“Creo que las instituciones bancarias son más peligrosas que un ejército… Si el pueblo americano alguna vez permite a los bancos privados controlar la emisión de moneda… los bancos y las corporaciones que crecerán alrededor de ellos privarán al pueblo de su propiedad hasta que sus hijos despierten sin casa en el continente que sus padres conquistaron”. (Thomas Jefferson, 1745-1826)

(Redacción Bles) El mundo podría experimentar en los próximos días un hecho sin precedentes. Se están barajando bajo la mesa las cartas que permitirán establecer un nuevo sistema monetario cuyas consecuencias son realmente difíciles de predecir, aunque sin lugar a dudas serán enormes. En este artículo haremos un breve análisis de lo que está sucediendo y cómo podría impactar en nuestra vida diaria.

Mientras el mundo occidental festeje la próxima Semana Santa, China estará anunciando –nada más ni nada menos- que comenzará a pagar sus importaciones de petróleo con yuanes. Pero, ¿qué significa esto? ¿Implica el fin del ‘petrodólar’? ¿Comienza un nuevo esquema del sistema financiero internacional? ¿Cómo repercutirá en la economía real y en la vida cotidiana de todos los habitantes del planeta?

Usted podrá preguntarse, ¿por qué es tan importante que un país comience a pagar sus compras de petróleo en su moneda local?

Para responder a esta pregunta, debemos remontarnos a principios de los años 70, cuando el mundo empezó a pagar todas sus transacciones de petróleo en dólares estadounidenses. Obviamente, este hecho generó enormes implicaciones financieras en las décadas subsiguientes ya que el denominado ‘oro negro’ es un insumo necesario para prácticamente todo proceso productivo moderno. Para simplificar este esquema que rige en el mundo desde hace más de 40 años, se podría decir que un país necesita abastecerse de los dólares suficientes para garantizar que su economía funcione. Sin petróleo, nuestras sociedades prácticamente colapsarían.

Y aquí viene lo interesante: hay una sola entidad en todo el planeta con la potestad de imprimir esta divisa que todo el mundo necesita para funcionar, la Reserva Federal (FED).

“Denme el control del suministro de dinero de una nación y no me interesa quién haga sus leyes” (M.A. Rothschild, fundador del banco Rothschild, uno de los creadores de la FED)

A principios del siglo XX, las familias dominantes en los bancos y negocios del mundo (los Rockefeller, los Morgan, los Warburg, los Rothschild, etc.) buscaron –de una u otra manera- promulgar leyes que crearan un Banco Central en Estados Unidos.

Siguiendo lo que se había logrado en Londres, la idea era crear una entidad capaz de imprimir billetes estadounidenses a cambio de deuda.

Como en ese entonces el gobierno y el público en general desconfiaban de dar semejante poder a tal institución, J.P. Morgan provocó una crisis financiera de tal magnitud, conocida como ‘el pánico de los banqueros de 1907’, para manipular la opinión pública a favor de la necesidad de contar con una entidad que se encargara de “defender la moneda estadounidense” y “regular el sistema bancario”.

Es así como el senador Nelson Aldrich, quien tenía lazos íntimos con los carteles bancarios y luego se casaría con una integrante de la familia Rockefeller, abogó por crear un banco central que supuestamente sea capaz de evitar que un pánico como el de 1907 volviera a suceder.

Según se dice, en 1910, hubo una reunión secreta en la propiedad de J.P. Morgan en Jekyll Island, en las costas de Georgia, donde se escribió la ley del banco central llamada Acta de Reserva Federal. Cabe destacar que esta legislación fue escrita por banqueros, no legisladores.

Después que este proyecto de ley fuera elaborado, fue entregado al senador Aldrich para tratarlo en el Capitolio.

En 1913, con fuerte apoyo de parte de los banqueros, Woodrow Wilson fue electo presidente, habiendo ya aceptado firmar el Acta de Reserva Federal.

Años después, W.Wilson escribiría arrepentido: “Nuestra gran nación industrial está controlada por un sistema de crédito. Nuestro sistema de crédito está concentrado en manos privadas. El crecimiento de la nación y, por consiguiente, de todas nuestras actividades está en las manos de unos pocos hombres quienes, necesariamente, o por motivos de sus propias limitaciones, congelan, frenan y destruyen la genuina libertad económica”.

Nos hemos transformado en uno de los peores gobiernos, uno de los más completamente controlados y dominados gobiernos del mundo civilizado, no más un gobierno de libre opinión, no más un gobierno de creencias y del voto de la mayoría, sino un gobierno de la opinión y coacción de un pequeño grupo de hombres dominantes”, agregaba el mandatario.

