El avión accidentado en Durango, México. AFP
El avión accidentado en Durango, México. AFP

José Manuel Pulgar se recupera de las heridas en el hospital, tras haber ayudado a evacuar el avión en llamas que se desplomó en el centro de México.

“Ya estamos más tranquilos, al principio fue todo un caos, pero está bien y no tardará en volver a España”, asegura Adriano, hermano de José Manuel, en declaraciones exclusivas a EL MUNDO. Los dos hermanos han compartido unos breves minutos al teléfono en los que José Manuel ha aprovechado para compartir su versión de los hechos, tras haber sobrevivido a un accidente aéreo que, por el momento, no ha dejado víctimas mortales. Y el mérito de que este milagro haya sucedido es, en buena parte, gracias al coraje y el buen hacer de este asturiano de 43 años.

José Manuel se despidió el martes por la tarde de su mujer, de nacionalidad mexicana, y de sus dos hijos, para embarcarse en un largo viaje que, tras varias escalas, terminaría en su natal Pola Lena (Asturias). El primero de los trayectos era breve, apenas una hora y media para conectar Durango y la capital azteca, con el vuelo 2431 de Aeroméxico. Las condiciones meteorológicas eran adversas, aunque como confiesa Adriano, su hermano no se preocupó entonces: “Como habían dado el visto bueno, no se preocupó. Fue al coger altura cuando se dio cuenta que el avión intentaba volver a aterrizar. Eso le pareció raro, pero todo lo que vino después fue tan rápido que apenas le dio tiempo a procesarlo. Dice que fue cuestión de segundos, cuando quisieron enterarse, ya sintieron un golpe enorme en los laterales”.

Las noticias sobre el accidente llegaron con cuentagotas y lo único que se supo por algunas horas, es que ese avión de Aeroméxico había aparecido fracturado y envuelto en llamas en un terreno baldío cercano al aeropuerto. Lo que ocurrió entonces, lo ha descrito así José Manuel a sus familiares: “Tras el golpe y a pesar de que llevábamos el cinturón, la sensación era como estar en un coche dando vueltas de campana. Todos dando tumbos como muñecos hasta que el aparato se paró. En ese momento había mucho caos: gente atrapada en los asientos por cinturones que no se abrían mientras crecía el fuego en la parte de atrás del avión”. Afortunadamente José Manuel no fue uno de ellos y pudo reaccionar rápido para ayudar a los que continuaban atrapados, “recuerda mucho tratar de calmar a una pareja adulta que estaba bloqueada mentalmente y que no querían bajar,”, asegura Adriano.

Tras unos minutos de caótica evacuación, ya en tierra, José Manuel escuchó unas voces desesperadas que venían desde el interior del avión en llamas. Sin pensárselo dos veces entró, con otro chico mexicano, y encontraron atrapado en la cabina al piloto Carlos Galván. “Cuenta mi hermano que ese fue el momento que más le impactó. El piloto gritaba mucho, estaba atrapado y parecía tener las piernas rotas. Entre los dos se apresuraron a sacarlo antes de que las llamas terminaran de extenderse por el avión”.

Un día después de lo ocurrido, José Manuel sigue hospitalizado con intensos dolores en su cuerpo: “Tiene muchas magulladuras, le duele el cuello y la espalda y cree que tiene una costilla rota. Está esperando los resultados, pero por los dolores, parece que es eso”. No obstante, este asturiano no tardará mucho en volver a casa: “En cuanto le den el alta vendrá porque tiene que incorporarse al trabajo. Sus niños de momento se quedarán con su madre en México el resto de las vacaciones de verano”, comenta Adriano.

Poca gente se atrevería a coger un avión poco después de haber tenido una experiencia como ésta, pero este asturiano está hecho de otra pasta, como confiesa su hermano Adriano: “Es una persona muy deportista, practicaba parapente, así que está más que acostumbrado a estos sustos. No cree que vaya a tener miedo a volar, de momento está muy tranquilo y recuperándose”.

José Manuel nunca olvidará esta dura experiencia, pero probablemente muchos de los pasajeros a los que ayudó a salir del avión, tampoco olvidarán a este asturiano, que pensó en los otros antes que en sí mismo, en un momento de máxima tensión y peligro.

PABLO SÁNCHEZ OLMOS

Fuente: EL MUNDO

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