El líder de Vox, Santiago Abascal.
El líder de Vox, Santiago Abascal. ANTONIO HEREDIA

En los últimos meses Steve Bannon se ha dejado ver con los principales líderes de la derecha nacional-populista europea, siguiendo la definición que hace el politólogo André Taguieff de los partidos que conjugan un liderazgo carismático con el nacionalismo y el populismo. Bannon se ha reunido con los líderes de Alternativa por Alemania, ha seguido con atención los resultados de la Liga en Italia y ha sido la estrella invitada en el último congreso del Frente Nacional.

La reciente presentación de Bannon como nuevo colaborador de Vox se enmarca en este proyecto de interés del ex asesor de Trump por la evolución de los partidos nacional-populistas en Europa. Y supone un movimiento estratégico que puede ser clave para el futuro del partido que lidera Santiago Abascal a un año de las elecciones europeas. La colaboración con Bannon puede permitir a Vox inscribir su política en la lógica de acción de los principales partidos populistas de la derecha continental. Y así beneficiarse de sus recursos, organización y experiencia para hacer visible su discurso en Europa. Sobre todo en un momento en el que la radicalización de la cuestión catalana, que ha asumido una clara dimensión internacional, constituye una oportunidad de manual para quien busque articular un proyecto nacionalista crítico con la Unión Europea y netamente diferenciado del registro discursivo de Ciudadanos

Sin embargo, el factor Bannon también podría tener un efecto paradójico en Vox. Pues podría sacar a la luz la distancia ideológica que media entre el partido español y sus homólogos europeos, más allá del uso común de ciertos tópicos como la defensa de Occidente o la crítica de lo “políticamente correcto”. Estos partidos han cimentado su éxito en un giro soberanista que les ha llevado a romper con su discurso tradicional, sobre todo en lo que toca al vínculo entre nación y mercado. Decisión que a la postre les ha permitido ensanchar su base electoral hasta la izquierda y aspirar a ganar elecciones sin perder, en lo esencial, su identidad.

En torno a los 80, los partidos populistas europeos combinaban un fuerte nacionalismo con posiciones pro mercado, anti estatalistas, contrarias al consenso de posguerra y, por supuesto, a la inmigración. Sin embargo, a partir de la crisis de 2007 han encontrado la mejor apoyatura para su nacionalismo en la critica del neoliberalismo, al que ahora se considera la correa de transmisión del proceso de globalización. Un proceso que amenaza las identidades nacionales con su impulso homogeneizador. Si en los 80 el Frente Nacional era el representante francés en las convenciones del Partido Republicano, hoy el partido critica los mercados financieros en nombre de un “patriotismo económico”. Si en los 80 la derecha populista europea sintonizaba con la New Right de Reagan y Thatcher, hoy está más cerca de la Novelle Droit francesa que habla de soberanía nacional, identidad cultural y cohesión social.

Veremos si la colaboración con Bannon lleva a Vox a realizar definitivamente un giro en clave soberanista, siguiendo la evolución ideológica de los principales partidos nacional-populistas europeos. O si, por el contrario, elude los nuevos debates para seguir cultivando la idea de representar al PP “auténtico”.

JORGE DEL PALACIO

Fuente: EL MUNDO

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