Un hombre camina frente al edificio de la Junta de la Reserva Federal Marriner S. Eccles en Washington D.C., Estados Unidos.

Cabe destacar que la FED es una entidad autónoma y privada, y si bien tiene sede en Washington D.C., muchos se sorprenderán al saber que no tiene nada que ver con el Estado de los EE.UU., sino que es controlada –más allá de lo que dice su estatuto- por los grandes capitales financieros internacionales. Fue creada en 1913 por idea e iniciativa de los bancos más importantes del mundo y absolutamente todas las instituciones bancarias (tanto estatales como privadas) tienen que unirse a su sistema para poder operar como tales.

Las familias más poderosas del planeta: Rothschild, Rockefeller y Morgan –entre otras-, son las que manejan esta suerte de ‘banco mundial’ que tiene endeudada a toda la humanidad (ya que cada dólar que emiten, tiene como contraparte la emisión de una deuda de parte de quién lo recibe).

Es un secreto a voces que esta élite –que con los años se hizo cada vez más poderosa- tiene como fin primordial el establecimiento de una moneda única mundial y un gobierno global, bajo la premisa –obviamente- de que ambas instituciones estén controladas por los grandes bancos.

“Un sistema bancario mundial está siendo preparado aquí… un súper estado controlado por banqueros internacionales… actuando conjuntamente para esclavizar al mundo en pos de su propio placer”, destacó el congresista republicano Louis McFadden cuando se aprobó la creación de la Reserva Federal en 1913. Años más tarde el legislador moriría por envenenamiento.

De hecho, se cree que el asesinato de John F. Kennedy estuvo relacionado con su intención de liberar a EE.UU. de las fauces de la FED y la influencia de esta élite secreta. De hecho, cinco meses antes de su trágico deceso, el mandatario estadounidense había firmado una orden ejecutiva que básicamente consistía en quitarle a la FED su poder de prestar dinero con interés al gobierno.

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Es decir que –simplificando aún más la explicación, llegamos a un punto donde hoy todo el mundo necesita los dólares que la FED imprime para llevar a cabo sus diversas actividades, a cambio la humanidad en su conjunto se ha endeudado de por vida con esta entidad. He aquí la necesidad del mundo de liberarse de este perverso sistema.

¿Cómo funciona el petrodólar?

Como se dijo más arriba, el petrodólar obliga a cada país importador de petróleo tener que conseguir los dólares antes de poder adquirir la preciada materia prima.

¿Y cuál es la única forma de conseguir dólares? Vender ‘algo’ a los Estados Unidos.

Gracias a este esquema, en las últimas décadas el país americano se convirtió –como es de esperarse- en el gran importador mundial.

En varias oportunidades se rumoreó que China, ante el crecimiento de su economía, podría hacer frente a este sistema y comenzar a pagar sus importaciones de petróleo en yuanes, y al parecer la espera terminó ya que –después de desarrollar la idea de forma silenciosa durante mucho tiempo- la Comisión Reguladora de Valores de China lo anunció oficialmente: el 26 de marzo dejará de pagar con dólares sus compras de esta elemental materia prima. Este suceso, sin lugar a dudas, implicará un reordenamiento de los flujos del comercio mundial. De hecho, se cree que varios países podrían avanzar en el mismo sentido en las próximas semanas.

¿Qué podemos esperar?

Si bien hay que ver cómo los chinos implementan este nuevo esquema y sobre todo con qué velocidad lo llevarán a cabo, el comienzo de la era del petroyuan implicaría, en principio, que Estados Unidos dejará de ser el gran importador mundial (de hecho, ya ha dejado de serlo). Por esta razón, en los últimos años el país americano ha tratado de mantener el status quo del petrodólar.

Pero más que Estados Unidos, la FED es la principal interesada en que este esquema siga su curso, ya que con la irrupción del petroyuan el mundo no tendría necesidad de conseguir dólares para funcionar (o al menos no en la forma abrumadora en que se demanda hoy). Esta relación de poder lleva a reflexionar –la conclusión queda a cargo del lector- acerca de quién fue el principal impulsor del petrodólar, quién es el mayor beneficiario del esquema y hasta dónde podría llegar con tal de mantenerlo.

¿Por qué Trump querría el fin del petrodólar?

