Enel Green Power, el gigante de las energías renovables, ya lidera la generación verde en México, y para cumplir su siguiente meta tendrá que convencer al nuevo gobierno de ajustar la ley.

Foto: Fernando Luna Arce/Forbes México.
Foto: Fernando Luna Arce/Forbes México.

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Por Lucía Pérez Moreno

El pasado 22 de marzo, un día después del equinoccio de primavera, Enel Green Power México (EGPM), filial del italiano Grupo Enel, encendió la luz de su proyecto más emblemático: el megaparque fotovoltaico de Villanueva, ubicado en el desierto semiárido de Coahuila, y el primero en alimentar la reforma eléctrica.

El evento ameritaba muchos brindis con prosecco, pues Enel trabajó duro (instalando un promedio de 25,000 paneles diarios) para adelantar la apertura. “Queríamos ser los primeros”, explica Paolo Romanacci, director de Energías Renovables de Enel para México y Centroamérica. Cierto es que Enel inauguró una obra inconclusa, con apenas 40% de la instalación terminada, y en medio de bloqueos de trabajadores subcontratistas, pero así lo exigían los tiempos políticos.

Este parque no sólo será el más importante de generación solar que Enel haya construido en el mundo, sino el más grande de América. Cuando esté terminado, hacia 2020, tendrá una capacidad de casi 800 MW y contará con más de 2.4 millones de paneles solares repartidos en un territorio de poco más de 2,400 hectáreas.

El objetivo de Enel era inaugurar el parque antes de las elecciones presidenciales. La italiana hizo el uno-dos, pues, semanas después, abrió otro parque solar: Don José, en Guanajuato, con una capacidad de 238 MW. La apertura de ambos no sólo le permitió duplicar la generación eléctrica, sino enviarle un mensaje claro al nuevo gobierno sobre su dominancia en el nuevo mercado eléctrico mexicano.

Travesía americana

Grupo Enel cumple, en 2018, dos décadas en Latinoamérica. Sus plantas solares, eólicas e hidroeléctricas se esparcen desde Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Chile, Guatemala, Costa Rica y México, hasta Estados Unidos y Canadá. En Centro y Sudamérica opera a través de decenas de filiales, donde ofrece generación, distribución, comercialización y servicios postmedidor.

América del Sur es su zona de operación más importante, después de Italia y España, pero también está en Centroamérica, donde opera 13 plantas, ubicadas en Panamá, Costa Rica y Guatemala. Enel es, junto con Eletrobrás y China State Grid Corp, el gran operador de energías renovables de Latinoamérica.

A México llegó hace una década, a través de su filial de renovables, Enel Green Power (EGP). Adquirió, en Oaxaca, varias plantas eólicas y luego se extendió a Zacatecas y Guerrero, donde compró pequeñas hidroeléctricas que operan en la modalidad de autoconsumo. Estos proyectos le permitieron preparar el terreno para la gran apertura del sector eléctrico a la participación privada, que comenzó en 2015 con la primera subasta eléctrica de largo plazo, a cargo del Centro Nacional de Control de Energía (Cenace).

Ese año, EGP presentó proyectos en el norte y centro del país, y se quedó con 40% de los contratos eléctricos adjudicados, a través de sus proyectos Villanueva y Don José, que son los que inauguró este año.

En las subastas de largo plazo para energías renovables, los postores presentan proyectos para construir plantas renovables que, si son aceptados por el comprador, les garantizan contratos (hasta por 20 años) de generación y de los certificados de energía limpia (CEL).

Estos certificados, emitidos por la Comisión Reguladora de Energía (CRE), son un estímulo para construir plantas “verdes” y se cotizan libremente en el mercado. Los compra quienes quieren recabar fondos para construir plantas renovables, pues son como dinero en efectivo.

Paolo Romanacci. Foto: Angélica Escobar/Forbes México.

