El español José Manuel Pulgar Hidalgo, en el hospital, superviviente del acci
El español José Manuel Pulgar Hidalgo, en el hospital, superviviente del accidente aéreo en Durango (México). MARIO ALBERTO CONTRERASEFE

“Estamos en situación de emergencia crítica; pónganse en posición de impacto”. Esta es la frase que escucharon el centenar de ocupantes del vuelo 2431 de Aeroméxico, que cubría la ruta Durango-Ciudad de México, que se desplomó desde el aire sin que ocasionara ninguna muerte aunque sí medio centenar de heridos de diversa consideración.

Así lo cuenta Rómulo Campuzano González, una de las 103 personas a bordo de ese avión (99 pasajeros y cuatro tripulantes) quién ha relatado que “pensé que llegaba el golpe final”, a la BBC News después de que se sintiera una sacudida y después un estruendo, como si algo hubiera tronado, mientras el vuelo se desarrollaba en medio de una fuerte lluvia.

Un viaje que empezó normal, “como cualquier otro viaje”, recuerda Campuzano. La duración del vuelo debería de haber sido de una hora y cincuenta minutos. Sin embargo, todo cambió en segundos. Las palabras del piloto fueron suficientes para que el pasaje y la tripulación adoptasen de inmediato “la posición de impacto”, la de pegar el pecho a las rodillas. “Yo lo hice y también le pedí a la pasajera que iba en el asiento de al lado que lo hiciese”, explica el hombre.

Ahí ya el avión se precipitó contra el suelo. “Sentí un golpe terrible, muy fuerte. Me dolió toda la espalda y luego, en medio segundo, rebotó tras impactar con la tierra”, dice. Las maletas salieron de los compartimentos de cabina y cayeron sobre los pasajeros, en medio de un caos total “con un ruido ensordecedor”, sigue.

El segundo impacto “ya no fue tan fuerte, pero empiezan una serie de sacudidas, como si uno fuera una canica dentro de una botella: te mueves de un lado para otro a una velocidad vertiginosa hasta que el avión se detiene”, dice el superviviente.

“Pensé que nos íbamos a morir, que estaba por llegar el golpe final. Bendito sea Dios que no fue así, estamos vivos los 103 pasajeros. Debe ser motivo de alegría y de festejo”, señala este superviviente, secretario general del Partido Acción Nacional (PAN) en Durango y que fue senador entre 2000 y 2006.

Cuando terminaron las sacudidas, la sobrecargo que estaba al frente del avión se incorporó. “Dio una orden enérgica”, recuerda Campuzano. “Que saliéramos inmediatamente y nos alejáramos. Los que pudieran correr que lo hicieran”.

Había fuego en las alas del aparato. El incendio no había llegado a la cabina auque el humo generado por el fuego sí alcanzó a algunos pasajeros. “No sé si hubo humo, a mí no me tocó pero entiendo que a otros pasajeros sí”, sigue.

Tal vez por el impacto del momento, o quizá por la energía y decisión de las dos sobrecargos, no hubo pánico entre los pasajeros, según recuerda: “Algunos gritos porque viajaban niños, vi pasar a varios”. Las sobrecargo Samantha Hernández Huerta y Brenda Zavala Gómez, cuenta, “se quedaron hasta el final, hasta que bajó el último pasajero”.

El piloto mantuvo la nave en posición horizontal que, al parecer, es o que evitó que hubiera muertos tras el fuerte impacto contra el suelo. “El avión cayó de panza y quedamos a nivel del piso. Cuando salí bajé un escalón de 30 centímetros y ya pisaba el lodo”.

La mayoría de los pasajeros salieron por la puertas del avión, aunque alguno aprovecharon las grietas de la cabina para salir por sus propios pies.

“Perdí la vista, todo estaba blanco. Por instantes podía ver pero luego no. Me dejé conducir por una persona que iba conmigo, caminamos como 60 metros donde no podría alcanzarnos una explosión”, recuerda Rómulo Campuzano. La lluvia no cesaba y quizá eso evitó que el fuego se propagase.

Diez minutos después, la tormenta amainó y entonces caminó “muy despacio” hacia por un camino aledaño a la pista. A lo lejos, a unos 300 metros estaban las turbinas del avión.

“Vi a un piloto que iba muy lastimado, con sangre en la pierna. Respiraba con más dificultad que yo, se notaba muy compungido”. Su compañero fue sacado por los bomberos, con heridas serias en su columna vertebral al recibir el impacto del desplome, según explicaron las autoridades de aeronáutica.

Un español, a bordo

El piloto, Carlos Galván Meyran, fue intervenido quirúrgicamente, y una niña, que sufre quemaduras del 25% en su cuerpo, son los heridos más graves del medio centenar registrado en el accidente de avión. Entre ellos, está el españolJosé Manuel Pulgar Hidalgo, de 42 años de edad, que había tomado ese vuelo con destino a Ciudad de México y de ahí enlazar con España, donde trabaja como minero en Hunosa, en Asturias.

“Iba todo puntual, todo correcto, apenas comenzaba a llover, no se veía un diluvio, pero luego me explicaron que se juntaron dos tormentas y hubo un viento arrachado“, narra Pulgar mientras se queja de un dolor en el costado izquierdo, informa Efe.

Recuerda que cuando el avión despegó, sintió un primer golpe muy leve, después uno más fuerte y un tercero que fue el que causó que todas las maletas se salieran de los compartimentos y que la aeronave, un Embraer 109 con 10 años de antigüedad, comenzara a “desarmarse”.

Señala que al mismo tiempo que veía que el avión ya se deslizaba sobre el terreno, comenzó a sentir calor en la espalda y después se dio cuenta de que había fuego, motivo por el cual de inmediato localizó una salida y se desabrochó el cinturón para intentar salir.

No obstante, Pulgar explicó a Efe que ya cuando estaba en la puerta del avión, “algo” le dijo que tenía que volver a por su compañera de asiento, que no podía salir por sí misma.

También ayudó a otro hombre a evacuar a su hijos y su esposa.

Pulgar llegó a Durango (México) el 26 de junio para asistir a la boda del hermano de su esposa, Fabiola Gómez Romero, una duranguense de 37 años, quien ahora “anda corre y corre” (a las prisas) para efectuar los trámites ante la aerolínea y la embajada.

El asturiano explica que viajaba solo de regreso a España porque el 1 de agosto tenía que presentarse en su trabajo, “pues las vacaciones habían terminado”.

Además de este asturiano, una veintena de personas se mantiene bajo cuidado médico por las lesiones sufridas en el accidente de este 31 de julio y el resto ha recibido ya el alta, explicaron las autoridades.

Fuente: EL MUNDO

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