Mariano Rajoy abraza a su sucesor como presidente del PP, Pablo Casado
Mariano Rajoy abraza a su sucesor como presidente del PP, Pablo Casado ZipiEFE

Los cambios drásticos que se han producido en la política española han alcanzado también al PP. Pablo Casado fue elegido este sábado nuevo presidente del principal partido de centro derecha. El candidato más joven, la apuesta más arriesgada, quien superó la primera vuelta sólo con el respaldo de cuadros intermedios y cargos locales, ha ganado en la segunda con el voto de los compromisarios. Entre una fase y otra Casado ha modificado su discurso. En la primera se presentó como el aspirante de las bases, la personificación de un cambio real en el PP. En la segunda endureció su discurso para exhibir una derecha sin complejos y buscó el apoyo de los afines a María Dolores de Cospedal. Ella y Alberto Núñez Feijóo le facilitaron la victoria.

Con 1.701 votos a favor (57,2%) frente a 1.250 (42%), Casado venció a Soraya Sáenz de Santamaría quien, en principio, contaba con un poder territorial más potente y era percibida como mejor cartel electoral por los votantes del PP. Pero lo que el congreso ha resuelto, entre muchas otras cosas, es que la militancia popular se sitúa más a la derecha que su posible electorado.

Casado ganó con un discurso muy en la línea de su campaña: ilusión, renovación, principios y valores, unidad de España y derecho a la vida y a la familia. Después de la intervención de Sáenz de Santamaría, centrada en defender su idoneidad como candidata a la Presidencia del Gobierno y la diversidad del partido, él fue más emocional. Apeló al “orgullo de ser del PP” y a “las señas de identidad de siempre” para liderar un “proyecto de unidad, de integración, generacional pero también real, de unidad ideológica, que represente a todo lo que haya a la derecha del PSOE”.

Tras casi 7 años sin que el partido mencionara estos asuntos, el nuevo presidente aseguró que el PP es “el partido de la vida y de la familia, sin complejos, que eso no es de derechas ni de izquierdas”. “No hay nada más progresista que defender la vida, la capacidad de las familias para tener hijos”. Casado anunció que se opondrá a la ley de la eutanasia de Pedro Sánchez. Esto no es religión, afirmó. “¿Es que defender la familia es de derechas? ¿Es que es dogmático que los padres puedan elegir el colegio de sus hijos?”.

Los aplausos a su discurso hicieron presagiar al PP su inmediata victoria. Pero este sábado la formación no sólo resolvió la dirección de un nuevo liderazgo. Sobre todo ajustó cuentas pendientes. Muchas. La de una organización que se ha sentido desconectada de la política que ha hecho su Gobierno. Y las de una serie de líderes del PP que, por diferentes circunstancias, se han vengado de Sáenz de Santamaría. El mayor damnificado de todas estas reacciones en cadena es Mariano Rajoy. Por varias motivos.

Casado hizo una campaña muy dura en la que criticó la gestión que la ex vicepresidenta hizo en Cataluña, que ha acabado erosionando su relación con Rajoy. El presidente no ha entendido que este trabajo, cuyo responsable final era él, se haya puesto públicamente en cuestión. El viernes en su despedida volvió a reivindicar la labor desarrollada frente al independentismo. “Se hizo bien, como reflejan los hechos”, mantuvo.

La victoria de Casado constata el malestar del partido con la actuación del Gobierno ante el desafío independentista. Este sentimiento viene de lejos. En las filas populares no se acabó de entender la prudencia del presidente para aplicar el artículo 155 y, menos aún, la decisión de convocar elecciones de manera inmediata. Rajoy ha tratado de explicarlo. Desde las causas internas hasta las externas: la incomprensión de la UE ante la intervención de una autonomía. Pero nada ha podido atajarlo.

Santamaría y Rajoy tampoco han podido contener la marejada que se generado en el partido desde hace años contra un Gobierno que los dirigentes territoriales han considerado distante y alejado de la sociedad. Al margen de la calle y también del PP. Las diferencias entre el partido y el Ejecutivo, la descoordinación, la falta de iniciativa del Gobierno o la hegemonía de los técnicos componen el relato de los últimos años de la organización. Este sábado el PP se cobró su revancha.

Esta pulsión interna era una de las cuestiones que el equipo de Casado consideraba que podía ayudar a ganar el Congreso. Ésta y el apoyo de Sáenz de Santamaría o de María Dolores de Cospedal en segunda vuelta. En su diseño inicial de asalto a Génova, Casado preveía superar la primera vuelta y contar con los votos de cualquiera de ellas en la segunda. Finalmente, fue la ex secretaria general de Cospedal quien no pasó el corte y se volcó con el candidato. Sus compromisarios han sido decisivos para su triunfo.

En contra de la visión que se manifestó en los primeros días, cuando los apoyos territoriales salieron a pedir una lista de integración, los compromisarios de Cospedal han respaldado en bloque a Casado. Aragón, Extremadura, parte de Andalucía y Galicia se han mantenido leales a la ex secretaria general.

Con ello se cobra el triunfo que no obtuvo en la primera vuelta frente a Santamaría, su eterna enemiga. El desenlace del congreso que el PP cerró este sábado no puede explicarse sin el odio personal que entre muchos dirigentes concita la ex vicepresidenta. Un odio amasado estos años y que ha unido contra ella a líderes tan distintos como Cospedal y sus ministros (Rafael Catalá, Juan Ignacio Zoido, Dolors Montserrat e Isabel García Tejerina), José Manuel García Margallo, Ana Pastor o Alberto Núñez Feijóo. Hasta José Manuel Soria ha regresado de su exilio en la actividad privada para buscar votos contra ella.

El frente anti-Soraya ha funcionado a la perfección. El 57% de apoyo es la suma de lo que todos los candidatos consiguieron en la primera vuelta. Ahora queda la duda de si la ex vicepresidenta debería haber sumado a algunos de sus contrincantes como hizo Casado.

El equipo de Santamaría estaba este sábado absolutamente noqueado por la inesperada derrota. Siempre mantuvieron que las cifras que les debían otorgar el triunfo eran correctas. Pero en los últimos días se instaló la sensación de que todo estaba abierto y que se iba a resolver en el congreso. Y esto fue lo que finalmente sucedió. Los discursos de los candidatos, según distintas fuentes consultadas, fueron definitivos. Aunque la candidatura de Casado ha ido amarrando apoyos territoriales en la última semana que han sido definitivos y que ha mantenido ocultos.

Fuentes de la lista de Santamaría aseguran sentirse absolutamente “desconcertados” y no llegan a “comprender los motivos”. Admiten que hay gente que les ha dicho que ha sido por el discurso de la ex vicepresidenta. La impresión en las filas del PP es que pecó de “soberbia” y que se equivocó con “la escenificación”. Sobre la intervención de Casado hay controversia. Ideológicamente se percibe como una regresión, pero se admite que generó ilusión. Y el PP nuevo es el de la ilusión.

MARISOL HERNÁNDEZ, MARISA CRUZ

Fuente: EL MUNDO

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