Para la segunda subasta, Enel se mantuvo más cauta y sólo presentó un proyecto: Salitrillos, un parque eólico en Tamaulipas, que deberá comenzar a generar energía limpia en junio de 2019. Pero volvió a mostrar músculo en la tercera subasta de largo plazo, donde sacó un proyecto eólico gigantesco, cerca de la frontera con Estados Unidos, llamado Amistad, que levantará en cuatro etapas y le permitirá generar cerca de 550 megawatts hacia mediados de 2020. Amistad es, con Villanueva, el proyecto más ambicioso de EGP en México. “Está en el top five de los más grandes que ha construido Enel en el mundo”, señala a Forbes el gerente de Construcción de Amistad, Vlad Moscalu. Ubicado en un terreno semiárido de la zona fronteriza, cerca de Ciudad Acuña, Amistad nació hace cerca de cinco años, a través de la modalidad Power Purchase Agreement (PPA), que es un acuerdo de compra previo con una empresa privada. Esta obra le significó instalar más de 90 kilómetros de líneas de transmisión y construir una subestación en Ciudad Acuña, por lo que Enel ya contaba con la infraestructura necesaria para extender Amistad.

La primera fase del proyecto, que se estrenará en octubre, tendrá 57 aerogeneradores, pero, con las ampliaciones de los parques dos, tres y cuatro, el número podría triplicarse y la energía que estaría produciendo lo colocaría como el más importante del país.

Compra, vende y opera

Enel encontró la fórmula perfecta para construir plantas sin endeudarse. Acuñó el concepto “compro, vendo y opero”, que consiste en ganar contratos, venderlos (aun sin construirlos), mantener el control operativo de las plantas y tomar decisiones estratégicas sobre la comercialización de la energía. Para sus socios, estos convenios representan la posibilidad de obtener ingresos estables durante 15 o 20 años, porque las plantas de renovables, aunque implican inversiones muy altas, tienen gastos operativos bajos.

En 2017, y después de ganar cinco contratos en las subastas de largo plazo, EGPM fundó un holding llamado Holdco, y lo dotó de ocho parques de energías renovables (tres operando y cinco en proceso de construcción, entre ellos Villanueva y Don José). Acto seguido, vendió 80% de las acciones de este holding a un fondo fiduciario llamado CKD IM, entre cuyos inversionistas están Afores como Banorte, Sura, Banamex, Pensionissste y un fondo de pensiones canadiense. CKD IM pagó por esas acciones 340 millones de dólares (mdd) en efectivo (cantidad suficiente para recuperar lo que gastó en las subastas) y le dio garantías de invertir otros 2,600 mdd, durante los próximos tres años, para terminar los cinco proyectos inconclusos.

El beneficio para Enel es que no tendrá que endeudarse, lo que le permitirá tener costos operativos más bajos. Una parte fundamental de este negocio es saber hacer previsiones financieras certeras, pues los precios que se ofrecen en las subastas se calculan a 15 y 20 años y no se pueden modificar por contrato.

Entre la primera y la tercera subasta, los precios se redujeron de 47.7 a 20.6 dólares por paquete (mwh+cel) y estuvieron entre los más bajos del mundo. “Con estos precios va a tardar más el retorno sobre la inversión”, adelanta Oscar Silva, de KPMG.

Por lo pronto, Enel podrá invertir en los proyectos que ganó en la tercera subasta (notablemente, en el parque eólico Amistad). La empresa planea destinar cerca de 700 mdd hasta 2020 y, más adelante, colocar una parte de este proyecto en Holdco, en la que buscará elevar su participación accionaria, según adelantó en su informe anual de 2017.

En tanto, EGP se ha ganado la confianza de la CFE. La empresa del Estado ya aumentó en 10% la compra de energía de sus plantas de Villanueva, Don José y Salitrillos.

Por otro lado, la alianza con las Afores le permite a Enel limitar los riesgos financieros en un negocio en el que, además de contingencias ambientales, hay problemas de derecho de paso.

Control total del mercado verde, meta de EGPM-0

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El eslabón faltante

Un tercio de la energía que produce Enel es por cuenta de su división Enel Green Power (EGP) y, aunque aún depende mucho de las energías convencionales, incluyendo el carbón y la gasolina, año con año reduce su huella de carbono.

En 2017, su generación total cayó 5%, como resultado del cierre de varios proyectos convencionales, entre ellos, algunas minas de carbón.

Ante la creciente demanda de electricidad que está dejando de generar, Enel se ha dedicado, en los últimos años, a comprar electricidad en los mercados mayoristas para entregársela a sus clientes (tiene más de 60 millones en todo el mundo). El año pasado, elevó 8% la compra de electricidad y distribuyó 445 TWh, 45% más de lo que generó, de acuerdo con su informe anual.

Romanacci dice que Enel tratará de traer a México este mismo modelo: “Nos estamos convirtiendo en una comercializadora y, si el mercado lo permite, vamos a hacer lo mismo acá”.

