Lydia Valentín, durante los pasados Europeos en los que logró su
Lydia Valentín, durante los pasados Europeos en los que logró su cuarto título. AFP

Lydia Valentín podría haber sido una base extraordinaria. Es rápida, potente, coordinada… Seguramente habría alcanzado las ligas superiores de baloncesto. También podría haber sido una gran velocista”, explica Isaac Álvarez, director de las instalaciones deportivas de Camponaraya (Ponferrada) y responsable de que ninguna de las dos cosas hayan sucedido.

La mejor halterófila mundial de 2017 (el lunes recibió el premio en Tiflis) nació con unas condiciones físicas privilegiadas para el deporte. Si sus padres no hubieran vivido puerta con puerta con Álvarez, entrenador nacional de halterofilia, quizá sus pasos se hubieran encaminado hacia el baloncesto o el atletismo, disciplinas en las que ya destacaba a los siete años.

, recuerda el técnico, que a esa edad ya barruntaba que estaba ante un proyecto de “gran campeona”. Así se lo hizo saber cuatro años más tarde, cuando, a los 11, le sugirió probar el deporte que tiempo después la haría campeona mundial y tetracampeona europea. La prueba fue un éxito. Aunque Lydia siguió practicando otras modalidades, poco a poco empezó a centrarse más y más en la halterofilia.

En su primera competición, a los 14 años, se proclamó campeona de España infantil. Por aquella época, la también berciana María José Tocino ganaba el Europeo infantil. Era la primera medalla internacional para la halterofilia berciana. Álvarez no olvida lo que le contó la madre de Lydia unos días más tarde. Su hija le había dicho que lo que ella iba a conseguir dejaría pequeña esa hazaña. El técnico supo entonces que su pupila tenía “la ambición de los campeones”. El cóctel era perfecto.

Isaac Álvarez, a la derecha del todo, junto a Lydia Valentín.
Isaac Álvarez, a la derecha del todo, junto a Lydia Valentín.

“Lydia está tocada por la vara de los dioses físicamente. Anatómicamente es perfecta, pero sus cualidades mentales también son excepcionales”, explica el entrenador, que destaca igualmente la importancia del entorno que rodeó a la deportista: una familia “ejemplar” y un pueblo con buenas instalaciones -alberga el Centro de Tecnificación de Castilla y León– y una gran vocación por la halterofilia.

Anatómicamente Lydia es perfecta: si Dios tuviera que esculpir a la halterófila perfecta esculpiría a Lydia”

Isaac Álvarez, primer entrenador de Lydia Valentín

Fue en aquel momento cuando le propuso dar un paso más. Dejar a un lado el resto de deportes para centrarse en la halterofilia y entrenar todos los días. Para entonces Lydia había superado uno de los momentos más difíciles de su vida. Su rápido crecimiento le había provocado algunos problemas en la espalda. Tuvo que llevar corsé durante un año y limitar sus ejercicios técnicos.

Los éxitos continuaron y llegó la llamada de la Federación Española y la beca para irse a Madrid con el equipo nacional. “Es a la única deportista la que que he recomendado ir a la Blume”, reconoce Álvarez. Aunque sólo tenía 16 años, estaba física y mentalmente preparada para dar el salto. Allí desarrollaría su técnica hasta llevarla a la perfección: “No se puede alcanzar mayor excelencia”, afirma su descubridor.

Lo que sucedió después ya es historia del deporte español. Una historia que Isaac Álvarez ha vivido paso a paso desde la distancia. Ha visto todas las competiciones y confía en que todavía le quedan éxitos por celebrar: “Creo que llegará a Tokio en condiciones de pelear por la medalla”.

Paco Roche

Fuente: MARCA

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