El presidente estadounidense Donald Trump en la Casa Blanca el 12 de octubre de 2017. (Benjamin Chasteen/La Gran Época)

Prácticamente desde diciembre de 2016, las importaciones chinas de crudo han superado en valor a las importaciones de crudo estadounidense. Este hecho ha marcado un hito en la historia financiera mundial.

Es por eso que el gigante asiático, ahora que se ha convertido en el mayor importador de petróleo, ha exigido pagar el preciado recurso en su propia moneda.

Pero, ¿qué está haciendo Estados Unidos frente a este hecho? ¿Por qué Trump está permitiendo el lanzamiento del petroyuan?

Antes que nada hay que tener en cuenta que el sistema financiero internacional -así como está- es simplemente inviable. La continuidad del petrodólar aceleraría aún más la desindustrialización de la economía estadounidense. Es decir, la vigencia de este esquema ha devenido en que Estados Unidos deje de ser un país competitivo en el aspecto industrial. Hecho paradójico teniendo en cuenta que el dólar estadounidense ha logrado mantener su valor gracias al petrodólar.

Es decir que –aunque parezca contradictorio- bajo el viejo esquema la economía estadounidense (sus empresas y trabajadores) se ha perjudicado y desindustrializado, sin embargo la FED ha sido la gran beneficiada ya que pudo imprimir durante décadas billetes de 100 dólares (a razón de unos pocos centavos de costo por unidad) y el mundo los compró con mercancías y servicios por ese mismo valor (más intereses). ¿Un gran negocio, no?

Es por esto que no es tan alocado pensar que el presidente estadounidense Donald Trump, siguiendo su promesa de campaña de “Hacer Grande a Estados Unidos nuevamente”, podría inclinarse por el fin del petrodólar, por la reindustrialización de su país y –en definitiva- por mejorar el bienestar de su pueblo.

El presidente estadounidense Donald Trump habla a los trabajadores de Boeing en Carolina del Sur.

Por otro lado, el lanzamiento del petroyuan implica la llegada de una gran inflación a Estados Unidos (por la abrumadora llegada de dólares a la economía americana). Esta extraordinaria afluencia de dólares a su país de origen, a su vez, pondrá contra la pared al dólar americano y al conjunto del sistema financiero internacional.

Algunos especialistas creen que se podría lanzar una moneda alternativa que use la tecnología de la cadena de bloques (al mejor estilo Bitcoin) para salvar el status quo. Dicho de otra manera, la salida –quizás- para que no colapse la economía sería a través de las criptomonedas.

¿El regreso del patrón oro?

El patrón oro establece un sistema monetario en el cual el valor de cada unidad monetaria se fija en relación a la cantidad de oro que posee cada país. Básicamente, con este esquema, la nación que emite sus billetes garantiza que los mismos están respaldados por oro.

Tal vez a algunos les sorprenda saber que esta equivalencia dinero-oro ha sido la base del sistema financiero internacional desde el siglo XIX.

Sin embargo, ya con la FED en pleno funcionamiento, ante los conflictos bélicos de la primera parte del siglo XX, algunos países comenzaron a imprimir billetes sin estar respaldados por oro (lo que se conoce como dinero fiduciario, es decir basado no en la cantidad de oro del país sino en la confianza que el emisor tenga para hacer frente a los pagos). Los banqueros de la FED habían decidido que el patrón oro debía ser eliminado.

Terminando la Segunda Guerra Mundial, en Bretton Woods (EEUU), se aprobó la adopción del dólar como moneda global.

Finalmente en 1971 se abandonó el patrón oro en Estados Unidos. Desde ese momento y hasta hoy, el dólar se sostiene únicamente según la confianza que hay en él y en la economía estadounidense.

Si bien muchos asesores y economistas de la Casa Blanca han aconsejado dejar el patrón-dólar y volver al patrón-oro, lo cierto es que hasta ahora aún no se había llegado a tomar esa trascendente e importante decisión.

Es que las grandes multinacionales financieras simplemente harán lo imposible por mantener sus privilegios. Algunos piensan que estos capitales nunca le perdonaron al entonces presidente venezolano Hugo Chávez repatriar el oro de su país que estaba en la banca internacional en 2011. De hecho, su sucesor –el actual mandatario Nicolás Maduro– decidió dejarlo nuevamente en los bancos de Nueva York bajo la forma de ‘garantía de pago’ de sus deudas.

Sede de J.P.Morgan Chase, en Nueva York.

Ciertamente, el eventual colapso del petrodólar podría implicar la conversión al patrón oro por parte de la moneda estadounidense. Es decir que la fortaleza del dólar, bajo el nuevo sistema, estaría sustentada en el oro  del Tesoro americano.

