El ex ministro del Interior en la primera legislatura de Mariano
El ex ministro del Interior en la primera legislatura de Mariano Rajoy, Jorge Fernández Díaz ANTONIO HEREDIA

“La primera quincena de julio de 2012 sentí en conciencia la necesidad de ir a ver a Jordi Pujol para llegar a algún tipo de acuerdo que evitara que Cataluña entrara en una confrontación con el Estado. Había tenido con él una relación especial a pesar de las diferencias políticas, pero siempre habíamos tenido un respeto y afecto mutuos”.

“Compartimos vivencias en momentos muy delicados, como la tarde del 23-F, cuando me llamó a Oviedo, donde era gobernador civil de Asturias, una hora después de que entrara Tejero en el Congreso y me pidió que trasladara a Suárez y a Calvo Sotelo que el catalanismo que él representaba era compatible con la pertenencia a España sin ninguna discusión”.

“Aunque aparentemente estaba apartado de la primera línea política y había abandonado gran parte de la potestas, su auctoritas en el partido permanecía intocable. Me reuní con el presidente Mariano Rajoy en Moncloa, le planteé mi deseo de hablar con Pujol a calzón quitado sobre la situación y le pedí su autorización. Me dijo que no tenía ninguna esperanza de que consiguiera algo, pero que adelante”.

Jorge Fernández Díaz (Valladolid, 1950), ministro del Interior entre 2011 y 2016, rompe su silencio en exclusiva con EL MUNDO cuando se van a cumplir dos años de su salida del Gobierno del PP.

En pleno proceso de preparación de un libro en el que repasará su amplia trayectoria política y que saldrá a la venta la próxima primavera editado por Península-Planeta -precisa con énfasis que no son unas memorias porque continúa en activo-, desvela por primera vez cómo el Ejecutivo de Rajoy se reunió en secreto con el ex presidente autonómico catalán para intentar parar a tiempo el procés. Junto a este episodio aborda algunos de los hitos más polémicos que marcaron su etapa al frente de la Seguridad del Estado, la única desde la Transición en la que no hubo ningún atentado terrorista con víctimas.

La oferta de diálogo

“Tras tener la autorización del presidente del Gobierno llamé a Jordi Pujol y quedé con él al día siguiente en Barcelona. Me recibió en su despacho de ex presidente de la Generalitat y le pedí que mantuviera en secreto el encuentro. Le hablé con total confianza. Le recordé su gestión al frente de Cataluña, lo que dice mi buen amigo Juan José Lucas, que había recibido la autonomía en cera y que la había moldeado en monocolor. Le planteé que cómo era posible que liderara el discurso de que no había más remedio que ir a una confrontación después de que siempre hubiera defendido que no podía haber dos Cataluñas”.

Pujol escuchó atentamente la introducción de Fernández Díaz en mangas de camisa, paseando nervioso por su despacho, y asumió, en su turno de réplica, la responsabilidad política de la deriva independentista. Fernández Díaz no recuerda que mencionara ni una sola vez durante las horas que duró la reunión al entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas. Tampoco al secretario general del partido, su hijo Oriol. Lo percibió en todo momento como el jefe político del nacionalismo catalán pasado y presente.

“Encajó mis comentarios y mis reflexiones, que por otra parte eran hechos que expuse con toda claridad, hasta que en un momento dado levantó el teléfono y llamó a su secretaria para pedirle un ejemplar de El caminant davant del congostEl caminante ante la encrucijada-, un libro suyo de conversaciones. Me lo entregó y me dijo: ‘No tendrás tiempo de leerlo entero por tus labores como ministro, pero, sobre todo, lee el prólogo’. Me lo fijó con un clip, me lo dedicó cariñosamente y me añadió: ‘Aquí se sintetiza por qué he tomado esta decisión y no queda otro remedio'”.

Esta obra apela a los catalanes a independizarse como vía para evitar “morir de hambre” o ser arrollados por una “riada en pleno desfiladero” y en ella no reniega de su trayectoria política, durante la que apostó por que Cataluña tuviera cabida dentro de España pero advierte de que ha sufrido una “catarsis” hacia el soberanismo.

El entonces ministro del Interior volvió a la carga con su argumentario para intentar disuadir, una vez más, a Pujol, que culpaba al Estado español de la situación y no aceptaba un solo error en el planteamiento político nacionalista.

