Ricardo Anaya en una conferencia de prensa en Ciudad de México, este miércole...
Ricardo Anaya en una conferencia de prensa en Ciudad de México, este miércoles. EFE

En sus mítines, López Obrador suele recordar la figura de un migrante que se le acercó en San Quintín (Baja California) y, según dice, le pidió que, como hizo Benito Juárez al separar Iglesia y Estado, él sea quien separe al poder político del económico. “Se creen los dueños del país”, ha insistido en los últimos días el líder de Morena, en medio de la mayor ola de ataques entre el candidato y la élite empresarial, incluido el hombre más rico de México, Carlos Slim, después de que este rechazase de pleno las intenciones del candidato de revertir el proyecto del nuevo aeropuerto, donde el empresario tiene intereses.

La incertidumbre entre los empresarios ha ido in crescendo en la medida en que López Obrador (el candidato de Juntos Haremos Historia, un paraguas electoral en el que están Morena y el Partido del Trabajo -ambos de izquierda-, y el Partido Encuentro Social, de ultraderecha) se consolidaba en lo alto de las encuestas y Ricardo Anaya (que encabeza una coalición de partidos de centroderecha, centroizquierda y centro) tardaba en despegarse del tercero en discordia, José Antonio Meade (PRI, hoy en el Gobierno). El objetivo es llegar a junio con posibilidades de revertir los sondeos y acaparar el voto útil de quien no quiere la victoria del líder de Morena, según se desprende de conversaciones con la decena de directivos consultados, bajo condición de anonimato.

El gran perjudicado de este giro es Meade, exsecretario de Hacienda, hasta ahora el favorito para la élite empresarial. “Es predecible y eso gusta a los empresarios, que ven con preocupación muchas de las propuestas de López Obrador, poco consistentes con su visión. Pero ahora son opciones son decrecientes, y eso hace que se acerquen a Anaya”, asegura un alto directivo. “El mejor presidente habría sido Meade, por su previsibilidad, pero su candidatura lleva una losa”, añade un segundo empresario, en referencia a la impopularidad del Gobierno de Enrique Peña Nieto y del partido por el que aspira a la presidencia. “La opción de Meade es hoy muy lejana”, completa un tercero.

La estrategia de los grandes empresarios pasa por afianzar una corriente de opinión contraria a López Obrador, en la medida de que su capacidad de influir en los trabajadores no es la de épocas pasadas. “El empresariado como patrón no influye ya tanto”, admite una de las fuentes consultadas, en sintonía con asesores cercanos de Anaya. En la campaña del político conservador –la que más dinero ha gastado- desean el apoyo empresarial, aunque asumen que per se no pueden revertir una elección.

En los últimos días, los ataques de beligerancia del líder de Morena contra un ramillete de empresarios -entre ellos el primer ejecutivo de Cinépolis, Alejandro Ramírez- ha provocado la respuesta del Consejo Mexicano de Negocios, que a través de un desplegable titulado Así no ha rechazado “categóricamente” las “expresiones injuriosas y calumniosas” sobre algunos de sus miembros más destacados. La Coparmex, que reúne a 1.600 compañías, y el Consejo Coordinador Empresarial, la patronal de patronales, han mostrado, también, su apoyo al texto. En plena escalada, el Consejo Mexicano de Negocios ha recordado a López Obrador que el sector privado genera el 90% de los puestos de trabajo formales del país norteamericano. Sin embargo, una buena parte de esa cifra -casi ocho de cada 10 trabajadores- están en nómina de pequeñas y medianas empresas y no de grandes corporaciones. Y es que si algo distingue al universo empresarial del país norteamericano es su atomización: nada tiene que ver una pequeña pyme familiar con una gran compañía exportadora. Sus preferencias también son completamente opuestas.

Los grandes empresarios sienten el periodo entre el segundo y el tercer debate -20 de mayo y 12 de junio- supondrá un punto de inflexión para calibrar las oportunidades de victoria de Anaya. En caso de que no se reduzca la distancia con López Obrador, la mayoría de los consultados da por hecho que se produciría un acercamiento con el líder de Morena para tratar de acercar posturas ante una eventual triunfo. Supondría la continuación del camino recorrido hasta ahora por Alfonso Romo, empresario y artífice del proyecto de nación de López Obrador. Si bien entre la élite empresarial el rechazo sigue siendo frontal, el papel del empresario de Monterrey, en el norte del país, la zona más recelosa del candidato, ha surtido efecto entre los pequeños y medianos empresarios, según celebran desde Morena y admiten los altos directivos.

