayores ventas de la historia, parecía que se iba a diluir para siempre. Tampoco nadie habría apostado fuerte por el matrimonio de una de sus integrantes, Victoria, la Spice Pija, con David Beckham, uno de los futbolistas que despuntaba en el palmarés británico por su buen hacer en el campo y por su atractivo físico.

Pero Victoria Beckham ha demostrado a lo largo de los años su empeño en superar, a fuerza de voluntad, trabajo y buen olfato, las negras expectativas que presagiaban desastres en su vida profesional y personal. Hoy cumple 44 años y ni siquiera el accidente de esquí que sufrió en febrero en Canadá, ha sido capaz de bajarla de sus tacones y de la cresta de la ola en la que se ha instalado desde hace años.

Acusada de antipática, estricta, pretenciosa e interesada, ella ha seguido a lo suyo y ha levantado un imperio familiar junto a su marido, con quien ha tenido cuatro hijos: Brooklyn, Romeo, Cruz y Harper, la benjamina y única fémina de su descendencia. Los Beckham tienen más dinero que la propia reina de Inglaterra —en 2017 diversas fuentes cuantificaron su fortuna en más de 570 millones de euros— y mueven tres empresas distintas llamadas David Beckham, Victoria Beckham y Beckham Ventures. Una actividad en la que no quebrarse la cabeza para ponerle nombre a sus negocios, no va de tener poca imaginación sino de aprovechar el tirón que tienen sus nombres para atraer clientes y empujar el éxito de las distintas actividades que han ido emprendiendo a lo largo de los años.

David Beckham y Victoria Adams, en su casa de Hertfordshire, un día antes de
David Beckham y Victoria Adams, en su casa de Hertfordshire, un día antes de contraer matrimonio en 1999. Reuters

Además de su 44 cumpleaños, Victoria Beckham celebra en 2018 el décimo aniversario de la creación de su firma de moda. Un proyecto al que se lanzó en 2008 no como inversora o imagen de marca sino como diseñadora. A su favor contaba entonces que su nombre ya era lo suficientemente famosos como para generar tirón mediático, pero en contra tenía la poca confianza en las dotes como creadora de moda de una excantante cuyos propios estilismos no auguraban por entonces nada bueno. Una vez más Victoria ha conseguido sorprender a base de constancia y diez años después del inicio de su aventura se puede decir que es una diseñadora y empresaria consolidada.

En el camino no han faltado tropiezos. En 2015, The Telegraph publicó que las pérdidas de su firma ascendían a cuatro millones de euros y que la empresa de su marido había tenido que acudir al rescate. Solo dos años después, a finales de 2017, la diseñadora llegaba a un acuerdo con Neo Investment Partners, la empresa del exbanquero de Goldman Sachs David Bellhassen especializada en marcas de lujo, que invertía en la marca a cambio de una participación minoritaria. La noticia, sin conocer la letra pequeña del acuerdo, incluía que la firma se había valorado en más de 100 millones de euros.

Los grandes grupos financieros que estaban al acecho tuvieron que dar un paso atrás tras la inyección de 33,5 millones de euros que recibió Victoria Beckham para respaldar su proyecto. Desde entonces ha empezado un nuevo capítulo en el que la diseñadora se muestra más segura y eufórica que nunca. Nuevas tiendas, mejorar su presencia en el negocio por Internet, abrir vías alternativas de explotación de la marca y llegar a acuerdos de colaboración con otras, están entre sus proyectos. La semana pasada, la propia Victoria se encargaba de publicitar en sus redes sociales unas fotografías de la línea de ropa deportiva que ha diseñado para Reebok. Y ella que no posa si no es sobre sus taconazos, entre otras cosas porque su marido le saca más de 20 centímetros a su 1,62 de estatura, compartía simpáticas imágenes promocionales de sus diseños para la marca deportiva, en zapatillas al lado de Shaquille O’Neal, el veterano jugador de la NBA que mide 2,16.

Sigue sin sonreír mucho. No es su estilo. Pero no le faltan motivos. Su negocio marcha; su matrimonio ha aguantado firme las separaciones físicas de la pareja —David pasa mucho tiempo en Estados Unidos y ella en Londres— y las Spice Girls pueden volver a dar una sorpresa y cantar en la boda del príncipe Enrique y Meghan Markle como inicio de un anunciado regreso del grupo para hacer un disco recopilatorio, una posible gira e incluso una película animada de superheroínas.

 

 

 

Maite Nieto

Fuente: EL PAÍS

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