La empresa ya creó una primera filial para comercializar energía eléctrica en México y ahora sólo falta que el mercado arranque, pues, de acuerdo con Romanacci, prácticamente carece de liquidez.

Entre los retos que tiene el Sistema Eléctrico Mexicano, menciona la ampliación de la infraestructura de transmisión, que ya es insuficiente para transportar las energías renovables. La misma Secretaría de Energía reconoce que hasta el 12% de la generación eléctrica se pierde por una falta de renovación de las redes.

El tema de la transmisión es el que más preocupa a los inversionistas, pues no sirve de nada potenciar la generación si no existe la capacidad de transmisión necesaria, señala Brett Blankenship, director de investigación de Wood Mackenzie, una consultora en temas de energía. Las inversiones a este sector fluyen muy lentamente porque los privados sólo pueden participar como contratistas de la CFE. Pero “las reglas son confusas y se deben aclarar para atraer inversiones”, dice

Mientras llega la luz al mercado privado, Enel piensa en sus otros negocios. En 2017 creó Global X Business, unidad a la que le ha sumado filiales de construcción de redes inteligentes, de seguridad energética, de almacenamiento de energía e incluso de infraestructura de movilidad eléctrica para electrolineras, un negocio que va a detonar fuerte en los próximos años. “En un futuro, va a desaparecer la gasolina y todo va a ser electricidad”, dice Romanacci.

En su informe anual Grupo Enel adelanta que instalará 7,000 electrolineras en Italia para 2020 y que duplicará esta cantidad hacia 2040. Por ahora no habla de traer este negocio tan prometedor al nuevo continente.

Foto: Fernando Luna Arce/Forbes México.

La última milla

De los 445 TWh que Enel distribuye en el mundo, 15% va para los clientes residenciales. Es el mayor distribuidor de Italia y el segundo en España y Brasil.

En México, el mercado eléctrico residencial, con más de 30 millones de cuentas, no es todavía de interés para Enel, pues está normado con reglas complejas, con predominio de los subsidios. Pero el hecho de que su plan inmediato no esté puesto en la distribución no significa que no le interese. Romanacci reconoce que abrir el suministro básico le va a dar mucho valor al mercado, lo que implicaría eliminar los subsidios.

Lentamente, este mercado se está abriendo a la competencia y, este año, tres empresas obtuvieron autorización de la CRE para dar suministro básico. Una de ellas es Subace, la empresa creada por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), que busca reinsertar laboralmente a los más de 44,000 trabajadores que se quedaron sin empleo en 2009, con la extinción de Luz y Fuerza del Centro.

Corto circuito

Enel había previsto, el 22 de marzo, celebrar la entrada de la primavera con la apertura de Villanueva, pero, un día antes, varios trabajadores bloquearon la entrada del parque para exigir pagos atrasados y denunciar irregularidades en la construcción de la planta. El enfrentamiento no fue directamente con Enel, sino con uno de sus contratistas, Prodiel, empresa española con la que Enel ha construido decenas de parques solares en la región.

Prodiel se peleó con un subcontratista por pagos atrasados y, al ser el primer proyecto nacido de la reforma eléctrica, le dio visibilidad a un tema que seguirá dando de qué hablar en los próximos años. El outsourcing es una modalidad que crece a grandes pasos con la construcción de los nuevos parques, pero a la que no se menciona en la nueva Ley eléctrica. Enel y el resto de las empresas que ganaron contratos en las subastas realizan casi todas sus obras a través de contratistas y subcontratistas.

“[Los trabajadores] tienen un papel fundamental en la reforma eléctrica, pero los pueden despedir de un día para otro, sin ningún derecho”, comenta el investigador de la UNAM, especialista en temas de desarrollo de la reforma energética, Sánchez Arrase.

Romanecci reconoce que el cierre del parque fue una situación de mucho estrés que obligó a cambiar los planes para la ceremonia de inauguración, ya que varios invitados especiales, entre ellos el titular de la Secretaría de Energía y el gobernador del estado, cancelaron su asistencia.

“Fuimos ingenuos en hacerla antes. Aun así, Enel encendió los motores de la subestación eléctrica de Villanueva y, semanas después, de Don José, donde, por fortuna, no tuvo bloqueos.