“Tanto la creación de nuestra Constitución como su desarrollo tienen un acento y un protagonismo catalán y catalanista evidente. La Generalitat y CDC han hecho gala públicamente de que garantizaban la gobernabilidad en circunstancias extremas como el 23-F y en ocasiones con apoyos parlamentarios determinantes como con Felipe González en 1993 o con José María Aznar en 1996 con los pactos del Majèstic. ¿Cómo es que ahora todo es culpa de los otros que no han entendido a Cataluña? ¿Cómo es posible que ahora todo sea culpa del España nos roba, de un expolio fiscal que ahoga a la comunidad, que el PP se haya convertido en el chivo expiatorio y que estemos de pronto en la encrucijada?”, le insistió el responsable de Interior.

La despedida de Pujol

El ex presidente catalán no se movió un ápice de su posición. Planteó que la determinación era irreversible y se puso punto y final al encuentro tras varias horas. Pujol preparó minuciosamente un lote de libros en catalán para él e hizo lo propio con un lote en castellano para Rajoy.

Pero todavía hubo tiempo para un último comentario del histórico líder nacionalista catalán que no encontró respuesta alguna en su interlocutor, enmudecido por la sorpresa: “De todas maneras, quiero que sepas que yo, después de todo esto, seguramente dejaré la política”.

Fernández Díaz se apresuró a llamar a Rajoy a la salida de la reunión, ya camino de Madrid. “Presidente, me ha dicho Pujol que no hay solución y que la decisión ya está tomada”. “Te dije que no iba a servir de nada”, le indicó el responsable del Ejecutivo, reafirmándose en su escepticismo inicial.

“Los hechos a continuación se desencadenaron de manera inexorable”, señala ya con perspectiva el histórico alto cargo popular. “Se calentó el ambiente para una Diada multitudinaria que fue espoleada por el España nos roba, el expolio fiscal y el PP como culpable de todos los males que asolaban Cataluña. El presidente Mas, a rebufo de esa Diada, convocó elecciones anticipadas con la convicción de una huida hacia adelante. La radicalización se tradujo en el resultado de las urnas: CDC, de 62 escaños bajó a 50; Esquerra, que había quedado por los suelos tras el tripartito, subió a 21; y se consiguió que la CUP emergiera como fuerza de ámbito parlamentario”.

La cita secreta con Pujol se convirtió, en palabras de Fernández Díaz, en el “último cartucho” del Ejecutivo de Rajoy para torcer lo que Mas denominó como “rumbo de colisión”. Pero también fue el punto y final a una estrecha relación personal y política del entonces ministro con los principales líderes independentistas, preludio de un encarnizado enfrentamiento en los años posteriores. Atrás quedaron las comidas y cenas como aliados presentes y futuros, en las que se tejían relaciones personales y políticas en un oasis catalán en el que todavía imperaba una cierta dosis de fair play.

Las últimas cenas

“Dos años antes de la reunión con el ex presidente, el mismo día que Mas fue investido como presidente, cené con él y con un grupo de personas significativas de la sociedad catalana en el Hotel NH de la calle Valencia de Barcelona. Tenía una mezcla de satisfacción de volver a casa tras el Tripartito, pero también de preocupación de quien es consciente de que asume el Gobierno en plena crisis económica y social”. “Me dijo: ‘Nunca hubiera pensado que fuera tan complicado formar gobierno’. Estaba preocupado por elegir a los mejores, pero en ningún momento habló de la independencia, no estaba en sus planes”.

La crisis se cebó especialmente con Cataluña hasta el punto de que “el 15 de junio de 2011 Mas tuvo que acceder al Parlament en helicóptero cuando el movimiento del 15-M rodeó la Cámara para que no se aprobara la primera ley de Presupuestos”. “Fue un icono muy significativo porque el presidente tuvo que reconocer la crisis y no podía culpar al PP, que no gobernaba ni había gobernado. Por eso, todo fue recreado a continuación”.

“Yo era diputado, vicepresidente tercero del Congreso, y en representación del PP de Cataluña, el interlocutor con CDC para negociar los acuerdos municipales y comarcales tras las elecciones municipales de mayo de 2011, que fueron muy fructíferos. La interlocución era franca y directa”.

