Dirigentes venezolanos sujetan carteles en rechazo a la muerte de Fernando Al
Dirigentes venezolanos sujetan carteles en rechazo a la muerte de Fernando Albán en Bogotá (Colombia). EFE

Es una olla a presión a punto de estallar. El abrumador éxodo de emigrantes que huyen del hambre, los desafíos deMaduro y la inocultable barbarie de su dictadura, empujan a muchos a pensar en una salida violenta. Pero cada vez que alguien hace sonar los tambores de guerra,Iván Duque sofoca el ruido. Su país, martillea con insistencia, solo apretará las tuercas diplomáticas y endurecerá la presión judicial. Impulsa lademanda ante la Corte Penal Internacional contraNicolás Maduro por su ristra de delitos de lesa humanidad y sigue firme en su decisión de no enviar embajador a Caracas. Pero nada de enfrentamientos bélicos, golpes de Estado con apoyo extranjero ni caer en las provocaciones del vecino.

La última bravata de Maduro consistió en maniobras militares en la frontera en la que participaron, según fuentes oficiales de Caracas, cien mil uniformados venezolanos, tropas élite de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, y unidades deRusia y China.

Pese a ello, Duque ni siquiera ha querido hacerse eco de las afirmaciones de su embajador en Washington. Francisco Santos habló de la necesidad de potenciar la aviación y la defensa anti-aérea colombianas, al hilo de lo que sugerían expertos en la materia, para proteger mejor su país frente a la amenaza que representa un “dictador inestable, un gobernante narcotraficante”, como define al heredero de Chávez. Tampoco el presidente colombiano secunda, al menos oficialmente, el “no hay que descartar ninguna opción”, que defiende la Casa Blanca.

“Veo remota la posibilidad de un conflicto bélico porque el régimen de Venezuela es cobarde y sabe que iniciar una guerra con Colombia sería un suicidio inmediato e inevitable. La escasa capacidad militar de ese régimen sería destruida en un santiamén por Estados Unidos, que ya ha reiterado su decisión de apoyar a Colombia en esa eventualidad”, le dice a este diario el analista en Defensa Alfredo Rangel. “La única esperanza cierta de muchos sectores en Colombia, Venezuela y Estados Unidos, toda vez que las vías legales y diplomáticas para derrocar la dictadura están agotadas, es un golpe militar interno que facilite el regreso a la democracia“.

Es la misma posición que defiende Carlos Vilma, portavoz de Primero Justicia en Colombia y uno de los líderes de la diáspora venezolana. Ya no avistan otra salida que una revuelta popular, apoyada por militares hastiados del régimen, para acabar con la dictadura. “No existe la salida normal de cualquier Estado democrático, solo una intervención desde dentro. Mientras el lunes tiraban al vacío a Fernando Albán, un grupo de opositores estaba hablando con el gobierno”, le comenta a El MUNDO Vilma. “Solo falta la acción de la gente de la calle y la unidad de la dirigencia política opositora. El respaldo internacional lo tenemos. Nos lo dicen dirigentes de varios países de la región por debajo de la mesa”.

En igual sentido se pronuncia Pedro Carmona, quien fuese una de las cabezas del fallido golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, y exiliado en Bogotá desde entonces. “Hay consenso de que no se sale del régimen si no se tiene al sector militar de lado. Y no necesariamente con un golpe, bastaría con que los militares dijeran ‘no vamos a reprimir la protesta social’ y exigimos que se cumpla la Constitución del 99 frente a los riesgos de que aprueben una nueva Carta Magna comunista”, le dice a este diario. “Es lo que el país espera”.

SALUD HERNÁNDEZ-MORA

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: Mundo

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