Para la italiana, el saldo de la reforma eléctrica es excelente. En tres años, triplicó el número de parques en operación y quintuplicó la capacidad de generación eléctrica, de 500 a 2,700 MW. Hoy es el principal generador de energías renovables de México, por encima de Iberdrola, que la rebasa en generación de ciclo combinado e hidroeléctrico.

Otros postores se han retrasado en las subastas o se han retirado porque el negocio eléctrico es bastante complicado. “Incluso los más grandes pueden fracasar”, señala Silva, de KPMG, quien vislumbra un mercado cada vez menos fragmentado y más parecido a un oligopolio.

Hasta ahora, Enel está dando la batalla, pues ni los bloqueos, ni las regulaciones deficientes, ni la falta de recursos financieros han frenado su expansión. Este gigante pisa fuerte y su estrategia de construir grandes parques y vendérselos a los fondos de inversión, pero conservando el control operativo de estos megaproyectos, ya le está dando buenos resultados.

Control total del mercado verde, meta de EGPM-2

En veremos, la meta en renovables

Un antiguo refrán maya reza que “No se puede colocar el maíz en una canasta con huecos”, y sirve para explicar por qué se cayeron varios proyectos de energía renovable en Yucatán. Desde la primera subasta de largo plazo, organizada por Cenace, la autoridad decidió privilegiar la zona maya, por sus excelentes condiciones climatológicas y su creciente demanda de energía. De los 18 contratos otorgados en la primera subasta de largo plazo, la mitad se fue a territorio maya, la cual recibiría 1,500 megawatts extra de energía verde.

Tres años después, se cancelaron seis proyectos: unos por falta de recursos y otros por desacuerdo con las comunidades locales. “Este escenario va a complicar el cumplimiento de las metas de energía limpia”, señala Pablo Mulás, investigador del Instituto de Investigaciones Eléctricas. El gobierno mexicano se ha comprometido a generar 14% de la energía del país con fuentes renovables para 2022, lo que ya se ve difícil de cumplir. Rodrigo Sánchez Arrase, investigador de la UNAM en temas energéticos, considera que el empantanamiento se debe al diseño de la reforma eléctrica, que carece de dimensión social. “No es una ley participativa” se lamenta, y advierte que, de no atender los conflictos sociales, la reforma eléctrica no va a avanzar.

En Yucatán ya se formaron varias asociaciones que acusan al Estado de alentar “la invasión de sus tierras por parte de las trasnacionales” y muchos ejidatarios han bloqueado las entradas a sus terrenos y llevado sus casos a los tribunales, que deberán decidir si el derecho de las empresas eléctricas a ocupar terrenos aptos para la generación viene antes que el de la alimentación. Sucede que la Ley eléctrica, publicada en 2014, reconoce, en su artículo 71, el derecho de las empresas a ocupar ubicaciones específicas para construir centrales y parques a cambio de contraprestaciones, que no suelen ser altas. La ley no especifica qué hacer en caso de que los dueños de los terrenos no los quieran ceder. “El derecho de paso es uno de los factores que más está deteniendo la reforma”, asegura Oscar Silva, de KPMG, quien reconoce que, entre el papel y la realidad, hay una gran distancia.

Mientras se dirimen estos pendientes, Romanacci sugiere reponer todos los proyectos que se cayeron, en una siguiente subasta para no provocar estrés en los precios ni blackouts, es decir, apagones.

También le pide al regulador tener criterios más rigurosos para seleccionar proyectos viables y hacer su papel de árbitro. “El regulador debe sacar tarjeta amarilla y roja cuando sea necesario”, señala, al recalcar que la reforma es un ente vivo que se debe alimentar de forma permanente. Por lo pronto, habrá que ver si Cenace impone las multas a los ganadores de la primera subasta que han incumplido con la entrega de energía verde, en los tiempos pactados. También está por verse cuál será la posición del gobierno entrante hacia las concesiones y las subastas eléctricas.

Si bien el nuevo gobierno adelantó que va a respetar los contratos, la gran duda es si el protagonista principal del sector eléctrico mexicano va a seguir comprando electricidad de proyectos privados o si se dedicará mejor a invertir en proyectos propios.

La próxima subasta de largo plazo, a realizarse en noviembre de 2018, dará algunas pistas de lo que podrá suceder en los próximos seis años.

Forbes Staff

Fuente: FORBES

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Temas: Categorías: Negocios Titulares

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