Los casi 1,5 millones de votos de Iztapalapa, en Ciudad de México, sirven de barómetro de la elección: “El que no gana aquí, no gana la presidencia”

Andrés Manuel López Obrador, en un mitin en Iztapalapa. Cuartoscuro
Andrés Manuel López Obrador, en un mitin en Iztapalapa. Cuartoscuro

“Estamos hasta la madre de los corruptos, si este no es el cambio, yo no sé qué chingados es”, dice a los gritos Holguín, mientras las canciones de música ranchera revientan los altavoces del lugar. Quien no sepa que el próximo 1 de julio serán las elecciones pensaría que en un par de horas habrá un concierto de rock. El escenario está listo. Las gorras cuestan 60 pesos (tres dólares) y los chalecos, 250 pesos (12 dólares). Hay también tazas, llaveros, camisetas… de todo con la imagen de López Obrador.

Los souvenirs de “Amlovsky” que se burlan de la supuesta intervención rusa en los comicios mexicanos se venden como pan caliente y un mar de banderas rojas y blancas se eleva en una demostración de fuerza y militancia. Al cabo de una hora es imposible acercarse al podio: miles y miles de asistentes se arremolinan alrededor del estrado. El “cartel” del evento también incluye a la candidata al Gobierno de la ciudad, Claudia Sheinbaum, y a la aspirante a alcaldesa, Clara Brugada. “El licenciado López Obrador ya tuvo dos actos hoy, pero sabe que este es el más importante, ¿cómo lo vamos a recibir?”, pregunta un maestro de ceremonias que lucha contra el tedio de la espera. “¡Presidente, presidente!”, contesta una multitud que quiere captarlo todo con sus teléfonos móviles.

Con una población que roza los dos millones de personas, Iztapalapa es el municipio más poblado y tiene más habitantes que nueve Estados del país. Seis de cada diez iztapalapenses son pobres: viven con tres salarios mínimos o menos al día (265 pesos, 13 dólares) y están muy por debajo de la línea de bienestar de 359 pesos diarios (17 dólares), según datos oficiales. En términos absolutos es la segunda zona de la ciudad con más denuncias ante la Fiscalía local y tiene la segunda concentración más alta de delitos de impacto en lo que va de 2018.

“Además de la inseguridad, el desempleo y los salarios bajos, tengo agua una vez por semana”, comenta Eduardo Miguel, uno de los asistentes al mitin. “¿Quieres que siga? Porque nos podemos quedar aquí un buen rato”, bromea el estudiante de 24 años, que apoya a Morena desde que la aspirante indígena Marichuy Patricio está fuera de la contienda. “Mi calle no se pavimentaba desde hace 35 años, los del PRD fueron los únicos que nos hicieron caso”, dice en cambio Violeta Reyes, de 38 años, al terminar un acto de Por México al Frente, la coalición del Partido Acción Nacional (PAN), Movimiento Ciudadano y el gobernante Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Sheinbaum 2018
Simpatizantes de Claudia Sheinbaum en Iztapalapa. Cuartoscuro

La marginación ha sido caldo de cultivo para la movilización política en Iztapalapa. Las bardas que bordean sus largas avenidas de la delegación desbordan propaganda de todos los partidos políticos: del PRI, de Morena, del Frente, del Verde, del Humanista. Desde 1997, cuando se celebraron elecciones locales por primera vez en la capital, muchos iztapalapenses entendieron que la política podía ser un remedio para las carencias.

Líderes sociales y vecinales formaron organizaciones territoriales que funcionan bajo criterios muy claros: votos por agua para sus comunidades, votos por alumbrado público, votos por puestos en la burocracia. “El que tiene más votos, puede pedir más: no tienen convicciones partidarias, solo intereses políticos, son un Frankenstein“, explica Héctor Tejera, antropólogo de la Universidad Autónoma Metropolitana. No se trata de una compra coyuntural del voto, apunta Tejera, sino de clientelas que se construyen por relaciones personales y lealtades. “Explotan las necesidades de la gente, todos los partidos vienen a ofrecerte algo”, lamenta Miriam Rodríguez, una vecina de 55 años de la colonia Guadalupe del Moral.

El arraigado clientelismo en las zonas más pobres de la ciudad supone dos problemas principales. Primero, si estás dentro, te dan y si no, no. Segundo, una relación clientelar solo puede sostenerse si se mantiene y perpetúa la pobreza. “Son prebendas, no políticas sociales”, resume Tejera. Es un juego en el que todos participan, pero también un tabú del que pocos hablan.

