'Chalecos amarillos' participan en la jornada de protestas convocada en Oport
‘Chalecos amarillos’ participan en la jornada de protestas convocada en Oporto, Portugal. JOSE COELHOEFE

El primer gran intento de exportar el movimiento de los ‘chalecos amarillos’ más allá de las fronteras francesas fracasó este viernes en Portugal, donde pocos respaldaron la movilización que pretendía paralizar al país vecino. Aunque se convocaron protestas en más de 25 ciudades portuguesas, en la mayoría de las poblaciones escasas decenas de manifestantes acudieron a los puntos de reunión establecidos. En capitales distritales como Évora, menos de 10 personas participaron en el evento, y en Beja el único chaleco amarillo a la vista era el de un policía de tránsito.

A diez meses de las elecciones legislativas el Ejecutivo de António Costa tomó toda precaución posible para evitar grandes disturbios. Los 20.000 miembros de la policía lusa fueron puestos en activo, y ante la posibilidad que se produjera una situación similar a la del Aeropuerto de Gatwick -donde drones sembraron el caos el jueves-, la Fuerza Aérea estableció una zona de exclusión aérea en torno a los aeropuertos lusos.

Uno de los pocos sitios en los que los chalecos amarillos consiguieron hacerse notar fue Braga, donde un centenar de manifestantes cortaron los accesos a la ciudad y lanzaron botellas contra los coches que intentaron esquivar su bloqueo. En Oporto los manifestantes ocuparon uno de los puntos de acceso a la Invicta durante unas horas.

Aunque habían amenazado con rodear a la Asamblea de la República y cortar los Puentes 25 de Abril y Vasco de Gama, en Lisboa los chalecos amarillos brillaron por su ausencia. Los pocos manifestantes se concentraron en torno a la Plaza del Marqués de Pombal, y entre ellos destacaron decenas de militantes de grupos de extrema derecha. Su presencia hizo que los organizadores de la protesta la desconvocaran “para evitar ser relacionados con ese colectivo”.

A primera vista, Portugal sería un país ideal para lanzar un movimiento como el de los chalecos amarillos. Pese a la tímida mejora económica de los últimos años, las políticas de austeridad del Gobierno han puesto a profesores, enfermeros y trabajadores ferroviarios en pie de guerra durante los últimos meses. El salario mínimo es de 600 euros mensuales y los impuestos sobre los carburantes son de los más altos de Europa. Pese a ello, las últimas encuestas indican que más del 70% de los lusos apoyan la gestión de Costa, que tiene toda probabilidad de ganar las próximas elecciones.

Los lusos presumen de ser un pueblo de “suaves costumbres” y no tienden a manifestarse: durante los peores años de la crisis se registró apenas una manifestación multitudinaria, y es bien sabido que la Revolución de los Claveles fue protagonizada por las Fuerzas Armadas, no la ciudadanía. Hay descontento social en Portugal, pero no lo suficiente para que los lusos tomen las calles, y mucho menos a cuatro días de las Navidades.

AITOR HERNÁNDEZ-MORALES

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: Mundo

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