Fuerzas progubernamentales yemeníes a las afueras de la ciudad portuaria de H
Fuerzas progubernamentales yemeníes a las afueras de la ciudad portuaria de Hodeida. STRINGERAFP

La estratégica ciudad yemení de Hodeida es desde hace días un infierno dominado por el ruido de los bombardeos, los helicópteros Apache que sobrevuelan su callejero y los morteros que lanza el grupo rebelde chií de los hutíes para detener el avance de las tropas gubernamentales apoyadas por la coalición árabe que lidera Arabia Saudí. Una ofensiva que se ha recrudecido este viernes entre llamadas a detener una campaña que amenaza a la población civil atrapada en la urbe.

“Los aviones saudíes no dejan de merodear por el cielo de Hodeida. Están bombardeando zonas civiles lejos de los lugares de combate“, relata a EL MUNDO Ahmed Amin, un vecino que resiste en la ciudad portuaria, a 150 kilómetros al suroeste de Saná y puerta de entrada de la ayuda humanitaria. “La mayoría de la gente en Hodeida ni siquiera puede huir porque no quedan medios de transporte ni tienen recursos con los que costear los desplazamientos”, agrega al otro lado del hilo telefónico.

Los uniformados del presidente yemení Abdo Rabu Mansur Hadi, respaldados por la coalición árabe armada y equipada por Estados Unidos, reactivaron la semana pasada una ofensiva inaugurada hace cinco meses que no había logrado progresos notables. Este jueves, por primera vez, consiguieron irrumpir en la villa y avanzaron unos kilómetros desde los frentes sur y este amenazando con asediar por completo la ciudad.

En un comunicado, el Gobierno ha anunciado este viernes el inicio de una “vasta campaña” para recuperar el control de Hodeida, que ha permanecido bajo control rebelde junto a otras zonas del norte del país desde 2014. “Ha dado comienzo una operación militar y las fuerzas del ejército nacional han avanzado hacia los lados norte y oeste de la ciudad de Hodeida firmando progresos en todos los frentes con el apoyo de la coalición árabe”, ha detallado la nota, que reconoce que se están librando “feroces escaramuzas”.

Parapetados en sus calles, los hutíes han prometido resistir hasta el final incrementando los contraataques, hostigando las plazas conquistadas por las tropas gubernamentales y colocando francotiradores en edificios civiles como hospitales y viviendas. Conscientes de la ofensiva, han cavado trincheras y desperdigado minas en las carreteras que conducen a la ciudad. En los últimos días, más de 150 combatientes de ambos bandos han perdido la vida en los choques.

Tan solo el miércoles 18 civiles fallecieron y otros 17 resultaron heridos en los bombardeos, las minas y la artillería. Según Unicef, la vida de 59 niños, incluidos 25 que se hallan en la unidad de cuidados intensivos de uno de los hospitales de la villa, corre peligro. “Los bombardeos contra instalaciones civiles y económicas no cesan. Hemos perdido varios silos de cereales que abastecían a la ciudad y varios hospitales han dejado de funcionar”, denuncia Amin.

La nueva escalada ha vuelto a hacer sonar las alarmas de las organizaciones internacionales que aún trabajan en la nación más pobre de golfo Pérsico, convertida en el escenario de la lucha por la hegemonía regional que libran Riad y Teherán. “Hodeida corre el riesgo de ser destruida”, advierte Mohamed Abdi, director del Consejo Noruego del Refugiado en Yemen. “Ya dijimos que se avecinaba una ofensiva y que la violencia provocaría la huida de otro medio millón de personas. Ahora, al permitir que esto continúe, las partes en conflicto y sus patrocinadores serán responsables de la muerte, las lesiones y el sufrimiento de millones de personas”.

Varias agencias de la ONU han vuelto este viernes a levantar la voz contra un ataque que agrava la que es ya “la mayor crisis humanitaria del planeta”, con 14 millones de civiles -la mitad de la población- al borde de la hambruna y con un “escenario apocalíptico” por delante si los choques obligan a cerrar el puerto de Hodeida, por el que llega al país el 80% de los bienes importados. A falta de un censo actualizado, la provincia de Hodeida tenía una población cercana a los 2,6 millones de personas en 2011. El Alto Comisionado para los refugiados de la ONU ha alertado del sombrío destino de los decenas de miles de civiles que aún permanecen atrapados en unas condiciones muy precarias.

Cinco carreteras han sido cortadas y la única operativa que enlaza con Saná, la capital, corre el peligro de acabar destruida por los ataque aéreos. “No hay electricidad desde el inicio de la guerra y el abastecimiento de agua se está reduciendo. La población vive de la ayuda que proporciona la ONU a través del puerto. Casi no quedan ya hospitales y varios centros médicos especializados han cerrado”, comenta Amin desde una ciudad fantasma, sometida a brutales enfrentamientos.

En mitad de la violencia, el Programa Mundial de Alimentos ha avanzado este viernes su decisión de duplicar su plan de asistencia a Yemen para evitar “el hambre masiva” de una población debilitada por la propagación del cólera o la difteria. Cada diez minutos un menor de edad fallece en Yemen como consecuencia de enfermedades que podrían ser prevenidas fácilmente, alerta Unicef. “La situación empeora a diario”, desliza la agencia de la ONU.

La batalla por Hodeida coincide con la llamada del secretario de Defensa estadounidense, Jim Mattis, a iniciar conversaciones de paz entre la coalición y los hutíes en el plazo máximo de 30 días. Una petición incierta mientras Washington, bajo presión por el asesinato del periodista saudí Yamal Khashoggi, mantiene la ayuda militar. “La inacción de EEUU y Reino Unido es absolutamente irracional”, censura Abdi.

Una parálisis diplomática que pueden volver crónicos el asalto a Hodeida y un conflicto que ha segado más de 10.000 vidas civiles desde el inicio de los bombardeos en marzo de 2015. “Las escaladas militares no ayudan a los esfuerzos por relanzar el proceso político”, ha recordado Martin Griffiths, el enviado de la ONU en Yemen que trata sin éxito de empujar a las partes en liza hacia la mesa de negociación en una nueva ronda inicialmente prevista para el próximo diciembre en Suecia. “Nadie quiere una catástrofe en Hodeida”, apunta.

FRANCISCO CARRIÓN

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: Mundo

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