El marchador José Ignacio Díaz, en el CAR de León
El marchador José Ignacio Díaz, en el CAR de León

Una sala con ocho cámaras fijas 3D, ordenadores, parámetros, láser, coordenadas, imágenes digitalizadas... Podría parecer una película, una habitación de Matrix, pero es el Centro de Alto Rendimiento de León. Y los protagonistas de estos análisis no son habitantes del año 2.199 sino marchadores españoles que competirán en los Campeonatos de Europa la próxima semana.

Este servicio de biomecánica, en el que trabajan el biomecánico Juan García -que estuvo en el equipo de ciclismo del Euskaltel-Euskadi- y varios ingenieros informáticos, se ha desarrollado en los últimos cuatro años como una solución tecnológica especializada y a medida con el objetivo de dotar a deportistas y entrenadores de las herramientas necesarias para solucionar problemas, mejorar el rendimiento y evitar lesiones.

“Nos ayuda muchísimo porque nuestra disciplina es muy técnica”, asegura José Antonio Quintana, entrenador de los marchadores Diego García Carrera, Marc Tur, José Ignacio Díaz y Laura García-Caro. “Aporta información sobre parámetros que influyen en la marcha: dismetrías, pérdidas de contacto, fuerzas… Eso nos permite mejorar y evitar lesiones”.

Gracias a los marcadores reflectantes colocados por el perímetro del deportista -desde las zapatillas hasta la cabeza- y las cámaras fijas 3D, se genera una figura de tres dimensiones en el ordenador en el que se aprecia el movimiento directo del marchador, todos los segmentos y desde todos los ángulos. Además, las mallas que llevan colocados los atletas con unos sensores especiales permiten medir el grado de activación de los diversos grupos musculares. “Ahí analizamos si un atleta usa más unos músculos que otros para que la carga sea proporcionada y no haya problemas físicos”.

Un estudio bianual

El grupo de entrenamiento de Quintana lleva utilizando este servicio varios años. En principio el estudio se realiza dos veces en la temporada: primero se realiza un análisis de la marcha de cada atleta y en el segundo se anotan si los cambios llevados a cabo han dado resultados. “Marchar es un gesto mecanizado que cuesta variar”, asegura el técnico. “Pero sabemos que modificando determinados parámetros el atleta mejora y eso genera confianza, puedes arriesgar en determinados ritmos con mayor seguridad”.

Un ejemplo concreto es el de Marc Tur, que sufría numerosas descalificaciones sin que el ojo humano apreciara el porqué de su marchar antirreglamentario. El estudio biomecánico concluyó que al entrar con la pierna flexionaba en torno a 5 grados y mejorando ese ángulo -hasta 4 grados- evitaba el peligro de la descalificación. “Para el atleta supuso un antes y un después”, explica Daniel Mateos, director del CAR de León. “Ganó en confianza y eso también afecta al rendimiento”.

Por último, un láser en el tapiz cuantifica el tiempo que el marchador pierde el contacto con el suelo, si es que esta pérdida existe, con una altísima fiabilidad, al tener en cuenta distintos parámetros, como el grosor de la zapatilla. “Depende de la frecuencia, pero el marchador puede realizar 200 apoyos por minuto, cien con cada pierna”, apunta Quintana.”Cuanta más información tengamos sobre su forma de marchar más podemos acercarnos a la perfección técnica que nos lleve a marchar lo más rápido posible dentro del reglamento”.

Tanto García Carrera como Tur, José Ignacio Díaz y Laura García-Caro competirán en los Europeos de Berlín con distintos objetivos, entre ellos el podio, pero con la premisa de mejorar sus marcas. En ese intento pesarán los entrenamientos, los cuidados médicos, la alimentación, el descanso… y la biomecánica de Matrix aplicada al deporte. Bienvenidos al futuro.

Fuente: MARCA

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