Un torrente perfecto para la catástrofe: “Se perdió el miedo y se construyó cerca del cauce” EL MUNDO / EDU COLOM (VÍDEO) // FERNANDO CALVO / AFP (FOTO)

El torrente de Ses Planes en Sant Llorenç (Mallorca) que se desbordó este martes tras las lluvias torrenciales lo tenía todo para ser mortífero. “Parecía diseñado por un asesino en serie, un mente perversa, pero no fue la mano del hombre sino la madre naturaleza quien lo hizo así”, explica el geólogo, Miquel Grimalt, director del departamento Geografía de la Universitat de les Illes Balears (UIB), en referencia a la “perfecta distribución” de los cursos de esta corriente, que la hacían especialmente rápida para “recoger el máximo de agua en el mínimo de tiempo”.

El experto explica, en este caso, los afluentes se juntan en un mismo punto y la lluvia se recoge en una especie de cuenca circular, similar a una gran olla. “El problema es que los afluentes pequeños que emergen allí acaban al mismo tiempo y tienen la misma longitud -forman una especie de gran abanico-, y el resultado es que, cuando llueve mucho, el agua llega al pueblo al mismo tiempo y de golpe, de aquí el peligro”.



En otras palabras, si el torrente hubiera tenido otra forma, los vecinos del pueblo habrían tenido más tiempo porque habrían pasado más horas hasta alcanzarles el agua y ésta habría estado mejor repartida. “Si quieres hacer un torrente con mala leche, te sale así. Difícilmente hay uno peor”, apostilla.

No obstante, asegura que era uno de los mejor construidos de Mallorca, después de ser reformado, tras un episodio similar en 1989. “La desviación no estaba nada mal y la canalización era de lo más decente pero el resultado era un hoyo. En nuestro clima y con nuestros cursos de agua, la seguridad 100% no existe”, resume Grimalt.

Después del incidente del 1989, se puso un encauzamiento bastante ancho “pero evidentemente no bastó”. El torrente mejoró su capacidad, los vecinos se confiaron y “las construcciones en la zona se fueron acercando más al cauce”. El resultado es la imagen de las casas anegadas, los coches arrastrados y la desolación total de los vecinos. Ya hay 10 víctimas mortales. No obstante, Grimalt alerta de que gran parte de las casas afectadas ya se habían inundado previamente, aunque en riadas menores. “El problema es que se perdió el miedo y se olvidó lo que decían los mayores del lugar».


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El profesor de Geografía Física de la UIB pide que no se busquen culpables, ya que todo fue fruto de la “mala suerte” aunque cree que el servicio de meteorología podría haber avisado, ya que la “tormenta tenía mala pinta”. Además, asegura que la alerta decretada [amarilla] debía ser de un nivel superior.

Otra circunstancia que agravó las consecuencias de la gran tormenta, según Grimalt, es que pilló en una “mala hora”, a las siete de la tarde, cuando la gente estaba volviendo de sus casas. “No es lo mismo que si ocurre de madrugada cuando estamos en casa… El agua se desbordó, empezó a meterse por las calles, sacó los coches de los garajes y éstos chocaron contra cualquier objeto o persona que se encontró a su camino”, relata.

Por último, el geógrafo incide en la falta de precaución ante estos incidentes: “La gente no ha aprendido que cuando el agua toca los bajos de un coche, el vehículo se convierte en una barca… y el agua no la para nadie”.

MAYTE AMORÓS

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: España Mundo

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