Pasajeros en la estación de trenes Paris Saint-Lazare, en París. GETTY
Pasajeros en la estación de trenes Paris Saint-Lazare, en París. GETTY

Decía el cantautor uruguayo Quintín Cabrera que las ciudades son libros que se leen con los pies. Bruselas quiere que los jóvenes europeos se den un atracón de lectura. O lo que es lo mismo, quiere que se den un atracón de Europa pateando las calles de países vecinos. La Comisión dio más detalles este jueves sobre una nueva propuesta que aspira a convertirse en permanente: más de 15.000 jóvenes de 18 años recibirán gratuitamente un billete de tren para viajar por el continente este verano. Entre el 12 y el 26 de junio, cualquier ciudadano de la UE podrá apuntarse en el portal europeo de la juventud y optar así a ser uno de los elegidos. El único requisito para los candidatos es la edad: el día 1 de julio deben tener 18 años para poder participar. Para ello deberán inscribirse y responder un test con seis preguntas sobre cultura, geografía e historia de Europa. Fuentes comunitarias aclaran que las respuestas “son fácilmente localizables en Google”. Un jurado decidirá los ganadores y se lo notificará por correo electrónico.

Con el Brexit en marcha y los movimientos euroescépticos presentando las instituciones como un nido de burócratas guardianes de la austeridad presupuestaria y ajenos a las preocupaciones ciudadanas, la iniciativa trata de dotar de más poesía y menos tijera al relato europeo. Sus partidarios apelan a las emociones. Argumentan que es una forma de conocer otras culturas y lenguas. Y de romper tópicos. Aquello de Aldous Huxley de que viajar es descubrir que todos están equivocados sobre los otros países. Sus detractores, en cambio, estiman que en un momento donde el paro mantiene a muchos jóvenes en estado de frustrante parálisis o recorriendo aeropuertos, dedicar recursos a sufragar un viaje en tren es algo así como una frivolidad. “Mejor sería un billete de vuelta para los emigrados forzosos”, criticó la eurodiputada del PSOE Inés Ayala cuando el Interrail gratis era solo una idea por concretar.

Bruselas ve compatible luchar contra el paro juvenil con financiar un viaje por el continente. El proyecto piloto cuenta este año con un presupuesto de 12 millones de euros. Con ese dinero se comprarán los pases para que los jóvenes de 18 años suban al tren sin tener que abonar un pase de Interrail, cuyo precio oscila entre los 200 y 479 euros. Todos ellos podrán visitar entre uno y cuatro países. Y disfrutarán de un máximo de un mes de acceso gratis en las fechas que prefieran, a elegir desde julio hasta finales de septiembre.

No será obligatorio desplazarse durante los 30 días: pensando en las familias de ingresos más modestos —los seleccionados deberán correr con los gastos adicionales de alojamiento, visitas culturales y comida—. Bruselas ha establecido que la estancia puede ser inferior. La Comisión ha querido hacer el reparto equitativamente. Cada país recibirá un número de billetes equivalente a su peso demográfico. Así, España, que representa el 9% de la población europea, obtendrá, si no hay cambios de última hora, 1.364 billetes. Los jóvenes británicos también están incluidos, aunque su continuidad en próximos años dependerá del resultado de la negociación del Brexit.

El sistema de cuotas prevé trasvases de un país a otro en el improbable caso de que no se cubra la demanda en algún Estado. También busca llegar a todos los europeos. A los que vivan en lugares que no son accesibles en tren, se les pagará el billete de avión, ferry o autobús hasta llegar una estación ferroviaria donde iniciar el trayecto. Y a los discapacitados se les reembolsará cualquier gasto extra.

Las inscripciones podrán realizarse individualmente o en grupos de hasta cinco personas para ir juntos, con la única obligación de que todos deberán empezar y acabar en el mismo lugar. No hay inconveniente en que un adulto u otro amigo acompañe al elegido, si bien este sí deberá pagar su billete de tren. Una vez terminado el recorrido, los viajeros deberán compartir sus experiencias en redes sociales para amplificar el alcance de la iniciativa, con la intención de que se conviertan así en embajadores de Europa y animen a los futuros pasajeros. Aquellos que no sean seleccionados quedarán en lista de espera por si hubiera alguna cancelación, y los que sigan cumpliendo el criterio de la edad contarán con una nueva oportunidad. Lo más probable es que una nueva convocatoria con otros 15.000 billetes gratuitos se lance antes de final de año.

La idea, mucho más ambiciosa en sus inicios, partió del líder del Grupo Popular en la Eurocámara, Manfred Weber, como una vacuna contra el ascenso populista y el desapego hacia la UE. El político alemán propuso hace año y medio entregar un billete de Interrail a todos los jóvenes al cumplir 18 años. Hechos los cálculos, las cuentas no cuadraron. Dar la bienvenida a la mayoría de edad con el billete de tren a todos los europeos tiene un coste por ahora inasumible de en torno a 1.500 millones de euros anuales. Aun así, en caso de que la fórmula cuaje, se convertirá en una apuesta a largo plazo: los presupuestos europeos de 2021-2027, todavía pendientes de ser discutidos, contemplan 100 millones de euros anuales para esta partida, lo que de materializarse supondría multiplicar el número de beneficiarios.

El proyecto, bautizado Discover EU, bebe del éxito de las becas Erasmus. El intercambio de estudiantes se ha convertido en un pilar indiscutido para crear una identidad europea, con millones de alumnos asistiendo a clases en universidades de otros países comunitarios, y más de un millón de bebés nacidos de parejas formadas por sus beneficiarios en sus más de 30 años de historia. El pensador italiano Umberto Eco lo consideraba mucho más que un programa de estudios. “Ha creado la primera generación de jóvenes europeos. Es una revolución sexual: un catalán conoce a una chica de Flandes, se enamoran, se casan y se vuelven europeos, igual que sus hijos”, afirmó en una entrevista para The Guardian en 2012.

De un modo más modesto, Bruselas estima que caminar por las calles y plazas de otros países, interactuar con su gente, y observar Europa durante un mes a través de las ventanas de sus trenes, también puede forjar europeístas para toda una vida. En tiempos en que la UE genera pocas adhesiones entusiastas y es percibida por un sector de la población como un ente lejano, esa no es una recompensa baladí.

Álvaro Sánchez

Fuente: EL PAÍS

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