El actor y director se despide de la interpretación a los 81 años. La intensa carrera del fundador del Festival de Sundance contrasta con la discreción con la que siempre ha manejado su vida privada

Robert Redford en el estreno de 'Nosotros en la noche' en el Museo de Arte Mo...
Robert Redford en el estreno de ‘Nosotros en la noche’ en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el 27 de septiembre de 2017. Roy Rochlin FilmMagic

Cuando a Robert Redford le negaron el papel protagonista de El Graduado (1967) para dárselo a Dustin Hoffman, le dieron una contundente razón: era demasiado guapo. Ahí empezó a pensar que su belleza era más una carga que una bendición. Se empeñó en no depender de su cara bonita y lo logró. Directores como Steven Soderbergh, Quentin Tarantino o Kimberly Peirce le deben su carrera al Festival de cine de Sundance, que Redford impulsó en 1978 y que ha promovido hasta ahora. Ese legado durará más que su carrera, de la que se retira este año.

Pero sus seguidores aún podrán disfrutarle en una nueva película, The old man and the gun, que se estrena en Estados Unidos el 28 de septiembre. En ella y a sus 81 años aún es capaz de robar bancos —está basada en la historia de Forrest Tucker, un ladrón que escapó de la prisión de San Quintín en California cuando tenía 70 años—, montar a caballo y conquistar a una mujer, papel interpretado por Sissy Spacek. “Nunca digas nunca, pero he llegado a la conclusión de que este es el fin para mí, en términos de actuación. Voy a jubilarme después de esta película porque he estado ejerciendo mi trabajo desde que tenía 21 años. Creo que es suficiente. ¿Por qué no decir adiós con algo que es muy optimista y positivo?”, ha dicho Redford.

También es cierto que el actor dijo algo similar ya en 2016, pero ahora parece definitivo. Salvo que otro proyecto emocionante se cruce en su camino, claro. Regrese o no a la interpretación su recorrido deja papeles, personas y recuerdos que tras una carrera tan dilatada pueden haberse olvidado.

Por ejemplo Paul Newman, 11 años mayor que Redford y fallecido en 2008, fue quien peleó para que le dieran el personaje de Sundance Kid en Dos Hombres y Un Destino, película con la que arrasaron la taquilla en 1969. Cuatro años más tarde volvieron a aparecer juntos en El golpe (1973). “Él me ayudó a conseguirlo. Me puso en un nuevo territorio. Es una generosidad que no he olvidado”, dijo Redford durante un episodio de la serie Iconoclastas donde les entrevistaron juntos en 2005. “He aprendido de Paul a mantener el equilibrio como ser humano, sin dejar de actuar. A que si quieres seguir como individuo, hay que manejar la fama y no permitir que te absorba tu propia celebridad”, dijo entonces Redford.

Robert Redford y Paul Newman, en ‘Dos hombres y un destino’.
Robert Redford y Paul Newman, en ‘Dos hombres y un destino’.

Algunos dicen que incluso se fijó en él para vivir fuera de Hollywood y preferir Utah como lugar de residencia, como ya había hecho Newman cuando se mudó con su segunda esposa, Joanne Woodward, a Connecticut. Redford escogió la zona en la que había crecido su primera esposa, Lola van Wagenen, con quien estuvo casado 27 años y tuvo cuatro hijos, Scott, Shawna, James y Amy. Fue precisamente su relación con un primo de Lola, Sterling van Wagenen, la que amplió los horizontes de Robert Redford dentro de la industria del cine. Sterling creó en 1978 el Festival de Cine Estadounidense de Utah, y Redford, que tenía allí su casa y era dueño de una amplia zona de esquí, fue el presidente el primer año. Su presencia interesó a las grandes productoras, que prestaron atención a los cineastas que presentaron en él cortos y películas de bajo presupuesto.

El éxito de esta cita anual fue la semilla del Sundance Institute en 1981, un nombre que rinde honores a uno de sus personajes más famosos. Hacía un año que había ganado el Oscar a mejor director por Gente Corriente y ampliaba sus proyectos. Así convirtió sus terrenos en un resort de montaña que bautizó con el mismo nombre.

Tres años después, su Instituto comenzó a encargarse de la organización del festival creado por su primo político y en 1991 se convirtió oficialmente en el Festival de Cine de Sundance. Bajo la mirada de Redford, y antes de que nadie los conociera, los hermanos Coen ganaron allí el premio del público en 1985 con su primera película juntos, Wes Anderson presentó su primer corto en 1993 y Darren Aronofsky exhibió su primera película en 1998. Hoy mantiene el cargo de presidente de la junta directiva del Instituto y este proyecto será probablemente donde enfoque su energía tras su retiro. También es posible que vuelva a dirigir, algo que no hace en un largometraje desde Pacto de silencio, en 2012, o en un documental, Cathedrals of culture, desde 2014. Porque Redford, en esta segunda despedida, solo habla de actuar, no de decir adiós definitivamente a una industria de la que forma parte desde hace casi 60 años.

Robert Redford y Jane Fonda antes de recibir el León de Oro por su Trayectori
Robert Redford y Jane Fonda antes de recibir el León de Oro por su Trayectoria durante el 74 Festival de Cine Internacional de Venecia. CLAUDIO ONORATI EFE

Sobre su vida sentimental también han corrido ríos de tinta, aunque el actor nunca se ha caracterizado por hacer de sus conquistas una bandera. Jane Fonda se confesó en la revista W en 2015: “Estaba tan enamorada de Bob… Nunca pasó nada entre nosotros pero sí, era fabuloso besarlo”. En 1967 coprotagonizaron Descalzos por el parque y su buena química les volvió a unir en varios filmes, entre ellos El jinete electrónico (1979) y Nosotros en la noche (2017). Los papeles de Redford como galán lo llevaron a compartir la pantalla con estrellas de la talla de Barbra Streissand (Tal como éramos) y a rumores de romances con Natalie Wood con quien actuó en La Rebelde (1965) o Daryl Hannah que le dio réplica en Peligrosamente Juntos (1986). Ninguno de ellos se confirmó. Su matrimonio finalizó en 1985 pero él no volvió a oficializar ninguna relación hasta que volvió a casarse con la artista Sibylle Szaggars en 2009.

Su sonrisa también ha tenido momentos de oscuridad porque ha vivido tragedias en su vida más personal. Su primer hijo, Scott, nació en 1959 y falleció por muerte súbita con cinco meses. Shawna cayó en una depresión después de que su mejor amigo matara a su novio en la Universidad de Boulder (Colorado) y durante ese período tuvo un accidente de coche en el que estuvo a punto de perder la vida y se temió por que no pudiera volver a andar. Su hermano James, sufrió una enfermedad a los 15 años que le afectó al y tuvo que someterse a dos trasplantes. Una experiencia que le ha llevado a dedicar muchos esfuerzos a una institución enfocada en trasmitir la importancia de la donación de órganos. 

Verónica Figueroa

Fuente: EL PAÍS

Share

Video Destacados

Ad will display in 09 seconds