De hecho, se cree que esa criptomoneda estadounidense –que ya estaría lista para lanzarse- también podría estar respaldada también por oro del Tesoro.

Asimismo, ante el colapso del viejo sistema, cuando caigan las monedas nacionales y se determine el establecimiento del nuevo esquema internacional, aparentemente China y Rusia –entre otras naciones- también ya tendrían trazado un plan para respaldar sus monedas en oro.

¿Qué está haciendo Latinoamérica?

Ante este marco de incertidumbre, varios países europeos han decidido repatriar su oro y resguardarse ante la inminente hecatombe.

Para ejemplificar este suceso, el gobierno de Hungría –que está en contra de la manipulación de esta élite financiera global- anunció  días atrás que repatriará su oro que se encuentra en manos de la banca internacional en Londres. Esta pequeña nación de Europa oriental cuenta con 5 toneladas de oro, de las cuales piensa repatriar más de 3. Es decir, un 60%.

Es que si ciertamente estamos ante el fin del petrodólar, eso sin lugar a dudas afectará al resto de las monedas, incluido el euro. Si el dólar cae, también caerá el euro. Es por eso que es entendible que muchos países que están atados a esta moneda supranacional, desconfíen de su continuidad y por ende vean como alternativa el regreso de sus viejas monedas nacionales (ya sea en forma de criptodivisa o en forma de papel).

De hecho, países como Polonia, que ha mostrado una política contraria a la Unión Europea en cuanto a la inmigración musulmana (y el eventual deterioro de la cultura cristiana) también podría tomar el mismo rumbo que Budapest.

Otra opción que podría ocurrir es que el Banco Central Europeo emita una criptomoneda para la eurozona, basada en el oro que se acumula en los distintos bancos centrales de los países que conforman este bloque.

Sin embargo, por lo pronto los países latinoamericanos parecen haber optado por la pasividad. Tal vez por su poco poder de maniobra frente al sistema financiero internacional, ni siquiera Argentina, México o Brasil han manifestado algún indicio en pos de repatriar el oro que les pertenece.

Edificio del Banco Central de la República Argentina.

Como mencionamos más arriba, el único país que se atrevió a tomar esta decisión fue Venezuela y al parecer el sistema financiero internacional no se lo perdonó.

La calma antes de la tormenta

El mandatario chino Xi Jinping (Izq.) y el presidente estadounidense Donald Trump (Der.).

Si bien algunos medios de habla inglesa se han hecho eco de la noticia, lo cierto es que un evento financiero de semejante envergadura (capaz de desatar una crisis no vista desde 1970) ha pasado desapercibido por la mayor parte de los medios de comunicación del mundo. Pero a esta altura esto no debería sorprendernos ya que ciertamente no es novedad que los principales medios no difundan hechos importantes que pudieran impactar en la vida de las personas de todo el planeta.

Ahora bien, ¿cómo sigue esta historia? ¿A qué indicadores hay que prestar atención para saber si realmente estamos frente a este cambio trascendental?

Por un lado, hay que seguir de cerca la cotización del Dow Jones, este indicador es uno de los encargados de medir la ‘temperatura’ de la economía estadounidense. En un mercado bursátil claramente sobrevalorado, que el Dow rompa los 30 mil puntos podría implicar la explosión de la burbuja y el comienzo del caos.

El otro indicador es el precio del oro. Si la cotización del preciado metal llegara a trepar por encima de los 10 mil dólares la onza, mientras pierden paulatinamente valor los mercados y las monedas nacionales, sabremos que el sistema monetario está mudando de piel.

Aparentemente el mandatario chino Xi Jinping y su par ruso Vladimir Putin adhieren a la política del presidente estadounidense Donald Trump para liberar a Estados Unidos y al mundo de esta gran conspiración internacional que ha esclavizado a la humanidad desde hace décadas (sino siglos). Los tres son nacionalistas y quieren la soberanía de sus respectivos países, y es por eso que ven la necesidad de unirse para luchar contra la imposición de una nueva moneda internacional (y un nuevo gobierno mundial).

Aunque muchos hasta el momento no puedan percibirlo, como dijo el presidente Trump en una reunión militar en octubre de 2017, tal vez estemos en “la calma antes de la tormenta”. Si China no se ‘echa para atrás’, el fin del petrodólar significará el comienzo de una nueva era económica con consecuencias que, si bien son difíciles de predecir con exactitud, serán de una magnitud sin precedentes.

Le recomendamos: La compilación completa de “El nuevo orden mundial”.

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