Y tan estrecha era la relación que de entre todas las llamadas que recibió Fernández Díaz cuando fue nombrado ministro del Interior, una de las pocas que atendió personalmente mientras se colapsaba su teléfono fue precisamente la de Mas. “Me felicitó, me deseó mucha suerte y me dijo que tratándose de mí no había querido mandarme un simple mensaje”.

Poco antes, el 23 de septiembre, en la víspera de la Merced, cenaron en el Real Club de Polo de Barcelona los matrimonios Fernández Díaz y Mas junto al ex alcalde de Barcelona Xavier Trias y su mujer en el mismo clima amistoso. “Recuerdo muy bien que la esposa de Artur Mas comentó la situación tan desagradable que estaban viviendo y que se veían con dificultades para acudir a actos públicos porque la gente canalizaba el desencanto por la tremenda crisis que se vivía”.

Aquella complicidad se fue enfriando progresivamente, sin embargo, por la radicalización del mensaje nacionalista. “Hubo un convencimiento en CDC de que la dimensión de la crisis era descomunal y tenían que hacer algo para salir de aquella situación. Pero no sólo para evitar la pérdida del Gobierno, sino para que recuperar el poder no fuera imposible para el nacionalismo en el futuro. Por eso se impuso el relato de que Cataluña está sufriendo la crisis de una manera tan intensa porque está sometida a un expolio fiscal por parte del Estado español. Por lo tanto, España es la culpable, y se les traslada ese mensaje a los ciudadanos despedidos, a los que se les recortan los sueldos. Y con España, el culpable pasó a ser también el Gobierno del PP”.

Las investigaciones

A finales de 2012 fueron aflorando las primeras pesquisas sobre la familia Pujol, que venían desarrollándose con anterioridad. EL MUNDO desveló cómo por primera vez la Policía ponía negro sobre blanco que el clan catalán escondía dinero en Andorra. Lo que se conoció como el “informe-borrador de la UDEF” dinamitó la campaña de las elecciones catalanas anticipadas y supuso el inicio de la gran guerra. Los líderes independentistas lo interpretaron como una agresión vinculada a la negativa de Pujol de ceder a una solución pactada y comenzaron a incubar el contraataque posterior.

“Para nada tuvo relación la reunión con Pujol con las investigaciones, ojalá hubiera tenido éxito la cita y con su auctoritas en ese momento hubiera podido encauzar la situación, porque hubiéramos ganado todos. No hubo ninguna directriz política, aunque sé que se me culpa desde el independentismo de ser el instigador y el promotor a todos los niveles de una persecución contra sus líderes. A este relato ha contribuido de manera especial el señor Jaume Roures, cuya vinculación con los líderes del procés es pública y notoria. Todo nacionalismo es victimista por naturaleza y necesita un enemigo exterior, España, y uno interior, los malos catalanes que no comulgamos con el credo nacionalista. Todo es culpa de los demás y eso lo conocía muy bien Tarradellas, que decía que un defecto de los catalanes es que actuamos creyendo que tenemos la razón y los demás, la obligación de reconocérnosla”.

“Tuve conocimiento del ‘informe-borrador de la UDEF’ cuando fue publicado. Pregunté a qué se debía esa denominación y me dijeron que es el nombre que se da en la Policía a las notas de servicio con las que se da forma posteriormente a los informes. El entonces secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet, en rueda de prensa asumió la autoría de la filtración y dijo que lo había hecho porque las autoridades políticas del Ministerio estaban intentando parar esas investigaciones”.

Las pesquisas policiales, que arrancaron con aquel documento, desembocaron años después en la localización de las cuentas bancarias de la familia en Andorra. Acto seguido, tuvo lugar la confesión del patriarca del clan en julio de 2014 que acabaría provocando la imputación al completo de la familia, acusada de conformar una organización criminal.

La cuenta suiza y el 3%

La imparable oleada de hallazgos policiales y el inexorable avance de los procesos judiciales afectaron de lleno a renglón seguido a otro de los barones de CDC que mantenían una estrecha relación con el ministro del Interior. La UDEF denunció ante la Fiscalía Anticorrupción que el entonces alcalde de Barcelona tenía dinero en Suiza. Los líderes independentistas utilizaron esta acusación, negada hasta la saciedad por Trias, como el paradigma de “la máquina de fango” del Gobierno y la prensa para destruir al rival.

