La canciller alemana Angela Merkel ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo,
La canciller alemana Angela Merkel ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia. REUTERS

“El egoísmo, el nacionalismo, nunca más puede prevalecer en Europa. Se lo debemos a las naciones pasadas pero sobre todo a las futuras. Debe prevalecer la tolerancia y la solidaridad, esos deben ser los exponentes de nuestro futuro común, esto sí vale la pena defenderlo”. A la canciller alemana, Angela Merkel, se pueden criticar muchas cosas en los últimos tres lustros, pero no el amilanarse ante los matones, a los de dentro y los de fuera de la UE. A veces en voz alta, casi siempre entre bambalinas y a menudo demasiado tarde, pero siempre sin buscar las cámaras, sino resultados.

Este martes, en Estrasburgo, ante el pleno de la Eurocámara, la canciller ha vuelto a demostrar, entre gritos, abucheos y rabia sin control de la extrema derecha, los populistas y los eurófobos que su visión no ha cambiado en lo fundamental, pero sí ha evolucionado en algunos puntos. Con una intervención cargada de recados y collejas. Para Visegrado, para el Gobierno italiano, para el presidente Donald Trump. Pero sobre todo para quienes buscan destruir la Unión, lo que representa y décadas de éxito innegable en la consolidación de la paz.

La cosmovisión merkeliana habla de los “grandes retos sociales y económicos, cada vez más intensos”, a los que hace frente el presente. Con problemas económicos, “terrorismo, conflictos y guerras a pocas horas de nuestras puertas. Con movimientos mundiales de refugiados y migración y un cambio digital que nos deja sin aliento”. Por no hablar, en abierta referencia a Washington, de los “viejos aliados que ponen en tela de juicio alianzas que han dado prueba de su validez”.

Por todo ello, Merkel cree que “cada vez es menos prometedor actuar en solitario. Es cada vez más importante que los europeos nos mantengamos unidos. Cuenta más que nunca el respeto del otro y sus intereses. Hoy más que nunca hay que entender que el alma de Europa es la tolerancia, forma parte intrínseca de lo que nos caracteriza”.

Haciendo también, algo no tan habitual, autocrítica en público. “Alemania no siempre ha dado el ejemplo perfecto. Antes de 2015 tardamos demasiado en entender como alemanes que era algo que nos afectaba no sólo a nosotros sino a todo lo demás, tardamos en entender que es tarea europea”, ha dicho.

Tras desfilar este fin de semana por las calles de Francia honrando a los caídos en la Primera Guerra Mundial, a pocos días de reunirse de nuevo con Emmanuel Macron, esta vez en Berlín, y minutos después de leer los incendiarios ataques de Trump a Emmanuel Macron, la canciller ha hecho un potente discurso en favor de Europa, de la UE, de las instituciones y de la necesidad de un ejército europeo.

En su discurso, la canciller tuvo palabras para Visegrado, para esa visión del Este que cada vez tienda más al extremo. “La solidaridad es un valor universal, ayudarse mutuamente es una condicione sine qua non para que una comunidad funcione. Forma parte del canon de nuestros valores, está en el ADN europeo. Las decisiones, individuales a nivel nacional, siempre repercuten en toda la UE. El que socava los derechos fundamentales, el que recorte derechos individuales, la libertad de expresión, no sólo pone en peligro el Estado de derecho en su país sino en toda la UE“, ha espetado ante el aplauso de la mayoría de los presentes.

El segundo recordatorio, más suave pero cargado de intención, ha ido hacia Roma. “Sólo puede funcionar el euro si todos y cada uno cumplen sus deberes y asumen su responsabilidad”, el que quiera “poner en tela de juicio la unidad europea frente a terceros, en sanciones o política de Derechos Humanos, mina la credibilidad de la acción de toda la UE. Europa sólo será escuchada si habla con una voz y permanece unida”.

El tercer mensaje, para Washington. Respaldando a Emmanuel Macron y la necesidad de tener un ejército europeo, lo que tanto ha enfadado estos días a Trump. “Europa, a largo plazo, debe ser capaz de actuar en el exterior”, ha dicho Merkel. “Tenemos que estar dispuestos a replantear nuestra manera de tomar decisiones y renunciar a la unanimidad donde sea posible y lo permitan los Tratados” ha dicho en referencia a la petición explícita de la Comisión Europea de guiar asuntos de Política Exterior por mayoría cualificada y no siempre por consenso absoluto.

“He propuesto un Consejo de Seguridad europeo con composición rotante. Una fuerza de intervención rápida europea donde sea necesario. La Pesco, la cooperación reforzada, es algo bueno”, ha añadido, pero “lo digo muy conscientemente, tenemos que seguir trabajando en la visión de que algún día tengamos un ejército europeo“. Merkel, haciendo suyas las palabras de Juncker en el pasado, ha defendido con mucho más entusiasmo que nunca antes en Europa esa propuesta. “Un ejército europeo demostraría al mundo que en Europa nunca más puede haber guerra. No es un ejército contra la OTAN, al contrario, un buen complemento. Nadie quiere echar por la borda una alianza que ha probado su valía”, ha insistido de nuevo poniendo sus ojos al otro lado del Atlántico.

Merkel ha empezado ya su camino de salida. Sus críticos, e incluso alguno de sus defensores, creen que es ya lo que en EEUU denominan un ‘lame duck’, un presidente de salida con un poder y una fuerza mucho más limitado. En su propio partido, y Gobierno, los hasta ahora fieles escuderos empiezan a moverse, tratando de garantizar su propio futuro y un lugar destacado en las próximas ejecutivas.

A la canciller le queda un tiempo impreciso por delante. En Bruselas, la mayoría cree muy posible que no agote la legislatura, ella que tantas veces dejó claro que la responsabilidad del Gobierno y la secretaría general del partido debían llevar el mismo apellido. Pero hay un consenso muy grande en que su papel va a ser decisivo en los próximos meses, en los que la UE debe elegir un nuevo Parlamento, con su presidente, y a los responsables de la Comisión, el Consejo Europeo o el Banco Central Europeo. Por no hablar de la OTAN.

La última vez que Merkel acudió a Estrasburgo fue hace tres años. Allí, en octubre de 2015 y junto a François Hollande, por primera vez desde 1989 y como entonces hicieron Kohl y Mitterrand, se conjuró contra la amenaza nacionalista y en favor de un continente mucho más fuerte. “El nacionalismo es la guerra. El debate no está entre si más o menos Europa sino entre la reafirmación de Europa o el fin de Europa. No hay otra solución que una Europa fuerte para garantizar nuestra soberanía”, dijo el galo. “No podemos volver a pensar en nacionalismos, todo lo contrario. Necesitamos más Europa, no menos”, coincidió Merkel apenas unos minutos después.

Hoy, su intervención ha ido en la misma línea. “En París hemos podido conmemorar el horror de hace 100 años, que ilustra lo que ocurre cuando las naciones no se respetan y proyectos como las de Sociedad de Naciones fracasan”. Con una ataque frontal y decidido, entre los gritos y protestas de los extremistas de la cámara, contra las fuerzas destructoras. “El egoísmo, el nacionalismo, nunca más puede prevalecer en Europa“, ha repetido. “Se lo debemos a las naciones pasadas pero sobre todo a las futuras”

PABLO R. SUANZES

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: Mundo

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