Agentes de la Guardia Civil en el lugar donde fue enterrado Fernando
Agentes de la Guardia Civil en el lugar donde fue enterrado Fernando Iglesias Espiño, en el ángulo superior. EL MUNDO

Fernando Iglesias Espiño figuraba desde el pasado mes de agosto como fugado porque no había regresado tras un permiso penitenciario a la prisión en la que cumplía 54 años de condena por un triple crimen. Fue declarado en rebeldía y se inició una investigación para dar con su paradero, que seguía sin éxito cuatro meses después. Hasta esta semana. Este jueves la Guardia Civil ponía fin a meses de trabajo con el hallazgo de su cadáver enterrado en una granja del rural de Ourense, la detención de sus dos presuntos asesinos y la conclusión de que no se había fugado, sino que le mataron ya antes del día límite que tenía para regresar a la cárcel y llevaba los últimos meses enterrado.

Sus dos presuntos asesinos están ya por orden del juez instructor de la causa en prisión comunicada y sin posibilidad de eludirla pagando una fianza. Enmarañando todavía más un caso que ya resultaba truculento por las circunstancias del asesinado, se da la circunstancia de que los dos sospechosos de haberle quitado la vida también eran presos cuando le mataron, uno vigilado con una pulsera telemática y el otro con beneficios penitenciarios que le permitían disfrutar de permisos como los de su víctima.

El Juzgado de Instrucción número 2 de Ourense ha decretado el secreto de las actuaciones, de modo que pocos detalles se conocen de las circunstancias del crimen, pero fuentes judiciales oficiales sí han confirmado que todo apunta a que el crimen se produjo ya el mismo fin de semana en que Fernando Iglesias disfrutaba del permiso del que no regresó, siendo declarado como fugado.

Fernando Iglesias, el triple asesino que no regresó a prisión tras  1

Las alarmas saltaron ya desde el primer momento de las investigaciones sobre su paradero porque se trataba de un preso con un grave delito -estaba condenado por haber matado a su mujer y sus dos hijos de 12 y 18 años-, pero que nunca había dado signos de tener intención de eludir su situación de prisión. De hecho, había cumplido ya 22 años de condena, había disfrutado de 81 permisos durante tu estancia en prisión, últimamente todos los meses, y nunca se había fugado.

Esa extrañeza sobre su repentina fuga se aderezaba, además, con la circunstancia de que, aunque su pena era a 54 años de prisión por el conocido como crimen de Jinámar, cometido en Las Palmas en 1996, el máximo de tiempo que pasaría entre rejas sería, por ley, 25, de modo que tan sólo le quedaban tres para recobrar la libertad plena. Se había establecido que en agosto de 2021 habría saldado su deuda con la sociedad, de modo que parecía raro que en la recta final de su reclusión se fugase y tampoco se había detectado nunca su intención de hacerlo, pues incluso se consideraba que estaba rehaciendo su vida durante los permisos.

Los investigadores que le buscaban desde que el 13 de agosto no regresó a la prisión de Pereiro de Aguiar, en Ourense, tenían muy en cuenta estas circunstancias y, según ha trascendido, empezaron a tener sospechas de que su desenlace no había sido, precisamente, la libertad. Sin embargo, hasta esta semana no pudieron dar por cerrado el círculo. Primero la Guardia Civil detuvo a sus presuntos asesinos -uno de ellos estando en prisión- y este jueves fue localizado el cadáver.

Enterrado a bastante profundidad en una granja

El cuerpo estaba enterrado a bastante profundidad en una finca del lugar de Senra, en el pequeño municipio de Piñor de Cea, en Ourense, que se dedicaba a la cría de pollos y presentaba múltiples signos de violencia. Todos los indicios apuntan a que se trata de una muerte violenta y también de un robo, de ahí que el regreso de sus presuntos asesinos a prisión haya sido por el delito de homicidio/asesinato en concurso con otro de robo con violencia.

La investigación continúa y, además, lo hace con todas las reservas, pero una de las líneas trabaja con la hipótesis de que el crimen puede tener relación con una herencia que habría cobrado el ahora fallecido. Los dos sospechosos conocían esa circunstancia porque ambos fueron compañeros suyos en prisión y uno de ellos aún lo era cuando Iglesias fue asesinado. Le habrían matado para quedarse con una cantidad de varios miles de euros.

Su trágico final, de todas formas, no debe dejar de poner el foco sobre la atrocidad de los hechos de Fernando Iglesias, que en octubre de 1996 mató a su familia en la casa familiar durante la madrugada después de un enfrentamiento durante la cena y, tras beber y dormir la borrachera, llamó a la Policía para contarlo.

NATALIA PUGA

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: España Mundo

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