Pedro Sánchez encabeza la foto de familia del Consejo de Ministros en Barcelo
Pedro Sánchez encabeza la foto de familia del Consejo de Ministros en Barcelona.
JAVIER BARBANCHO

El Gobierno se dispone a cruzar una puerta sin saber que hay al otro lado. El proceso de diálogo con Cataluña, sellado el jueves en Barcelona entre el Gobierno y la Generalitat, se impulsa sin «garantías» de hacia dónde camina el independentismo. Con la certificación de que son conscientes del fracaso de la vía unilateral pero sin los datos suficientes sobre cuando lo asumirán o de si llegarán a hacerlo. Divididos, sí; deseosos de que unos nuevos presupuestos les permitan desencallar los problemas más urgentes que tiene la Generalitat y también impredecibles sobre cómo les afectará al juicio del procés. Nadie, explican fuentes conocedoras de este mundo, se quiere bajar primero, ni está dispuesto a que le acusen de «traidor».

La constatación de que se trata de un camino a oscuras convierte en más arriesgada la apuesta del presidente del Gobierno. Pedro Sánchez está «convencido» de que es capaz de dar una solución al asunto catalán. Es una certeza prácticamente «personal», en la que no le acompaña su partido. Ni esto ni que la posibilidad de que acabe en fracaso parecen preocuparle.

Evidentemente no es un filántropo de la política. El jefe del Ejecutivo necesita el voto del PDeCAT y de ERC para aprobar unos nuevos Presupuestos y poder continuar en Moncloa y acuerdos como el suscrito en el Palacio de Pedralbes lo facilitan. Pero, además, piensa que él es la persona que realmente puede acabar con el «conflicto» entre España y Cataluña.

Por ambas razones se ha embarcado en una cruzada que hasta ahora sólo le ha provocado heridas. Ha evitado decir que no indultará a los presos; ha dado a la relación institucional con Cataluña un papel primordial en la acción del Gobierno y ahora hace la pirueta mortal del diálogo, sin que la Generalitat renuncie a las críticas al Ejecutivo. Celebró la reunión con Torra pero tuvo que aceptar el encuentro paralelo de los vicepresidentes -Carmen Calvo y Pere Aragonès, la ministra de Política Territorial, Meritxell Batet, y la consellera de Presidencia y portavoz, Elsa Artadi. No hubo la cumbre global que vendía el Govern pero sí la foto de los seis.

El encuentro no fue en la Generalitat para evitar el lazo amarillo sino en el Palacio de Pedralbes, de reminiscencias monárquicas, pero los independentistas le colocaron las flores de Pascua de color amarillo, utilizado como símbolo de apoyo a los presos. Accedió a eliminar del comunicado la referencia a la Constitución y lo sustituyó por «seguridad jurídica» y apenas una hora después de firmarlo, Torra le pedía en el acto de la patronal catalana en el que volvían a coincidir el «derecho de autodeterminación».

No es precisamente un camino de rosas. Y la prueba es la tensión que todas estas decisiones han generado en el PSOE. Una inquietud que existía desde que me empezó la política de apaciguamiento pero que se ha intensificado tras el descalabro en las elecciones andaluzas. Sánchez ha tratado de calmar a sus barones, recibiéndoles en los últimos días en Moncloa. Les ha confirmado su intención de volcar todos sus esfuerzos en aprobar los Presupuestos pero también de no realizar ninguna concesión a los independentistas.

Avisos desde Aragón y Castilla-La Mancha

Este viernes, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, la ministra Batet no quiso valorar si el hecho de que se eliminará las alusiones a la Constitución, a petición de la parte catalana, era una cesión pero defendió que el término «seguridad jurídica», que fue por el que se cambió, significa «respeto al ordenamiento jurídico que compone la Constitución y los Estatutos de Autonomía». «No hay seguridad jurídica sin respeto al ordenamiento jurídico», insistió.

El Gobierno quiere creer que aceptar esto significa un paso por parte del independentismo pero reconoce que son necesarios muchos más. Este viernes en Barcelona el Ejecutivo hizo nuevos gestos a Cataluña. La portavoz, Isabel Celaá, defendió la apuesta por el diálogo para «encauzar la salida al conflicto» pero dijo que se necesita la «reciprocidad» del Govern. La respuesta de la Generalitat fue rechazar todas sus decisiones y culpar al Ejecutivo por los incidentes que se produjeron a lo largo de la jornada.

Con estos compañeros de mesa pretende Sánchez alcanzar un solución en Cataluña. Algunos barones creen que debe intentarlo otros abiertamente censuran su pretensión. El presidente de Aragón, Javier Lambán, señaló que no admite «transacciones con el separatismo», al que aseguró hay que combatir «por la vía política, legal, judicial y cultural», ni tampoco «ningún tipo de bilateralidad entre Cataluña y el Gobierno de España que vaya más allá de la Constitución, el Estatuto y el respeto a las demás autonomías», informa Javier Ortega.

Desde Castilla-La Mancha, el diputado del PSOE Fernando Mora señaló tanto el Gobierno de Castilla-La Mancha como el presidente regional, Emiliano García-Page, tiene «muy claro» que, en torno a Cataluña, «todo dentro de la Constitución y nada fuera de Constitución» y que es «en esos márgenes» en los que hay que moverse. El PSOE contiene el aliento con la apuesta de Sánchez.

MARISOL HERNÁNDEZ

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: España Mundo

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