La canciller alemana, Angela Merkel, comparece en la sede de la CDU en Berlín
La canciller alemana, Angela Merkel, comparece en la sede de la CDU en Berlín. ODD ANDERSENAFP

La canciller alemana, Angela Merkel, reconoció este lunes errores en la gestión de la polémica en torno al ex jefe de los servicios secretos –cesado por su proximidad a la ultraderecha pero elevado de seguido a secretario de Estado– e instó a la coalición de Gobierno a recuperar la iniciativa política tras semanas atenazada por las disputas internas.

“Lo lamento mucho”, dijo la canciller en una inusual comparecencia en la que explicó que el domingo acordó con los líderes de los otros dos partidos que forman la gran coalición reasignar al ex presidente de la Oficina para la Protección de la Constitución (BfV) Hans-Georg Maassen como “consejero especial” en el Ministerio de Interior.

La opción inicial -situarlo como secretario de Estado en el Ministerio de Interior- generó una enorme polémica, porque no sólo no se le cesaba, sino que además se le aumentaba sensiblemente el sueldo al asignarle una función superior pese a haber puesto en duda las persecuciones de neonazis a extranjeros en las calles de Chemnitz hace cuatro semanas.

Esta componenda -que trataba que conjugar la determinación socialdemócrata a apartarlo de la BfV y la insistencia de los conservadores bávaros de mantenerlo en Interior- “no pudo convencer”, según Merkel, que dijo haberse centrado en exceso en el encaje político y administrativo, y poco en cómo iba a recibir la opinión pública el cambio.

Por el contrario, el nuevo acuerdo es “adecuado”, porque Maassen “tiene unas competencias claramente definidas” y en absoluto relacionadas con sus tareas previas, y también resulta “comprensible para el ciudadano”, porque “no constituye un ascenso”, argumentó la canciller.

En este mismo sentido se ha posicionado el Partido Socialdemócrata (SPD), que recibió un auténtico alud de críticas de su militancia tras la decisión inicial. El secretario general de la formación, Lars Klingbeil, aseguró que es “bueno que se haya revertido” la decisión inicial.

Merkel y Klingbeil también coincidieron en señalar que es preciso que el Gobierno dé un golpe de timón, deje de lado las disputas internas -pues la que ha rodeado a Maassen es sólo la última tras varios rifirrafes que han llegado a poner en peligro la coalición- y se centre en hacer política.

La canciller lamentó que en las últimas semanas la coalición se haya ocupado “mucho de sí misma” en lugar de “resolver los problemas de la gente”, asuntos entre los que citó el problema con la contaminación de los motores diésel, las consecuencias del Brexit, la dependencia y las políticas sociales.

“Esto debe cambiar”, sentenció Merkel, quien avanzó que los partidos de la gran coalición se van a empezar a reunir semanalmente para consensuar sus posturas e implementar en los acuerdos de Gobierno.

Klingbeil también habló de la necesidad de cambiar el “modo de trabajo”, las mismas palabras que empleó la secretaria general de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, Annegret Kramp-Karrenbauer, quien subrayó que sus bases quieren “que el Gobierno se ocupe de los temas que preocupan”.

La canciller recordó que este lunes exactamente hace un año que se celebraron las últimas elecciones generales, que arrojaron un resultado “difícil” que ha colocado a todos los partidos ante “grandes desafíos”, algo que se hizo ya patente en el largo proceso para formar una coalición.

Tanto el bloque conservador como los socialdemócratas perdieron apoyo en esos comicios con respecto a los anteriores, y el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) irrumpió por primera vez en el Bundestag (Cámara baja) con un 12,6 % de los apoyos.

También se cumplen este lunes cuatro semanas de los disturbios de carácter ultraderechista que se registraron en Chemnitz (este de Alemania) a partir del 26 de agosto tras la muerte de un alemán de 35 años, acuchillado presuntamente por dos refugiados (de los que uno se encuentra en presión preventiva).

El Gobierno alemán y una inmensa mayoría social condenaron las “cacerías” de extranjeros que llevaron a cabo grupos de neonazis en esta ciudad, a las que siguió una manifestación convocada por AfD y la xenófoba Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida), que congregó a unas 6.000 personas.

Entonces Maassen aseguró que no había indicios de que se hubiesen producido esas cacerías, que había condenado el Ejecutivo y que varios vídeos y testimonios de testigos habían recogido.

EFE

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: Mundo

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