El director de EL MUNDO, Francisco Rosell, durante la conferencia
El director de EL MUNDO, Francisco Rosell, durante la conferencia ‘Fake news: la verdad del cuento’ en los cursos de verano de El Escorial OLMO CALVO

Para comenzar, un dato. Según un informe publicado este año por la consultora Edelman, el 63% de la población mundial no es capaz de distinguir una noticia real de una falsa. También afirma que el 59% de la población es incapaz de saber si una información proviene de una fuente seria o no. Ante este panorama, combatir las fake news -noticias falsas- parece haberse convertido en uno de los principales objetivos para el nada desdeñable intento de mantener la pureza de la democracia tal y como todavía se conoce.

Este fue el tema elegido por el director de EL MUNDO, Francisco Rosell, para su participación en el curso Políticas sociales y libertades públicas en España: Constitución, comunicación y ciudadanía, que tiene lugar en el marco de los Cursos de Verano de El Escorial, organizados por la Universidad Complutense de Madrid. “La calidad de la democracia pasa por la calidad de sus medios de comunicación”, arrancó Rosell. “La calidad de la democracia es un hombre, un voto; un hombre, un periódico”, añadió.

Aunque los términos como fake news o posverdad se rodean de un aura de modernidad, no son nada nuevo. “Es que el periodismo ya nació para combatir las noticias falsas, ése es su alma”, aclaró Rosell. El uso oscuro de la propaganda y la desinformación, por poner un ejemplo, ya se vio en la Guerra Fría. La diferencia es que ahora vienen marcados por la existencia del ciberespacio, lo que crea un nuevo frente difícil de abarcar con Estados e individuos dispuestos a usarlo en su beneficio.

“La posverdad es un término que significa que hay mentiras que se creen más que la verdad, consiste en que una mentira se justifica con los sentimientos”, comentó. “Y tiene una gran acogida porque alimenta los prejuicios”, añadió. “La gente no acepta la verdad porque le parece mentira y acepta la mentira porque le parece verdad, porque eso reafirma sus ideas”. ¿La solución? Un periodismo de calidad.

“El verdadero problema de la manipulación de los hechos, al menos desde el ámbito político, es que suele acabar generando violencia”, defendió el director de EL MUNDO. “Es muy importante el hecho de que una mentira puede desatar procesos indeseados por sus consecuencias”, añadió. Un ejemplo claro es la campaña que la empresa Whats App está llevando a cabo en India para educar en este ámbito después de varios asesinatos causados por bulos difundidos en la plataforma.

Para Rosell, “las redes sociales no son medios de comunicación sino canales por los que circula quien quiere, a la velocidad que quiere”. Por ello, definió como un espejismo esa idea de que las redes sociales suponen la liberación de los intermediarios, de ciudadanos que ya no necesitan a los medios. “Siempre hay intermediarios, aunque se llame Facebook, no hay manos invisibles”, comentó, y añadió que “hay que pedirles responsabilidades en caso de que haya exceso”.

El desenlace de la mala información se ve en casos como el Brexit en Reino Unido, donde ahora se demuestra que las falsedades no son sostenibles. También en Cataluña se ha desarrollado este fenómeno: “El referéndum ilegal se construyó sobre un montón de mentiras históricas y manipulación de los hechos”.

Sin embargo, el problema de raíz va más allá. “Esta situación está generando un efecto muy pernicioso en las sociedades democráticas, el de la polarización”, comentó Rosell. “Cada uno ahora sólo se comunica y forma comunidad con aquel que piensa igual, sin espacio de información compartida. Se está produciendo una bipolarización de las sociedades y, a mi juicio, es algo serio”, aseguró. “El reconocimiento del otro es primordial para el funcionamiento de la libertad, y eso lo garantizan los medios de comunicación”.

Y como conclusión el director de EL MUNDO terminó citando al editor estadounidense Joseph Pulitzer: “Las naciones prosperan o decaen al mismo tiempo que su prensa”.

DIEGO RODRÍGUEZ VEIGA

Fuente: EL MUNDO

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