Arreció la campaña independentista, que denunció la existencia de una operación Cataluña consistente en que el Estado fabricó pruebas falsas para acabar con los enemigos políticos.

La Justicia ya ha sentenciado que aquella información fue veraz, Trias ha perdido todas las querellas presentadas, una de ellas contra Fernández Díaz ante la Sala Segunda del Supremo, y ha quedado acreditada la tenencia por parte de Trias de un trust familiar en el país helvético.

“Con Trias tenía muy buena relación, no lo oculto. ¿Pero a alguien se le ocurre que el ministro del Interior va a estar pendiente de que se investigue al alcalde de Barcelona para ver si tiene dinero en Suiza? Quienes piensan esas cosas es porque creen que eso puede hacerse”. “Me llamó mucho la atención la sincronización perfecta que hubo entre la respuesta del señor Trias y el informe del banco suizo que negaba que tuviera dinero allí. Justo cuando le preguntó la oposición en el Pleno sacó el comunicado. Nadie obtiene un certificado con esa rapidez. Fíjese si yo era ajeno a esos hechos que hablé con el director de La Vanguardia, que estaba interesado en hablar conmigo cuando lo publicó EL MUNDO. A iniciativa suya y no al revés. Trias me ha estado insultando reiteradamente y no le he contestado”.

Con los Pujol imputados en pleno y Trias en la picota, tanto la Guardia Civil como la Policía Judicial lanzaron un ataque letal al corazón de la financiación ilegal de CDC, documentando años después la denuncia que se realizó en 2005 en sede parlamentaria. Afloró el pago sistemático de comisiones a cambio de grandes contratos públicos a través de las fundaciones instrumentales del partido, se cuadró al céntimo el ya célebre porcentaje y el caso Palau dejó de ser un caso aislado.

“El 3% era un secreto a voces en Cataluña, en especial desde que Maragall lo hiciera público en el Parlament. Cualquiera que tuviera un mínimo de conocimiento de la política catalana lo sabía. No quiero acusar a nadie pero que no se nos tome por tontos, cualquiera que haya tenido alguna responsabilidad política había tenido información sobre este tema”.

“Pero lo llamativo no sólo fue lo que dijo Maragall, sino la respuesta de Mas, que le acusó de irresponsable y le dijo: ‘Ustedes y nosotros tenemos cosas importantes que hacer juntos y usted se las acaba de cargar ahora mismo'”. Lo que tenían que hacer juntos era el nuevo Estatuto de Cataluña que requería de una mayoría cualificada en el Parlamento.

“A mí se me ha acusado de crear una policía política para intentar obstaculizar los casos que afectaban al PP. Si eso hubiera sido así, yo soy un desastre, me tenían que haber cesado fulminantemente por mi inoperancia. Ahí están los casos Lezo, Púnica, Gürtel, Bárcenas, entre otros, desarrollados durante mi etapa”.

El futuro de Cataluña

Llegados a este punto, con la vieja guardia de la era Pujol imputada y sus sucesores en prisión preventiva o prófugos de la Justicia, cuando todavía sigue resonando con fuerza el discurso que se puso en marcha en aquel lejano 2012, Fernández Díaz sólo atisba una solución, que pasa por intervenir en la educación y en los medios de comunicación públicos catalanes para restaurar el orden constitucional y zanjar una situación “cronificada”.

“Hemos llegado a este punto tras dos generaciones de catalanes que han sido educadas en las escuelas con distorsiones muy graves en relación con la verdad histórica. No me preocupa quién gestione la educación en los colegios del País Vasco, de Cataluña, de Galicia o de Extremadura. Sólo me interesa que se enseñe en todo el territorio la misma y auténtica historia de España. El problema principal, en mi opinión, es que se está haciendo lo contrario no sólo en Cataluña, sino en no pocos otros lugares de nuestro país. No se puede defender lo que no se ama y no se puede amar lo que no se conoce”.

“Por eso, si la normalidad no se produce y continúa la Generalitat en la actual situación, habrá que aplicar la Constitución y el 155. Este artículo no es la solución en sí misma, pero sí la condición necesaria para encontrar la solución”.

ESTEBAN URREIZTIETA

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: España Mundo

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