La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, en Sevilla,
La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, en Sevilla, tras firmar el decreto de disolución del Parlamento autonómico y anunciar la convocatoria de elecciones anticipadas. Julio MuñozEFE

La en pocas horas presidenta en funciones de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ha justificado la disolución anticipada del Parlamento por el objetivo personal de garantizar la estabilidad política e institucional que Andalucía ha perdido, según su argumentario, desde que hace unas semanas Ciudadanos anunció que no apoyaría otro presupuesto del PSOE y que daba por terminado el pacto de legislatura por los incumplimientos de la propia Díaz.

Lo cierto es que como argumento justificativo le puede servir a Díaz, aunque no sea cierto. Hace apenas dos semanas se han aprobado en el Parlamento tres leyes, la de Igualdad, la de Cambio Climático y la Audiovisual, dos de ellas por unanimidad, y ni siquiera ha hecho el amago de presentar las líneas básicas de un proyecto de Presupuesto que pudieran ser rechazadas. Una inestabilidad relativa, pues. Claro que, junto a ese objetivo de estabilidad, a Díaz se le ha escapado que lo que busca con la disolución es un «horizonte (político) despejado». Y es aquí donde sí es sincera Susana Díaz.

Que iba a disolver el Parlamento en otoño se sabía desde hace meses. El furor viajero por sus pueblos socialistas ha sido continuo, salvo el interludio de sus largas vacaciones de verano; la excitación casi hormonal de su gobierno por aprobar medidas electoralistas (imprecisos planes de empleo, televisión gratis en los hospitales, infraestructuras históricas paralizadas reactivadas de repente, convocatoria entusiasta de oposiciones…) y la superficial escenificación de la ruptura con Ciudadanos mostraban a las claras cuáles eran sus planes. Sólo el temor a que Pedro Sánchez aprovechara para hacerlas coincidir con unas generales y, al ligar sus destinos, eso pusiera en evidencia por comparación su propia fortaleza electoral, y su casi enfermiza tendencia a la duda en las grandes decisiones (como evidenció cuando aspiró al liderazgo del PSOE) explican que haya tardado más de lo diseñado en un principio en anunciar el adelanto de unas elecciones que, según decía hasta antier, no iba a adelantar en ningún caso.

Pero, con ser todo lo anterior importante, lo que de verdad pretende Díaz con el adelanto es despejar su horizonte de la sombra de la corrupción que le persigue. El desarrollo del juicio de los ERE, donde la Intervención del Estado y los informes de los peritos están poniendo de manifiesto la indudable responsabilidad de la Junta y del PSOE en el mayor escándalo de corrupción de la democracia, y el vergonzoso caso de la Faffe, con los miles de euros destinados a la formación de parados gastados en prostíbulos y juergas con el intento de su gobierno de ocultar una posible falsificación contable en esa agencia, desfiguran su estrategia personal de propaganda que trata de pintar una Andalucía que habría alcanzado cotas inimaginables de desarrollo en grosero contraste con la realidad de una comunidad anclada en el clientelismo político y que ha vuelto, tras cinco años de Gobierno de Susana Díaz, al grupo de regiones en desarrollo (las más pobres) de la UE.

RAFAEL PORRAS

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: España Mundo

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