Parece que si todo se deja las inercias o dinámicas comerciales del T-MEC, la incertidumbre podría regresar no por razones comerciales o de mercado.

Foto: Pexels/Julius Silver.
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Por Adolfo Laborde*

El resultado de las elecciones intermedias del pasado martes 6 de noviembre no solamente cambia el mapa político en los Estados Unidos, sino que marcará el destino de la agenda legislativa del presidente Donald Trump en vísperas de las elecciones presidenciales del año 2020. Una gran cantidad de análisis ya han dado cuenta de los pormenores de la elección, sin embargo y por lo menos en México, no se ha dimensionado lo que esto representa para el nuevo gobierno que entrará en funciones el 1 de diciembre de este año.

Sin dejar a un lado temas tan complejos en la agenda bilateral entre México y Estados Unidos (migración, seguridad, crimen organizado, asuntos fronterizos, agua, agenda global, etc.) me gustaría detenerme en un sector al cual, tanto el gobierno saliente como el entrante, le echaron toda la carne al asador. Me refiero al futuro del nuevo acuerdo comercial negociado entre Canadá, Estados Unidos y México, o menor conocido en nuestro país como T-MEC. Partiendo de lo que vendrá en materia política (polarización partidista) en Estados Unidos, nada garantiza que dicho acuerdo vaya a ser ratificado por la Cámara de Representantes de ese país, ahora en manos demócratas. A pesar de que el Senado está bajo el control republicano, es necesario contar con la aprobación de ambas partes para que el acuerdo alcanzado se ratifique. De hecho, independientemente que el presidente Enrique Peña Nieto se reúna con su contraparte de los Estados Unidos, en el marco de la reunión del Grupo de los 20 (G20) que se llevará a cabo a finales de noviembre en Argentina, dicha ratificación tendrá que esperar hasta que el nuevo congreso entre en funciones en enero del 2019.

En este contexto, es necesario vislumbrar dos escenarios. El primero, el más negativo, que radica en el supuesto bloqueo de toda o la mayor parte de la agenda legislativa de Trump por parte de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, incluyendo, claro, el T-MEC. En este hipotético panorama, se dará una guerra sin frontera entre republicanos y demócratas que ocasionará una parálisis legislativa. Está por demás mencionar los efectos que esto tendría para México.

En el segundo escenario, se podría dar un auténtico equilibrio de poderes en donde la negociación entre ambos partidos sea una constante. Pese a ello, tampoco nada garantiza que el acuerdo alcanzado bajo la óptica de Trump quede como está. Algunos cambios podrían darse para ajustar el Tratado a las observaciones demócratas.

Independientemente de que se cristalice cualquiera de estos dos escenarios o una mezcla de ellos, deberíamos preguntarnos cuál será el plan alternativo que la famosa triple hélice de la que tanto se habla (gobierno, iniciativa privada y universidades) tiene en nuestro país. Si bien es cierto, se “salvó” a México de una crisis derivada de la muerte del antiguo TLCAN, no hemos aprendido la lección de dejar todo a las fuerzas del mercado desde una perspectiva regional, es decir, concentrarnos sólo en América del Norte.

Sin ser pesimista, me parece que si todo se deja las inercias o dinámicas comerciales del T-MEC, la incertidumbre podría regresar no por razones comerciales o de mercado, sino por cuestiones políticas que en ocasiones se dejan a un lado en el análisis. La mala experiencia que dejó la renegociación del TLCAN bajo la presión de Trump está muy fresca. No olvidemos esto y paralelamente busquemos alternativas a la diversificación de nuestras relaciones económicas internacionales. El no hacerlo, podría poner en riesgo de nueva cuenta la seguridad económica del país.

*Doctor en Relaciones Internacionales. Profesor Investigador de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.

 

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Invitado Forbes

Fuente: FORBES

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Temas: Categorías: Negocios Titulares

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