Susana Díaz, durante la reunión de la comisión ejecutiva regional del PSOE an
Susana Díaz, durante la reunión de la comisión ejecutiva regional del PSOE andaluz, este martes. EFE

Apenas unas horas después de que el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA) publicara la fecha de las elecciones andaluzas, los partidos se apresuraban ayer a establecer sus líneas rojas en el tablero postelectoral andaluz, que se aventura incluso más complicado que el actual. Y, visto lo anunciado por los candidatos, Susana Díaz podrá elegir socio de Gobierno si la socialista vuelve a ser la lista más votada, ya que, pese a la crudeza del debate de las últimas semanas, ni Ciudadanos ni Podemos (que concurre en alianza con IU) descartan apoyar de forma permanente o con acuerdos puntuales un nuevo gobierno de Susana Díaz.

Así las cosas, el presidente del PP, Juan Manuel Moreno, no exagera cuando se erige en la única garantía para el cambio político en Andalucía. Sólo el PP se pronuncia claramente en contra de dar continuidad al PSOE en el Palacio de San Telmo, si bien su única posibilidad de armar una alternativa llegará si la suma de los diputados populares con los de Ciudadanos resulta suficiente para obtener la mayoría absoluta parlamentaria (situado en los 55 escaños).

Es por eso que la estrategia de Juan Manuel Moreno pasa necesariamente por apelar al «voto útil» de los andaluces y plantear estas elecciones como una suerte de «referéndum» -palabras textuales- que obligará a los andaluces a decidir si quieren que el PSOE cumpla los 40 años ininterrumpidos al frente de la Junta.

El PP andaluz tiene, por tanto, sus objetivos puestos en el «votante de buena fe», el que tiene simpatía por Ciudadanos, y al que pretende convencer de que su voto puede acabar sirviendo para mantener al PSOE en San Telmo otros cuatro años más.

Moreno cree poder minar la confianza en Ciudadanos subrayando esa circunstancia. De ahí que, cada día, los dirigentes populares invitan al candidato del partido naranja, Juan Marín, a pronunciarse abiertamente sobre un hipotético pacto tras las elecciones de diciembre. Y a ese envite Marín responde de forma evasiva marcando como única línea roja la de formar parte de un gobierno en el que participe Podemos, a quien considera una «fuerza antagónica». Es decir, descarta un tripartito pero no un bipartito con Díaz a la cabeza, cabe colegir, pese a que el propio Marín lleva semanas acusando a la presidenta de la Junta de fallarle a los andaluces tras haber incumplido los compromisos de regeneración democrática que firmaron ambos en 2015.

Tampoco la coalición Adelante Andalucía (la suma de Podemos, IU y algunas otras fuerzas minoritarias), que lidera Teresa Rodríguez y que se presentó públicamente como el antídoto contra el susanismo, descarta dar apoyo puntual a un nuevo ejecutivo socialista.

Rodríguez se reivindica precisamente como la alternativa de izquierdas al socialismo andaluz. «No nos planteamos un Gobierno conjunto con el PSOE porque sabemos que tienen una gran habilidad de apropiarse de tus éxitos y hacerte partícipe de sus contradicciones», afirmó ayer. Y, aunque dice confiar en sacar «apoyos suficientes», tampoco ha descartado llegar a «acuerdos puntuales» si es indispensable para «frenar a las derechas de PP y Ciudadanos». A diferencia de Cs, la alianza Podemos-IU ni siquiera podrá, por tanto, negociar a dos bandas, ya que ese veto a la derecha le impide actuar como un partido bisagra clásico.

Así las cosas, Susana Díaz sabe que tendrá que fajarse en la negociación para volver a ser investida presidenta, dado que sobre el tablero estarán, no sólo los intereses puntuales de cada partido, sino también las estrategias de cara a las elecciones generales y municipales que tendrán que celebrarse pocos meses más tarde. Ayer la candidata socialista manifestó que prefiere volver a gobernar en solitario con «acuerdos puntuales».

El andaluz se convirtió en 2015 en el primer parlamento español en el que entraron las fuerzas que venían a acabar con el bipartidismo en España. Esa fragmentación del voto que ya entonces se produjo podría ser aún mayor tras las elecciones de diciembre, de manera que el juego de las alianzas se haga más complicado. En ese caso, la «inestabilidad» política que ha llevado a Susana Díaz a adelantar las elecciones se antojará entonces una suerte de paraíso en comparación con el nuevo escenario.

TERESA LÓPEZ PAVÓN

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: España Mundo

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