Las bases de ambos partidos deberían votar este fin de semana el documento, que será presentado el lunes al presidente de la República

Luigi Di Maio, líder del Movimiento 5 Estrellas, ayer en Roma. GIUSEPPE LAMI
Luigi Di Maio, líder del Movimiento 5 Estrellas, ayer en Roma. GIUSEPPE LAMI

La sobrevenida relación entre el Movimiento 5 Estrellas (M5S) y la Liga está construida sobre un polvorín de malestar, cabreo y recetas urgentes para resolver viejos problemas. Un cóctel explosivo que condena estos días al fracaso cualquier pronóstico sobre la negociación. Pero atendiendo a las palabras de sus líderes, este jueves se dio formalmente por cerrada la redacción del acuerdo de Gobierno que debería unirles los próximos cinco años. Un documento de tintes lepenistas y soberanistas claramente decantado del lado del partido de Matteo Salvini, que ha logrado colocar la mayoría de sus eslóganes de campaña electoral: Flat Tax, deportaciones de inmigrantes, clausura de asentamientos de gitanos, bajada de impuestos en la gasolina, subvenciones en guarderías solo para italianos o volver a la Europa pre Maastricht (literal).

La Liga, mucho menos optimista que su nuevo aliado estos días, impone su corazón ideológico. Pero el M5S, socio mayoritario del nuevo artefacto (tiene el 33% de los votos frente al 17% de la Liga) propondrá al primer ministro. Ese era el trato el jueves por la tarde y la batalla que queda por librar. Según fuentes del entorno de la Liga, el M5S albergaba grandes esperanzas hasta el último momento de coronar a su líder, Luigi Di Maio (31 años y una legislatura como parlamentario de experiencia). Pero es muy complicado que Salvini acepte un desequilibrio de este tipo. En cualquier caso, el nuevo primer ministro deberá ser un violinista experto capaz de interpretar la partitura que le han escrito sin saltarse ni una nota. Y, preferiblemente, sin añadir nada. Se busca un perfil parecido al de Giuseppe Conte, profesor universitario que debía ocupar un puesto en el Gobierno que diseñó Di Maio en campaña electoral y que ya sonó en días anteriores.

Más allá de este detalle crucial, ambos partidos someterán a votación el acuerdo antes de ser aprobado definitivamente. M5S lo hará entre este viernes y el domingo a través de su plataforma online Rousseau. Un sistema en el que solo pueden votar los inscritos que cumplen con una serie de opacos requisitos (en la elección de Di Maio como candidato participaron 38.000 personas, mientras que en las primarias del PD votaron dos millones). La Liga, en cambio, sacará a la calle urnas y abrirá la votación a toda su militancia.

La prima sigue subiendo

El programa común, construido a base de propuestas de digestión rápida y dudosa base financiera, sigue generando alarma. Italia, como cuando en 2011 cayó el Gobierno de Berlusconi, vuelve a sentirse observada Tras una jornada de aviso en los mercados (Italia está a la cola en crecimiento en la zona euro), el jueves la prima siguió subiendo hasta 160 puntos y volvieron a oírse voces de alerta. Primero llegó la del primer ministro saliente, Paolo Gentiloni, que advirtió de los peligros de realizar “política de deuda y déficit” y de realizar promesas irrealizables. “Si se va por fuera de la carretera quienes se lastimará será a los ciudadanos italianos y no a los euroburócratas”.

El presidente francés, Emmanuel Macron, también mostró cierta inquietud por una alianza entre partidos antagónicos, pero expresó su respeto en las decisiones democráticas y la confianza en la sabiduría del presidente de la República, Sergio Mattarella, para navegar en la tormenta. Pero en el Palacio del Quirinal empiezan a estar hartos del espectáculo de los últimos días, de los borradores de acuerdo y de que se esté tratando al presidente como un mero espectador que estampará la firma en un acuerdo cocinado en un despacho del Palacio de Montecitorio.

La sensación, pese al avance en la redacción del contrato y las señales de optimismo que lanza el M5S, es que en cualquier momento la negociación puede descarrilar. Salvini este jueves volvió a sembrar la duda: si el lunes no se ha logrado, dijo, se devuelve la palabra a Mattarella. Y el presidente, por si acaso, mantiene en la recámara su plan de Gobierno neutral por si todo se va al garete en el último minuto.

Daniel Verdú

Fuente: EL PAÍS

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