“No somos patrocinados por el Gobierno, venimos voluntariamente porque todo mundo sabe que el que no gana Iztapalapa, no gana la capital ni mucho menos la presidencia”, contesta Juan Carlos Rangel del grupo Unidad Democrática Republicana, que apoya al PRD y que asegura representar a 20.000 miembros. “Venimos a pie, no nos dan nada, no somos acarreados“, responde Silvestre González del grupo Perspectiva de Izquierda, que apoya a Morena y asegura tener 10.000 miembros.

Barrales 2018
Simpatizantes de Alejandra Barrales en Iztapalapa. Cuartoscuro

Gran parte de la batalla electoral se libra en las bases. La violencia política ya es recurrente en la campaña por la capital. Apenas a principios de mayo, morenistas y perredistas chocaron a insultos y empujones en un mitin en la sierra de Santa Catarina, en Iztapalapa. Los gritos, las golpizas y los reventadores son parte del léxico de todos los días en los focos rojos de la elección. “Estas estructuras clientelares y corporativas han generado un fenómeno de descomposición, inducido desde el propio Gobierno, y de lucha entre los distintos grupos”, señala Alejandro Encinas, que fue jefe de Gobierno de 2005 a 2006 y ahora es portavoz de la campaña de Sheinbaum. “Es muy probable que se presenten más hechos de violencia”, lamenta.

Además de Iztapalapa, las zonas más peleadas son Gustavo A. Madero (al norte), Coyoacán (al sur), Cuauhtémoc (al centro), Iztacalco y Venustiano Carranza (al oriente), de acuerdo con los cálculos de las dos primeras fuerzas políticas en la capital. Son 16 alcaldías: seis gobernadas por perredistas, cinco por morenistas y cinco por otras fuerzas. “Es la primera vez que habrá una contienda real y estamos tête à tête, será una elección cerrada”, admite Raúl Flores, presidente del PRD en la capital.

La Ciudad de México, que ha estado gobernada por el PRD de forma ininterrumpida desde hace más de dos décadas, podría cambiar de manos en 2018. La capital es el asiento de los poderes federales, lidera la economía nacional al producir el 17% del PIB y es el centro cultural y universitario del país. “El Gobierno de la capital es la segunda posición más importante después de la presidencia de la República”, afirma Flores.

Hay también una lucha alrededor de los simbolismos. “La Ciudad de México ha sido un bastión de Andrés Manuel y si no gana la capital, no va a ganar la presidencia”, asegura Fernando Belaunzarán, candidato del frente a una diputación federal. La misma lógica se aplica desde la otra trinchera. “El PRD está en crisis, las mafias están en una situación desesperada, no van a alcanzar los dos dígitos en la votación nacional y su caída en la capital, en su bastión, será estrepitosa”, vaticina Encinas.

Elecciones México
Un simpatizante de Morena en Iztapalapa. Cuartoscuro

Para acercarse al triunfo, las dos principales fuerzas de izquierda han recurrido a aliados poco ortodoxos. El PRD se ha acercado al conservador PAN y Morena a Encuentro Social, que aglomera el voto evangélico y ultratradicional. “El pragmatismo ha permeado las alianzas electorales de todos los partidos, unas en el ánimo de no perder los privilegios alcanzados y otros para disputar la presidencia de la República y otros cargos”, reconoce Encinas.

“Hay un gran hartazgo, la mayoría de la población quiere un cambio”, opina César Cravioto, líder morenista en el Congreso local. El perredista Miguel Ángel Mancera, que llegó al cargo como el político más votado en la historia de la ciudad, ha dejado la Jefatura de Gobierno como el mandatario peor evaluado en 20 años, según distintas encuestas de la prensa mexicana.

El PRD ha tenido que remar contracorriente por la baja aprobación de Mancera y por el efecto arrastre de López Obrador, que ha puesto a Sheinbaum en casi todas las encuestas con una clara ventaja sobre la frentista Alejandra Barrales, que aparece relegada al tercer puesto detrás del priísta Mikel Arriola según otros sondeos. Belaunzarán confía en que si Ricardo Anaya, el candidato del Frente a la presidencia, logra consolidarse como la única opción antilopezobradorista aún hay esperanzas de una remontada. “Hoy ganaría Andrés Manuel, pero viene lo mejor porque ya es un duelo entre dos y en el vis à vis Anaya va a arrasar”, asegura. Barrales, Sheinbaum y Arriola se verán las caras este 16 de mayo en el segundo debate entre candidatos al Gobierno de la ciudad.

“Vamos a ganar la capital, la presidencia, los escaños en las cámaras y podemos ganar casi todas las alcaldías, pero eso dependerá de nuestros candidatos”, revira Cravioto. A poco menos de 50 días de los comicios y con más de 100 cargos locales y federales en juego, el futuro político de la megalópolis más poblada de América Latina aún está en el aire.

Elías Camhaji

Fuente: EL PAÍS

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