Uno de los aspectos que más confusión ha generado entre los grandes empresarios la última semana ha sido el cambio en la presidencia del PRI. El cambio de Enrique Ochoa, de perfil más técnico por René Juárez, exgobernador y más próximo a las bases, ha aumentado la incertidumbre y desconfianza entre la élite empresarial. La intención del sector más duro del PRI de impulsar la candidatura de Meade, más con vistas a salvar al tricolor de una debacle a nivel local que con la esperanza de lograr la victoria presidencial, no ha terminado de sentar bien entre los empresarios. Temen que si la disputa entre Meade y Anaya por el segundo lugar se prolonga, la distancia con López Obrador se volverá inalcanzable.

El grueso de los empresarios tienen la prudencia fiscal, el respeto a la libre iniciativa privada y la garantía de autonomía del banco central como principios rectores de sus propuestas. El equipo de López Obrador ha mostrado, tanto públicamente como en sus encuentros privados con los representantes empresariales, su apego a estos planteamientos. Pero la mayoría de empresarios capitalinos desconfía y se siente mucho más cómoda con lo escuchado de boca de Anaya y los suyos, que han prometido una línea económica ortodoxa. La única propuesta del candidato del Frente que les chirría es la puesta en marcha de una renta básica universal que, a su entender, pondría en jaque las finanzas públicas.

Desde Morena insisten en recalcar que estas opiniones solo representan a una parte muy concreta del empresariado mexicano y creen que una mayoría de ellos, sobre todo en los Estados, está con López Obrador. La estrategia de la formación de izquierdas pasa, sobre todo, por convencer a los inversores extranjeros -en su mayoría, grandes fondos de inversión-. Un foro, dicen, donde la acogida a sus promesas -sobre todo, la de la prudencia fiscal- está siendo “mucho mejor”.

“Nos mantenemos fuera de la línea de la política”

En público, ningún líder empresarial o financiero se quiere posicionar claramente. “Nos mantenemos fuera de la línea de la política. Como en elecciones anteriores, no tomaremos partido por ningún candidato”, dice Marcos Martínez, presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM), que insiste en desmarcarse de cualquier intento de cargada para beneficiar a ningún candidato. Tampoco Gustavo de Hoyos, como líder de Coparmex, se inclina por ninguna opción política. “Hemos tomado la decisión de cuidar y respetar el carácter apartidista. Estamos dialogando con todos los candidatos y los partidos, sin excepción. Y con todos hay temas en los que tenemos coincidencias y divergencias”. Únicamente Juan Pablo Castañón, del Consejo Coordinador Empresarial, ha admitido el “nerviosismo” que cunde en el gremio ante determinadas posturas de López Obrador que “atentan contra la creación de empleos”. En esa misma línea, la, por mucho, mayor aerolínea del país, ha llamado a sus empleados a reflexionar antes de emitir el voto. Sería una de las grandes perjudicadas en caso de descarrilar la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, tal como quiere López Obrador.

La mayor fuente de incertidumbre entre los empresarios es la inexistencia de un equipo económico en el Frente, más allá del ex secretario (ministro) Salomón Chertorivski. A diferencia de los otros dos contendientes con opciones de hacerse con la presidencia -López Obrador tiene a Graciela Márquez, Gerardo Esquivel, Carlos Urzúa y Alfonso Romo, entre otros; y Meade tiene a todo el equipo del que se rodeo en Hacienda, con Vanessa Rubio y Luis Madrazo al frente-, el líder de Por México al Frente no tiene un abanico de interlocutores con inversores y economistas. Varios nombres de relieve han salido a la palestra en las últimas fechas, pero, por el momento, ninguno ha cristalizado.

En los últimos días, los empresarios asociados en la Coparmex han hecho una nueva petición para que suba el salario mínimo (poco más de cuatro dólares diarios, entre los más bajos de América Latina) para que sus perceptores al menos queden alineados con la línea mínima de bienestar. Ahí la convergencia con los planteamientos del Frente también es total: Anaya, como López Obrador, se ha comprometido a elevar el suelo salarial hasta el entorno de loa 100 pesos diarios, una cifra similar a la que ha puesto encima de la mesa la organización patronal, la de corte más social de cuantas integran en Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Meade, en cambio, tanto en su etapa como secretario de Hacienda como hoy, como candidato, ha sido mucho más tibio en sus aproximaciones a una cuestión clave para miles de personas que, pese a trabajar a diario, no pueden escapar de la pobreza.

Javier Lafuente, Ignacio Fariza

Fuente: EL PAÍS

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