José Manuel García-Margallo, uno de los candidatos a la presidencia
José Manuel García-Margallo, uno de los candidatos a la presidencia del PP ÁNGEL NAVARRETE

“Aquí hay unas elecciones internas con las dos viudas y el hijo adoptivo de Mariano Rajoy, y yo soy el hermano separado que discrepo de él, aunque sigo manteniendo una relación fraternal”. El ex ministro García-Margallo, único candidato con programa que a su edad ya no se obedece ni a sí mismo, ha situado las primarias del PP donde corresponde: en la familia. Más concretamente en los pleitos familiares. Casi en la meta, se ha aparecido el abuelo aún joven, pesado y cabreado, reclamando su lugar en la disputa. Se veía venir que Aznar iba a salir del baúl porque el PP no está en paz con su pasado. No es política, es algo personal. Familiar. Viejas heridas internas que salen a la luz en las cenas de Nochebuena o en unas elecciones primarias incontroladas, improvisadas, súbitas, impredecibles y, por tanto, algo locas.

La expresión “viudas de Rajoy”, por más estrambótica y hasta machista que pueda parecer, encierra una realidad. El presidente ha dejado viudo a todo su partido largándose con su familia biológica. La campaña de María Dolores de Cospedal y Soraya Saénz de Santamaría ha ido encaminada a pedir el voto de la militancia como herederas auténticas del legado político de Rajoy. Ambas candidatas han aparecido junto a los ex ministros de las dos facciones en las que se dividía el último Gobierno del PP. A las primarias también se presentan los ex ministros de Rajoy. Cada uno con su jefa de candidatura. Los ex ministros han echado el resto. Íñigo Méndez de Vigo incluso ha echado un baile con la ex vicepresidenta. Sáenz de Santamaría ha revolucionado la comunicación política grabando unos vídeos de campaña con mensajes campechanos de andar por casa, muy de YouTube. Se supone que con el objetivo de humanizar su perfil de gestora estricta con fama de tecnócrata. La favorita en las encuestas de los que no votan en las primarias.

María Dolores de Cospedal -que ha derrochado ante la militancia una simpatía desconocida- se ha distanciado un poco de la gestión de Rajoy. Pero sólo un poco. Lo justo para reclamar que ella quiso hacer más -aplicar antes el 155- pero que no la dejaron. Cuando la dejen, si es que los militantes la eligen, será ella misma. Ha ido de menos a más.

El “hijo adoptivo” que Rajoy heredó de Aznar se presenta a pecho descubierto. Pablo Casado va sin ex ministros, ni barones regionales, ni baronesas locales. El viaje interestelar de la familia del PP ha convertido a Casado en el candidato disruptivo, antisistema y “antiaparato”. El más joven de los aspirantes porta el tarro de las esencias ideológicas más conservadoras del PP, a la vez que apela al voto de protesta y de castigo contra los que han llevado al partido hasta donde se encuentra en la actualidad. A Casado le beneficia el espíritu de este tiempo, que es de rechazo contra lo establecido. Si lograra su objetivo, estaríamos ante un caso parecido al de Pedro Sánchez, que ganó las primarias contra todos los “aparatos” posibles. Pero el PP no es el PSOE.

¿Qué capacidad tienen los “aparatos” regionales y provinciales de influir en la militancia? ¿Harán caso los inscritos a las instrucciones de los que mandan? Preguntas que nadie sabe responder porque tampoco nadie nunca preguntó a los militantes del PP qué es lo que ellos pensaban, o lo que querían. De ahí que la familia esté como un flan.

LUCÍA MÉNDEZ

Fuente: EL MUNDO

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