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La madre de uno de los niños sostiene una foto en la que aparecen su hijo y el entrenador de fútbol. L.S.AFP

Entre las cartas que el pasado viernes hicieron llegar los 12 menores del equipo de fútbol “Jabalíes salvajes” atrapados en una cueva de Tailandia a sus padres, también había una del entrenador del conjunto, Ekapol Chantawong, para todos ellos. “Los chicos están bien. Os prometo que yo también los cuidaré lo mejor que pueda. Gracias por vuestro apoyo, os pido sinceramente disculpas a todos vosotros”, les decía este joven de 25 años al que todos apodan ‘Aek’.

Para sorpresa de muchos, los progenitores de los muchachos le respondieron sin mostrar ni un ápice de rencor. Al contrario, le pedían que no se culpara por lo sucedido y le agradecían que velara por sus hijos. “Entrenador, gracias por cuidar de nuestros muchachos y ayudarles a estar a salvo en la oscuridad”, le escribió uno. “Ninguno de los padres está enfadado contigo, no te culpes en absoluto”, le pidió la madre de otro.

Estas palabras son una muestra más del cambio gradual en la percepción sobre la figura del monitor y su actuación que se ha registrado desde que comenzó esta historia. Tildado en un principio de irresponsable o imprudente por haber conducido (supuestamente, ya que no hay una versión oficial de los hechos) a los chicos hasta el lugar donde quedaron atrapados por las lluvias, su actuación durante los días de encierro le ha ido granjeando el favor de la población, que consideran que se ha comportado como un héroe y ha contribuido a que todos los pequeños hayan podido superar este trance con vida.

“El entrenador les aconsejó estar tumbados y que no se movieran demasiado para tratar de ahorrar energías”, explicó a los medios locales el teniente general Werachon Sukondhapatipak. “Además, les mostró cómo beber agua limpia que se filtraba desde las estalactitas y les cedió la poca comida que tenían, sin ingerir nada durante los primeros nueve días (hasta que los encontraron)”, algo que lo dejó muy debilitado, añadió.

Después de que sus padres murieran cuando aún era un niño, ‘Aek’ ingresó en un monasterio de la provincia norteña de Lum Phun (Tailandia), una opción recurrente en la región para aquellos huérfanos que carecen de recursos. Allí fue ordenado monje y permaneció alrededor de una década, saliendo de vez en cuando para visitar a su abuela. En aquella época, dos de sus tareas eran cuidar de los novicios más jóvenes y meditar, dos actividades que se revelaron cruciales estos últimos días. “En la cueva, enseñó a los niños a meditar, lo que les ayudó a mantener la calma y a no perder la esperanza. Les ayudó a a salvar sus vidas”, añadió el uniformado.

Según sus familiares y amigos de Mae Sai, el pueblo al que regresó tras dejar el monasterio para cuidar de su abuela, ‘Aek’ es un enamorado del las actividades al aire libre y del deporte, por lo que aceptó con gusto entrenar al equipo junior de los “Jabalíes salvajes” hace tres años.

Sus propios pupilos lo califican de paciente y generoso. “El entrenador siempre piensa en los demás antes que en sí mismo”, relataba a los periodistas presentes en la zona Songpol Kanthawong, de 13 años, uno de los integrantes del equipo que, por fortuna para él, no fue a visitar la cueva de Tham Luang con sus compañeros.

No era extraño que ‘Aek’ saliera de excursión con sus pupilos. “Siempre nos llevaba en bicicleta a las montañas, y esta no era la primera vez que nuestro equipo entraba en esa cueva”, relató Chatthahan Saklakul, otro de sus jugadores, a ‘The Guardian’.

Sobre lo que sucedió en esta ocasión, se especula sobre si entraron en la gruta para protegerse de la lluvia o si fue idea del monitor explorar la cueva para así celebrar el cumpleaños de uno de los integrantes del equipo, momento en el que se vieron sorprendidos por las precipitaciones y quedaron incomunicados. Ahora, mientras ‘Aek’ se recupera en el hospital junto a sus pupilos de estos 17 días bajo tierra, las autoridades deberán determinar su responsabilidad en lo sucedido y si su actuación merece o no ser castigada, algo sobre lo que aún no han querido pronunciarse. “Estudiaremos el caso”, respondió sobre el tema el jefe de la policía de Mae Sai al ser preguntado.

ISMAEL ARANA

Fuente: EL MUNDO

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