Las sustancias prohibidas más usadas en el deporte

Lance Armstrong. Ben Johnson. Marion Jones. Tyson Gay. Floyd Landis. Barry Bonds. Alberto Contador. María Sharapova. Casos tan diversos, con mayor o menos grado de culpabilidad, que comparten un factor en común: todos arrojaron positivo en sus exámenes anti-dopaje y su carrera entró en un marasmo tras las revelaciones; en algunos casos, incluso terminaron. El doping, la trampa encubierta, la fachada de una ilusión, la manipulación de la realidad, de los resultados, la rotura del juego limpio y de los prinicipios más puros del deporte. 

El doping, siempre un rival al que tienen que hacer frente los organismos deportivos internacionales desde la proliferación de los primeros casos detectables en los años 80, adquirió un brutal cariz político a raíz del caso-Rusia: la trama de dopaje presuntamente patrocinada por el Estado regentado por Vladimir Putin para encubrir, mediante sus servicios de seguridad, las triquiñuelas de los deportistas locales durante los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi (2014). Las revelaciones del Informe McLaren, encargado por la Agencia Mundial Anti-dopaje (WADA, por sus siglas en inglés) causaron un terremoto en el mundo del deporte y endurecieron los controles alrededor del mundo. Cambió el status-quo. Las suspicacias aumentaron, los métodos se reformaron, los frascos Berliner (manipulados en los centros anti-dopaje en Sochi, según el Informe McLaren) mejoraron su inviolabilidad; durante los Juegos Olímpicos de PyeongChang, el proceso de transporte de las muestras incluyó a la policía y a los servicios de seguridad del país anfitrión. El doping ya es más que ‘trampa’; es geopolítica.

Las sustancias más utilizadas

La lista de la Agencia Mundial Anti-dopaje de sustancias prohibidas – suscrita por las federaciones deportivas internacionales (FIFA, IAAF, COI) y hasta por la UNESCO – divide a los agentes en tres grandes categorías: sustancias y métodos prohibidos siempre; sustancias y métodos prohibidos en competición y sustancias prohibidas en algunos deportes. El primer apartado, a su vez, reparte los componentes en seis subdivisiones (S0-S5): no aprobadas; agentes anabolizantes; hormonas peptídicas, factores de crecimiento, sustancias afines y miméticos; agonistas Beta-2; moduladores hormonales y metabólicos; y diuréticos y agentes enmascarantes. Los métodos prohibidos son manipulación de sangre (M1), manipulación química y física (M2), y dopaje genético. Las sustancias prohibidas en competición son estimulantes (S6), narcóticos (S7), canabinoides (S8), glucocorticoides (S9). La última actualización (enero 2018) incluye elementos como cortisona, metadona, estanozolol y otras 97 añadidas.

Según un estudio de la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo), basado en una base de datos publicada en 2016 y citado por el diario El Mundo, 55 son las sustancias ilegales detectadas en los atletas que actualmente se encuentran suspendidos. La más utilizada es el estanozolol (con 42 casos), seguido de la norandrosterona (33) y el EPO (24). Las primeras dos son esteroides que aumentan la masa y fuerza muscular. El EPO, muy utilizado en las pruebas ciclistas, incrementa la resistencia y la capacidad respiratoria del deportista al ser una sustancia productora de glóbulos rojos y, por ende, éste adquiere un mayor espesor en su sangre.

Por debajo de las tres sustancias mencionadas están, en orden de casos detectados, dehdrochlormethyltestosterona, metandienona, metenolona y el célebre clembuterol, cuyos casos en Alberto Contador, la Selección Mexicana de Fútbol y Saúl ‘Canelo’ Álvarez han adquirido notoriedad mediática; las cuatro son también esteroides, al igual que el estanozolol y la norandrosterona. Con menor índice de uso pero también notorios, la Agencia Mundial Anti-dopaje enumera a estimulantes como las anfetaminas y la efedrina, y las hormonas peptídicas (análogas a las fabricadas por el cuerpo humano) como la corticotropina y la hormona de crecimiento.

Eduardo López

Fuente: AS

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