Pablo Iglesias firma el Pacto de Presupuestos ante la mirada de Pedro
Pablo Iglesias firma el Pacto de Presupuestos ante la mirada de Pedro Sánchez ZipiEFE

La de Pablo Iglesias es la historia del hombre que renunció a ser vicepresidente porque se soñó presidente y al final se tuvo que conformar con ser un de facto, que es la locución latina con la que en política se distingue a las medallas de hojalata. En la persecución de su sueño, una quimera, fue despojándose de todo lo que había de talentoso en su partido, que son aquellos que en su día le quisieron enseñar a diferenciar el asfalto de la moqueta. Iglesias al fin parece haber aprendido a distinguir el suelo que pisa y en algo más de 100 días, se ha sometido a sí mismo a un Vistalegre III. La purga que desató el II fue tan cruenta que tanto el ala radical como el ala moderada están ya representadas por él mismo, así que perdiendo ha vencido.

Iglesias fue este jueves a La Moncloa con chaqueta, ataviado y taimado como un errejonista, consciente de lo que hace un año le advertían aquellos informes apocalípticos que le hacía llegar Carolina Bescansa: que el neosanchismo supone un achique de espacios en la izquierda letal para Podemos.

Firmó con Pedro Sánchez, su amigo de facto, un borrador de Presupuestos que sólo es hijo de la necesidad. Ni de la realidad ni de la convicción. Sólo un genio conseguiría pactar unas cuentas entre seis partidos y Bruselas. Sólo un irresponsable lo intentaría si esos partidos son PDeCAT, ERC, PNV, Compromís y Podemos.

Antes de que la subasta se abra al resto de socios, la promesa de gasto se ha disparado con una despreocupación que confirma que Sánchez no llegó a La Moncloa para vender España, como le acusa la oposición, sino para comprarla. Con el dinero de los españoles. Es pretencioso hablar de unas cuentas públicas, lo que hay no es más -ni menos- que un documento político, ilusorio y efectista, que a Sánchez le permite fingir que gobierna y a Iglesias le permite fingir que ayuda a gobernar.

Sánchez e Iglesias, una sociedad de facto 1

El presidente sigue galvanizando la izquierda mientras la derecha se fragmenta e Iglesias simula que Podemos es un instrumento útil y no esa izquierda pura, sentimental, infantil y a la postre inútil que siempre termina por constituir la coartada perfecta de los conservadores. Lo que ha hecho posible este pacto es la paradoja de dos intereses a la vez contrapuestos y confluyentes. A medio plazo ambos socios aspiran a destruirse, pero lo urgente para ambos es evitar unas elecciones.

La política es un derroche de cinismo, de acuerdo, y aun teniendo esto presente, qué extraña resulta la cordialidad que ahora se dispensan el presidente y su vicepresidente de facto. César Luena, Antonio Hernando y otros disidentes íntimos del nuevo socialismo pueden atestiguar que Sánchez es un hombre con buena memoria. Recordará sin duda el desprecio con el que Iglesias le trató en aquellas dos campañas brutales en las que había de consumarse el sorpasso. No ya la “cal viva” y otras lindezas que, al fin y al cabo, se referían a reliquias socialistas a las que Sánchez no guarda ningún afecto ni lealtad. La arrogancia con la que le arrinconó en aquel debate a cuatro, aquellas invectivas durante el feroz debate de investidura que devolvió a los socialistas a la oposición o que calificara sus aspiraciones presidenciales como “una sonrisa del destino que me tendrá que agradecer”.

Igual que Pablo Iglesias es un vicepresidente de facto, estos son unos Presupuestos de facto y los ha firmado una sociedad de facto. Si el cielo hay que tomarlo por asalto, Podemos hay que tomarlo por abrazo.

RAFA LATORRE

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: España Mundo

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